Perdonen nuestros placeres(Sandra Russo)
![]() http://www.clarin.com/suplementos/libros/2006/03/10/l-01195013.htm Título Perdonen nuestros placeres(adelanto de libro) |
| Autor Sandra Russo |
| Editorial V&R |
| ISBN 987-9201-62-2 |
| Clasificación Prosa poética |
| Páginas 64 |
| Formato Libros |
| Publicación abril de 2006 |
| Idioma Español ---------------------------------------------------------------------- Con una prosa estupenda, la prestigiosa periodista y escritora argentina recorre esos instantes preciosos de los que toda mujer es cómplice: el baño de espuma, una copa de vino, el pan crocante y tibio, el chocolate a la noche... Pequeños placeres cotidianos para no pedir perdón. Perdonen nuestros placeres es uno de esos libros-regalo más original para cualquier mujer porque todas, en algún punto, se sentirán identificadas. SANDRA RUSSO,Es periodista y escritora, editora de Cultura y Espectáculos del diario Página/12 y columnista de la mañana de Radio Mitre. Trabajó para Cosmopolitan TV y fue columnista de la revista Humor. ++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++ 6 7 La copa de vino Cerramos la puerta tras nosotras:estamos en casa. Quedaron afuera las pequeñas batallas del trabajo:entretejidos de miradas, tonos de voz, desaires,desajustes,destellos y triunfos nimios, tan nimios que no vale la pena brindar por ellos. No brindaremos,pero nos servimos una copa de vino. La copa tiene voz propia. Pide una pincelada de borgoña. El vino cae en ella como nosotras desearíamos caer,sueltas y decididas,en los brazos de alguien. Derramadas,abandonadas,desarmadas. La miramos antes de acercarla a la boca. Esa visión ya es parte del disfrute. Esta es la copa de vino que comparto conmigo, nos decimos en esa ceremonia que nos contiene como la copa al vino. Y bebemos despacio,buscando en ese sorbo la pizca de deleite que el día nos ha retaceado. Nada demasiado grave ni agudo habrá de sucedernos. Simplemente queremos descansar,sentir en la humedad de los huesos un poco de calor,aflojar nuestros nudos,los antiguos y los presentidos. Queremos que el cuerpo se nos aligere y que la mente se aplaque. Tal vez también queremos recordar.Algo bueno.Algo bello. Bebemos nuestra copa de vino,solas,calladas,descalzas, tiradas en el sofá,mientras afuera las luces de las otras casas se van encendiendo y apagando. 8 9 Las sábanas limpias Es lunes, maldito lunes. El día cuyo único mérito es haberse sobrepuesto al domingo. Es lunes y es de noche. Podemos aflojarnos. Haber empezado la semana es mucho menos temible que estar por empezarla. Ya estamos en carrera. Desde mañana será cuestión de abandonarnos a la inercia que hace pasar los días como si fueran cuadros de una película que protagonizamos pero cuyo argumento escribe otro. Estamos cansadas. Nos vamos a la cama. Casi todo es mecánico los lunes.Vestirnos, decir buen día, ocuparnos, desocuparnos, volver a casa, desvestirnos. Pero entonces, cuando nos acostamos, las piernas se nos deslizan dóciles por las sábanas, descubriendo por ellas mismas el bienestar del roce. El cuerpo encuentra su nido fresco y con perfume a limpio. Los lunes nos reservan ese premio inesperado, tan pequeño que si no estamos atentas puede ir a parar a la basura a la que arrojamos todo lo que nos pasa inadvertido. Las sábanas limpias están allí para decirnos, en su lenguaje de algodón, que somos crisálidas. Es un bautismo laico y mudo que recibe nuestro cuerpo y nos introduce a la religión de las que saben dejarse acariciar. 11 El pan crocante Hay que ir por él.Hay que salir a buscarlo. Cada una de nosotras sabe dónde. No se trata de pan a secas –esta vez que no intervengan ni el freezer ni el microondas– sino de pan crocante, de pan tibio,de ese pan que se huele desde lejos,que exuda ese calor que es un llamado. Tal vez no lo hagamos muy a menudo, porque todas sabemos:el pan nos ha sido expropiado a las mujeres como tantas otras cosas milagrosas. El pan engorda. Es una máxima femenina y forzada. Una letanía mental que nos repetimos sin siquiera apelar a pensamientos. No, pan no, no, no gracias. Galletitas. Si son sin sal, mejor. Así es la vida cotidiana y así es como hemos aprendido a domesticar nuestros angostos paladares. Pero acaso sea precisamente porque el pan forma parte de nuestros placeres recortados que sabemos perfectamente dónde queda ese lugar pequeño o grande, célebre o todavía no descubierto en el que venden el mejor pan del mundo, la hogaza celestial que yace en el estante llamándonos con su perfume a levadura y su vestido de oro. Y a veces mandamos al demonio las dietas y las restricciones, y –casi siempre una mañana, casi siempre temprano, aún medio dormidas, empapadas de sueño y de ese antojo– decidimos ir por él. Pareciera, esas veces, que no es la boca la que pide pan, sino el carácter. Nuestro carácter pide un desayuno cierto, concreto, soberano. En la panadería, lo miramos. Es él. Redondo para ser cortado en rebanadas blandas que nos envíen a un campo de girasoles, o alargado para ser abierto en mitades parisinas que nos hagan viajar mientras él cruje. Lo elegimos, lo pagamos, lo llevamos como a un niño, entre los brazos, sentimos el imperio de su consistencia. Y ya en casa, lo probamos. Con la más dulce de las jaleas o el más digno de los quesos, mordemos su corteza, accedemos a su corazón. Lo blando y lo crocante nos es dado. 14 15 Ya no duele Es una fiesta sorpresa que nos damos a nosotras mismas. A las heridas amorosas que se curan, que ya no duelen, que se cierran, hay que tomarlas así: con reverencia. Sucede un día, después de andar penando quién sabe cómo y cuánto. Nos habíamos quedado lastimadas, como frutas que alguien muerde y después decide no comer. Como flores arrancadas de su tallo, como cuentas de un collar desenhebrado. Y sucede de improviso –quizá porque pasó el tiempo, quizá porque somos sabias – que pensamos en él o que lo vemos,y es... un hombre,un hombre a secas,un hombre que ya no nos conmueve. Lo comprendemos con la mente,pero también con el corazón y necesariamente con las uñas,y las palmas de las manos y las rodillas y la piel del vientre:hay cicatriz allí donde antes hubo herida. Capítulo cerrado. Libro leído. Lección aprendida. Flor en su tallo. Fruta intacta. No hay rencor:hay futuro. 42 43 Los zapatos nuevos Sabemos exactamente cuándo nació este romance. Ese día no teníamos pensado comprarnos nada. Pero los vimos expuestos, los estudiamos cuidadosamente, nos dejamos envolver por la atracción que nos hizo entrar, preguntar el precio, escandalizarnos, mirarlos de nuevo, y pedirle al empleado que nos dejara probarlos. Los probamos como a un helado. Como a algo voluble, sabroso, intenso. Dimos unos pasos, nos miramos los pies en el espejo. Y nada, nada pudo ya hacernos volver atrás. Eran nuestros desde antes de que lo fueran. Éramos Cenicienta en ellos. Éramos fatales, elegantes o aniñadas. Éramos exactamente lo que queríamos ser. Una mujer plantada como un árbol en flor, y en sus zapatos. ![]() |

