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Quiero que conozcas a mi media naranja

Escrito por novoyatirarlatoalla 25-04-2007 en General. Comentarios (0)
Hace unos dias conocí un blog al que me costó mucho entrar pero me alegra
haber insistido en el intento....os pongo algo que me arrancó la sonrisa pero si entrais,
ir al menú de los atrasados y encontrareis cosas divertidas.....tiene el nombre de
NUBEDEPEDOS que es una frase argentina que es algo así como estar todo el día
soñando rarezas sin ver la realidad...embobado que decimos en España...
http://nubedepedos.blogspot.com/2004_05_01_archive.html
QUIERO QUE CONOZCAS A MI MEDIA NARANJA







El ecologista escéptico,por Bjorn Lomborg

Escrito por novoyatirarlatoalla 25-04-2007 en General. Comentarios (0)




Capítulo 1 del libro
EL ECOLOGISTA ESCEPTICO

por Bjorn Lomborg


¿Cuál es el verdadero estado actual del mundo?

Los más optimistas proclaman para un futuro cercano el mejor de los mundos posibles, mientras que los pesimistas ven un mundo en declive y sitúan el día del Juicio Final a la vuelta de la esquina. El hecho de fijar el estado del mundo adquiere gran importancia, debido a que define los problemas de la humanidad y nos muestra dónde son más necesarias nuestras actuaciones. Al mismo tiempo, se trata de una evaluación a nuestra civilización: ¿hemos utilizado correctamente nuestros medios?, ¿es este el mundo que deseamos dejar como herencia a nuestros hijos?

Este libro es el trabajo de un ecologista escéptico. Ecologista, porque yo – igual que muchos otros – me dedico a cuidar de nuestra Tierra y de la salud y el bienestar futuros de las generaciones venideras. Escéptico, porque intento que no actuemos simplemente basándonos en los mitos optimistas o pesimistas. Lo que en realidad necesitamos es utilizar la mejor información disponible, para que todos participemos en el objetivo común de crear un mañana mejor.

Por ello, este libro intenta medir el estado real del mundo. Evidentemente, es imposible escribir un libro (o infinidad de libros sobre la materia) que mida el estado total del mundo. Tampoco es esta mi intención. Lo que yo pretendo es calibrar las características más importantes de nuestro estado del mundo –los fundamentos–. Y esto no se puede basar en mitos, sino en los hechos de que disponemos. Es decir, el estado real del mundo.

LA LETANíA

El subtítulo de esta obra es un juego de palabras extraído del libro más famoso sobre medio ambiente, El estado del mundo. Publicado anualmente desde 1984 por el Instituto Worldwatch y por su cabeza visible, Lester Brown [1], ha vendido más de un millón de ejemplares. Estas ediciones anuales tratan de identificar, de forma veraz y profesional, los retos más importantes a los que se enfrenta el mundo. Lamentablemente, como iremos comprobando más adelante, rara vez se consigue estar a la altura de sus objetivos. No obstante, El estado del mundo es una de las publicaciones sobre política medioambiental con un mejor nivel de investigación y académicamente más ambiciosas, lo que le otorga un papel importante en el debate sobre el Estado del Mundo [2].

A un nivel superior, este libro pone a prueba nuestro conocimiento general del entorno: la Letanía sobre nuestro medio ambiente en permanente deterioro. Este es un punto de vista sobre el medio ambiente formado a partir de las imágenes y los mensajes que aparecen a diario en televisión, en los periódicos, en declaraciones de los políticos e incluso en las charlas informales en el trabajo o en la mesa de la cocina. Este es el motivo por el que la revista Time publicó un artículo en el año 2000 dando a entender claramente que "todo el mundo conoce el lamentable estado actual de nuestro planeta" [3].

Esta Letanía se les ha inculcado incluso a los niños, como muestra la publicación Young Oxford Books de la Universidad de Oxford: "El equilibrio de la naturaleza es delicado y esencial para la vida. Los humanos hemos roto ese equilibrio, eliminando de la Tierra su cubierta verde, contaminando el aire y envenenando los mares" [4].

La revista Time, en otro de sus artículos, reincide en el tema diciendo que "la Tierra lleva más de cuarenta años enviando señales de auxilio", pero mientras nosotros "nos dedicamos a celebrar infinidad de Días de la Tierra… el deterioro de los ecosistemas terrestres continúa incesantemente" [5]. El ejemplar de abril de 2001 del suplemento Medioambiente Global de la revista New Scientist advierte sobre la inminente "catástrofe" y cómo corremos el riesgo de "arrastrar a la humanidad al vertedero de la historia de la evolución". Este impacto se resume perfectamente en el titular del artículo "Autodestrucción":

Los humanos estamos siendo tan delicados como el asteroide que aniquiló a los dinosaurios… El daño que producimos aumenta cada día. En los próximos veinte años, la población se incrementará en 1.500 millones de personas. Esta población necesitará comida, agua y electricidad, pero mientras, nuestro suelo va desapareciendo, los recurso pesqueros se agotan, los pozos se secan y el consumo de carburantes fósiles pone en peligro la vida de millones de personas. Estamos al borde de un cataclismo.[6]
Esta forma de entender el medio ambiente es la que impera actualmente. Todos estamos, en mayor o menor medida, familiarizados con la Letanía [7]:
El medio ambiente terrestre está en un estado lamentable[8]. Nuestros recursos se agotan. La población no para de crecer, reduciendo al tiempo la cantidad de alimento disponible. El aire y el agua están cada vez más contaminados. Los seres vivos que pueblan el planeta se extinguen por millares – estamos eliminando a más de cuarenta mil especies al año. Los bosques desaparecen, los recursos pesqueros disminuyen drásticamente y los arrecifes de coral se están muriendo.

Estamos devastando nuestro planeta: el suelo fértil desaparece, el asfalto y el hormigón cubren la naturaleza destruyendo la vida salvaje, modificando el clima de la biosfera y, en un futuro, acabando con nuestra propia existencia durante este proceso. El ecosistema de la Tierra se está destruyendo. Nos acercamos a gran velocidad al límite absoluto de viabilidad, al tiempo que el techo de crecimiento está cada vez más cerca. [9]

Conocemos esta Letanía y la escuchamos tan a menudo que volver a contarla resulta casi tranquilizador. Tan sólo hay un problema: ninguno de estos vaticinios se apoya en datos reales.
LAS COSAS VAN "MEJOR", PERO NO NECESARIAMENTE "BIEN"

Mi propósito a lo largo de este libro será describir las principales áreas implicadas en los desafíos, los problemas y la capacidad de la especie humana, en el pasado, el presente y el futuro. Estas áreas se seleccionan bien porque resulta obvio que son importantes (p. ej., el número de habitantes de la Tierra), bien porque los modelos demuestran que tendrán una influencia decisiva en el desarrollo humano (la contaminación atmosférica, el calentamiento global), o bien porque se mencionan muy a menudo en el debate sobre el estado del mundo (agentes químicos como los pesticidas) [10].

Para presentar esta descripción necesitaré poner a prueba nuestra concepción habitual acerca de la destrucción de los ecosistemas, porque esta idea no se corresponde con la realidad.

No es cierto que estemos acabando con la energía ni con los recursos naturales [11]. Cada vez habrá más alimentos per cápita para la población mundial. Cada vez hay menos gente que pasa hambre. En 1900, nuestra esperanza de vida estaba en 30 años; actualmente llega hasta los 67. Según los datos proporcionados por Naciones Unidas, la pobreza se ha reducido más en los últimos cincuenta años que en los quinientos anteriores, prácticamente en todos los países del mundo.

Aunque es cierto que se está produciendo un leve calentamiento global, su valor y proyección futura se juzgan irrealmente de forma pesimista, y el remedio de reducir de forma drástica e inmediata el consumo de carburantes fósiles resulta incluso peor que el problema original; es más, su impacto total no supone un problema devastador para nuestro futuro. Tampoco es cierto que vayamos a perder entre el 20 y el 50% de las especies durante nuestra vida; de hecho, es probable que sólo desaparezcan el 0,7%. La lluvia ácida no está matando nuestros bosques, y el aire y el agua que nos rodean están cada vez menos contaminados.

En realidad, el destino de la humanidad ha mejorado prácticamente en todos los indicadores analizables.

Pero piensen con detenimiento en lo que estoy diciendo: la mayoría de los indicadores muestran que el destino de la humanidad ha mejorado enormemente. Sin embargo, esto no significa que todo vaya razonablemente bien. La primera parte de este capítulo muestra el aspecto actual del mundo, mientras que la segunda se refiere a lo que puede llegar a ser [12].

Todo lo que he leído por ahí me ha hecho descubrir la importancia de resaltar esta distinción. Son muchos los que creen poder demostrar que estoy equivocado, por ejemplo constatando que hay mucha gente que aún pasa hambre: "¿Cómo puede decir que las cosas van mejor cuando el 18% de la población en los países en desarrollo aún pasa hambre?".

El hecho es que cada vez hay menos gente en el mundo que pasa hambre. En 1970, el 35% de los habitantes de los países en desarrollo pasaba hambre. En 1996 la cifra había bajado hasta el 18%, y la ONU prevé que descienda hasta el 12% en 2010 [13]. Esto se puede considerar un progreso importante. Hasta el día de hoy, las personas que cuentan con comida suficiente se han incrementado en dos mil millones.

La situación alimenticia ha mejorado considerablemente, pero en 2010 aún habrá 680 millones de personas pasando hambre, lo que, como es obvio, no puede calificarse de suficientemente bueno.

La diferencia resulta esencial; cuando las cosas no van suficientemente bien, la misión es sencilla: debemos reducir el hambre en el mundo. Este es nuestro objetivo político.

Pero cuando las cosas van mejorando, sabemos que estamos en el buen camino. Aunque tal vez no a la velocidad adecuada. Quizá podamos hacer más para mejorar la situación alimenticia, pero el planteamiento actual no es malo.

En realidad, estamos salvando vidas, y cada vez menos gente pasa hambre.

EXAGERACIóN Y BUENA GESTIÓN

La repetición constante de la Letanía y las continuas exageraciones acerca del medio ambiente tienen serias consecuencias. La gente se asusta y dedica tiempo y recursos para resolver problemas ficticios, mientras los verdaderos asuntos que nos afectan (posiblemente sin relación con el medio ambiente) se dejan de lado. Este es el motivo por el que debemos conocer el estado real del mundo.

Necesitamos conocer los hechos y disponer de la mejor información posible para que nuestras decisiones sean las acertadas. Tal como afirma el autor principal del informe medioambiental Nuestro futuro común, Gro Harlem Brundtland, en un artículo de la revista Science: "Los políticos que ignoran la ciencia y el conocimiento no pasarán el examen del tiempo. En realidad, no hay más base para las decisiones políticas fiables que las mejores pruebas científicas. Esta afirmación cobra especial relevancia en las áreas de gestión de los recursos y protección medioambiental" [14].

No obstante, el hecho de indicar que nuestros temores más publicados son falsos no significa que no debamos esforzarnos para mejorar nuestro entorno. Ni mucho menos. Es importante que incrementemos los esfuerzos dirigidos a gestionar adecuadamente nuestros recursos y a afrontar los problemas relacionados con la gestión de los bosques y el agua, la contaminación atmosférica y el calentamiento global. Nuestro objetivo debe ser la obtención de pruebas fiables, que nos permitan tomar decisiones adecuadas sobre los puntos a los que debemos dirigir nuestros mayores esfuerzos. Lo que veremos a lo largo de este libro es que nuestros problemas disminuyen, no aumentan, y que, con frecuencia, las soluciones aportadas son claramente ineficaces. Lo que esta información debe decirnos es que no abandonemos por completo las acciones, sino que nos centremos en los problemas más importantes y sólo cuando los hechos demuestren su necesidad.

FUNDAMENTOS: LAS TENDENCIAS

Si queremos entender el estado real del mundo, necesitamos centrarnos en los fundamentos y observar las realidades, no los mitos. Echemos un vistazo a estos dos requisitos, comenzando por los fundamentos.

Si pretendemos evaluar el estado real del mundo, deberemos hacerlo mediante una comparación [15]. Cuenta la leyenda que, cuando alguien le dijo a Voltaire "la vida es dura", este contestó "¿Comparada con qué?" [16].

Básicamente, la posibilidad de comparar es imprescindible. Mi argumentación se basa en el hecho de que debemos comparar con cómo estaba antes. Este tipo de comparación muestra el alcance de nuestra evolución –¿estamos mejor o peor ahora que antes?–. Esto significa que debemos centrarnos en las tendencias.

En el siglo XIX, cuando comenzaron a implantarse en las ciudades del Primer Mundo el agua corriente y los servicios sanitarios, el incremento de la salud y la esperanza de vida de la población fue impresionante [17]. De forma similar, la mejora en la educación desde principios del siglo XIX hasta la escolarización universal de nuestros días ha proporcionado alfabetización y competencia democrática al mundo desarrollado [18]. Estas tendencias se han reproducido exactamente en el mundo desarrollado durante el siglo XX. Mientras que el 75% de los jóvenes de países en vías de desarrollo nacidos alrededor de 1915 eran analfabetos, esa cifra ha bajado hasta el 16% para la juventud actual (véase la fig. 41, pág. 138). Y mientras que en 1970 sólo el 30% de la población del mundo en desarrollo tenía acceso al agua potable, hoy día la cifra ronda el 80% (véase la fig. 5, pág. 61).

Estos desarrollos representan un progreso enorme en el bienestar de la humanidad; son mejoras gigantescas en el estado del mundo –porque han disparado las tendencias en alfabetización y esperanza de vida.

Siguiendo con el argumento anterior, el hecho de que la población, tanto en el mundo desarrollado como en el que está en vías de serlo, haya incrementado tremendamente su posibilidad de acceder al agua potable en una mejora gigantesca. No obstante, eso no significa que la situación esté suficientemente bien. Aún hay más de mil millones de personas del Tercer Mundo que no tienen acceso al agua potable. Si comparamos el mundo con esta situación ideal, resulta obvio que hay que seguir mejorando para conseguirlo.

Además, una comparación con una situación ideal nos lleva a una constructiva ambición política, al mostrarnos que si el acceso al agua en el mundo desarrollado se ha conseguido por completo, es un objetivo alcanzable en el mundo en desarrollo.

Pero es importante constatar que este tipo de comparaciones constituyen un juicio político. Evidentemente, cuando se nos pregunta, todos contestamos que sería deseable que el Tercer Mundo dispusiera de acceso total al agua potable, pero también quisiéramos que tuvieran una correcta escolarización, mejor asistencia sanitaria, mayor control de los alimentos, etcétera. De igual forma, en el mundo desarrollado aspiramos a mejores residencias para la tercera edad, mejores guarderías, mayores inversiones en el medio ambiente local, mejores infraestructuras, etc. El problema es que todo esto cuesta dinero.

Si queremos mejorar una cosa, como el acceso al agua potable para el Tercer Mundo, necesitamos sacar los recursos de otras áreas en las que también deseamos mejoras. Lógicamente, esta es la esencia de los políticos –debemos priorizar los recursos y elegir algunos proyectos en lugar de otros. Pero si planteamos el estado del mundo como una comparación con una situación ideal, implícitamente estamos haciendo un juicio político sobre qué proyectos deberemos priorizar.

Por lo tanto, partiendo de esta evaluación del estado del mundo, mi propósito es dejar que cada lector realice su propio juicio político sobre cuál debería ser nuestra prioridad. Mi intención se limita a proporcionar la mejor información posible sobre cómo han evolucionado las cosas y sobre su previsible desarrollo futuro, de forma que sea el proceso democrático quien siente las bases de futuras decisiones. Y esto significa centrarse en las tendencias.

FUNDAMENTOS: TENDENCIAS GLOBALES

El Global Environmental Outlook Report 2000 nos presenta ampliamente la grave situación por la que atraviesa áfrica [19]. En la actualidad, no cabe duda de que en áfrica, y especialmente en la zona subsahariana, las cosas no van tan bien como en el resto de continentes, asunto sobre el que volveremos a tratar (págs. 118–119). El áfrica subsahariana ostenta, con gran diferencia, el porcentaje más alto de personas hambrientas – cerca del 33% de la población pasaba hambre en 1996, aunque la cifra se había reducido desde el 38% de 1970 y se espera que descienda hasta el 30% en 201020.

La predicción más asombrosa acerca de este problema, presentada en el informe Global Environmental Outlook Report 2000, nos muestra que la erosión del suelo es un problema dominante, especialmente en áfrica. Además, "en un continente en el que gran parte de sus habitantes presentan malnutrición, las cosechas pueden reducirse a la mitad en los próximos cuarenta años si la degradación de las tierras agrícolas continúa al ritmo actual" [21]. Evidentemente, esto significaría una tragedia de dimensiones gigantescas, que generaría una hambruna masiva en el continente africano. No obstante, esta tremendista predicción se basa en un único estudio, no publicado, escrito en 1989 sobre unos simples análisis de agricultura solamente de Sudáfrica [22]. Este informe difiere de forma radical de los modelos de producción masiva de alimentos presentados por Naciones Unidas (FAO) y el IFPRI, que estiman un incremento de las cosechas del 1,7% en los próximos veinte a veinticinco años [23].

Aunque el crecimiento de las cosechas en los años noventa no alcanzó este porcentaje, sí fue positivo, generando un incremento en la producción de cereales superior al 20% [24].

En muchos aspectos, esto no es más que una reminiscencia de uno de los estudios sobre erosión del suelo más citado en Europa, que fijaba este valor en 17 toneladas por hectárea [25]. Estas estimaciones surgen – mediante una serie de artículos muy poco rigurosos, cada uno citando al anterior – del resultado de analizar una parcela de 0,11 hectáreas en una granja de Bélgica, a partir del cual el propio autor advierte del peligro de generalizar [26]. En ambos casos, estas deducciones tan globales parten de un único ejemplo.

Lamentablemente, esta argumentación tan problemática es la que domina, y aún podremos ver más modelos similares. El problema surge porque en el entorno global de nuestros días la enorme cantidad de información de la que disponemos nos permite contar infinidad de historias, unas buenas y otras malas.

Si tomamos la parte más negativa, podríamos escribir fácilmente un libro lleno de horribles ejemplos y concluir que el estado actual del mundo es terrorífico. Aunque también podríamos escribir un libro lleno de maravillosas historias acerca de cómo el medio ambiente está mejor que nunca. Ambas visiones podrían utilizar ejemplos absolutamente veraces, al tiempo que las dos serían modelos de inútiles formas de argumentación. Estas dos visiones se asemejan al erróneo argumento de que "mi abuelo fumó durante toda su vida y murió a los noventa y siete años, por lo que fumar no es peligroso". Este tipo de cosas no adquieren veracidad por muchos ejemplos que acumulemos – sería sencillo encontrar infinidad de abuelos fumadores que han vivido hasta los noventa años, lo que seguiría sin justificar que fumar no es peligroso.

El argumento falla porque se niega sistemáticamente a mostrar el enorme número de fumadores que mueren a los cuarenta años de un cáncer de pulmón, antes incluso de llegar a ser abuelos [27]. Por lo tanto, si queremos demostrar los problemas derivados del tabaco, deberemos utilizar ejemplos más amplios. ¿Padecen los fumadores cáncer de pulmón en mayor o menor porcentaje que los no fumadores? [28].

De forma similar, sólo podemos aclarar los problemas globales con ejemplos globales. Si nos dicen que la disminución de ingesta diaria de calorías de la población de Burundi ha alcanzado un 21% en los últimos diez años [29], estaríamos recibiendo una información muy impactante, que podría reforzar nuestra idea de que los problemas alimenticios del mundo en desarrollo son tremendos. Pero también podríamos escuchar que en el Chad se ha producido un incremento del 26%, lo que quizá cambiaría radicalmente nuestra visión sobre el tema [30]. Como es lógico, los más pesimistas nos presentarían las cifras de Irak, con una disminución del 28%, o de Cuba, con valores negativos cercanos al 19%, mientras que los optimistas harían referencia a Ghana, con un incremento del 34%, o Nigeria, que mejora su cifra en un 33%. Si analizamos las cifras de otros ciento veinte países, la sobrecarga de información nos impediría intuir un resultado global [31].

No obstante, si obtenemos una media aritmética, podremos comprobar que los países en desarrollo han aumentado su ingesta de calorías por persona y día desde 2.463 hasta 2.663 en los últimos diez años, lo que supone un incremento del 8% [32].

Lo importante es que las cifras globales aúnan todas las historias buenas junto a todas las malas, lo que nos permite evaluar la gravedad de la situación en conjunto. Las cifras globales registran los problemas de Burundi, pero también las mejoras de Nigeria. Como es lógico, la bonanza alimenticia de Nigeria no alivia la escasez de alimentos en Burundi, por lo que al presentar los valores medios deberemos utilizar países con situaciones comparables, como en este caso de naciones del mundo en desarrollo. No obstante, si los 6,5 millones de habitantes de Burundi comen peor, mientras los 108 millones de nigerianos comen mejor, significa que hay diecisiete nigerianos comiendo mejor por cada habitante de Burundi que come peor –lo que a todas luces significa una mejor alimentación–. Lo más importante aquí es que las cifras globales pueden responder a la cuestión de si tenemos más historias buenas que malas para contar a lo largo de los años, o viceversa.

Este hecho es el que me motiva en los siguientes capítulos para intentar presentar siempre las cifras que mejor describan el desarrollo del mundo o de algunas regiones representativas. Lo que necesitamos son tendencias globales.

FUNDAMENTOS: TENDENCIAS A LARGO PLAZO

En el debate medioambiental no es extraño escuchar argumentos generales basados en tendencias a muy corto plazo. Obviamente esto resulta peligroso – una única golondrina no significa que haya llegado el verano. El precio de los alimentos ha experimentado una enorme caída en los últimos siglos (véase la fig. 25, pág. 114). Sin embargo, Lester Brown afirmaba a principios de 1998 que podía detectar el comienzo de un incremento histórico en el precio del trigo. Entre 1994 y 1996, este aumentó, lo que generó una alarma que nos abocaba al abismo. En la figura 49 (pág. 154) podemos comprobar que se equivocaba. El precio del trigo en 2000 llegó a su valor más bajo de todos los tiempos.

Lamentablemente, el análisis de tendencias a corto plazo ya se había utilizado de forma convincente en el primer Estado del mundo de Worldwatch, en 1984. En este caso, provocaron una tremenda alarma sobre el empeoramiento del comercio internacional. "El crecimiento futuro del comercio internacional no va a ser nada rápido. De acuerdo con las cifras aportadas por el Fondo Monetario Internacional, el valor de las exportaciones internacionales fijó su máximo en 1980, con un total de 1,868 billones de dólares, y cayó bruscamente en 1983 hasta 1,65 billones, lo que equivale a una pérdida del 12% [33]. Esta afirmación puede evaluarse en la figura 1.

El 12% de caída en el comercio se debió principalmente a la segunda crisis petrolífera, y afectó a los bienes, no a los servicios. No obstante, el Instituto Worldwatch sólo midió los bienes y presentó datos incorrectos de la inflación –en realidad, el presunto revés que sufrió la inflación aplicada a bienes y servicios resultó casi inexistente. Desde 1983, el comercio internacional ha aumentado más del doble, desde los 3,1 billones de dólares hasta los 7,5 billones de 1997.

Y aunque es cierto que entre los años 1980 y 1983 se produjo un retroceso en el comercio, ha sido el único caso desde que se comenzaran a medir estas cifras en 1950 [34].


 
Figura 1: Exportación mundial de bienes en US$ 1950–2000, en 1998 US$ 1950–98, y productos y servicios 1960–97. La preocupación del Worldwatch Institute de que decayese el comercio desde 1908 a 1983 está destacada.
Fuente: OMC 2000:27, FMI 2000d:226, 2000ª, WI 2000b:75, 2000c, Banco Mundial 2000c

Del mismo modo, Lester Brown pretende convencernos de que las cosechas de trigo ya no aumentarán mucho más, o incluso han llegado a su valor máximo, porque hemos alcanzado los límites fisiológicos de las plantas [35]. (En el cap. 9 ampliaremos esta línea de argumentación.) Con el fin de desacreditar las predicciones del Banco Mundial sobre el trigo, Brown señala que "desde 1990 hasta 1993, los tres primeros años del pronóstico realizado por el Banco a veinte años vista, la cantidad de trigo cosechado por hectárea disminuyó" [37].

Esta afirmación puede comprobarse en la figura 2. En este caso resulta evidente que aunque la afirmación de Brown es técnicamente cierta (las cosechas de trigo se redujeron desde 2,51 a 2,49 t/ha), no tiene en cuenta el crecimiento a largo plazo. Más aún, ignora el hecho de que este descenso no se produjo en los países con desarrollos más vulnerables, en los que las cosechas siguieron aumentando. En realidad, el motivo que alegó Brown para el descenso en las cosechas de trigo a principios de los noventa fue la ruptura de la Unión Soviética, en la que las cosechas cayeron en picado, nada que ver con los límites fisiológicos de las plantas.

Isaac Asimov, preocupado por el aumento de huracanes debido al calentamiento global (algo que estudiaremos en la Parque quinta), cita algunas estadísticas aparentemente preocupantes: "En los veintitrés años transcurridos entre 1947 y 1969, la media de días con huracanes atlánticos muy violentos fue de 8,5, mientras que en el período que va desde 1970 hasta 1987, la cifra se redujo tres cuartas partes, hasta sólo 2,1 días por año… y en los años 1988– 1989 volvió a subir hasta 9,4 días por año" [38].

Estos datos parecen amenazadores. La tasa de huracanes es ahora mayor que nunca. Pero debemos fijarnos en los períodos analizados: veintitrés años, diecisiete años, y el último, sólo dos años. ¿Cabe la posibilidad de que se hayan elegido estos dos años porque generan resultados más llamativos? Fíjense bien: al menos los dos años inmediatamente anteriores presentaron 0 y 0,6 días de huracanes violentos. Curiosamente, los dos años posteriores tuvieron 1 y 1,2 días [39].

Documentando estas tendencias, el investigador original señala que los días de violentos huracanes atlánticos "muestran un importante descenso en su actividad con el paso del tiempo" [40]. Desde entonces, sólo se han documentado los días de huracán, que también muestran un descenso de 1,63 días por década [41].

En 1996, el Fondo Mundial para la Naturaleza [42] informó de que el porcentaje de bosque húmedo amazónico perdido se había incrementado en un 34% desde 1992 hasta un total de 1.489.600 hectáreas por año [43]. Lo que no dijeron fue que el período 1994–1995 fue el de máxima deforestación, con un porcentaje del 0,81%, mayor que cualquier otro año desde 1977 [44]. El período 1998–1999 presentó una deforestación del 0,47%, prácticamente la mitad que en el valor máximo de 1994–1995.


 
Figura 2: Rendimiento de granos para el mundo en desarrollo y la USSR, 1961–2000. La prueba de Brown sobre la declinación del rinde de granos desde 1990 a 1993 está destacada. Fuente: FAO 2001a.

En un mundo altamente interconectado, los cambios estadísticos a corto plazo tienden a ocurrir también a largo plazo. Si permitimos que los argumentos medioambientales –por muy buena intención que presenten– se basen únicamente en tendencias de uno o dos años, cuidadosamente seleccionados, sin duda estaremos dando paso a cualquier tipo de argumento. Por lo tanto, si queremos evaluar desarrollos sólidos, debemos investigar períodos de tiempo más amplios. No los dos o cinco años analizados habitualmente, sino tantos años como dispongamos con datos. Como es lógico, hay que tener en cuenta que puede estar produciéndose una nueva tendencia, y que además deberemos poner especial atención en incluir y analizar los datos más recientes de que dispongamos. Pero el hecho de insistir en las tendencias a largo plazo nos protege frente a los falsos argumentos producidos por el ruido de fondo y las golondrinas solitarias.

En los siguientes capítulos procuraré mostrar siempre las tendencias más actuales y más amplias en el tiempo.

FUNDAMENTOS: ¿CUÁL ES SU VERDADERA IMPORTANCIA?

Cuando nos dicen que algo es un problema, necesitamos preguntarnos por su importancia en comparación con otros problemas. Constantemente nos vemos obligados a establecer prioridades para nuestros recursos, y siempre habrá buenos proyectos que no tendremos más remedio que rechazar. El único bien escaso es el dinero con el que resolver los problemas. Pero cuando se acude a la Letanía, suele bastar con decir que realmente hay un problema. Con esto es suficiente.

Todos hemos oído hablar de los pesticidas que se filtran a las aguas subterráneas. Los pesticidas pueden causar cáncer, lo que evidentemente nos plantea un problema. Solución: prohibirlos. Son pocos los campos en los que se podría mantener este tipo de argumentos. "El Departamento de Defensa ha descubierto que el país X ha fabricado misiles del tipo Y6, lo que supone un problema. Por lo tanto, deberemos desarrollar y fabricar un sistema de defensa antimisiles." La mayoría de nosotros nos preguntaríamos por la probabilidad de que el país X nos atacara, por los daños que produciría un misil del tipo Y6 y por el coste del famoso sistema de defensa necesario.

Por lo que a los pesticidas se refiere, deberíamos preguntarnos también cuál es el daño real que producen y cuánto nos costaría evitar su uso. Investigaciones recientes indican que los pesticidas causan muy poco cáncer. Más aún, la eliminación de los pesticidas supondría un aumento de los casos de cáncer, ya que las frutas y las verduras ayudan a prevenir el cáncer, y sin pesticidas su precio aumentaría, con lo que se reduciría su consumo por parte de la población.

De forma similar, cuando el Fondo Mundial para la Naturaleza nos explica que la deforestación de la selva húmeda amazónica aumenta en 1.489.600 hectáreas por año, también debemos preguntarnos cuánto significa realmente esa cifra [45]. ¿Es mucho? Podemos utilizar como medida de cálculo el típico ejemplo de los campos de fútbol, pero ¿sabe alguien cuántos campos de fútbol caben en la selva amazónica? [46]. Y quizá lo que es aún más importante: el total del bosque amazónico perdido desde la llegada del hombre es el 14% [47].

La revista Environment publicaba en mayo de 2000 que podíamos comprar un cepillo de dientes reciclable para "combatir la deforestación" [48]. Cada paquete de cuatro cepillos de dientes, al precio de 17,50 dólares el paquete, incluía un sobre de reciclaje con franqueo pagado, de forma que pudiéramos devolver los cepillos para su posterior reciclaje y conversión en tablones de plástico para la fabricación de mobiliario urbano. El presidente de la empresa que fabricaba los cepillos de dientes señalaba que "no tiene sentido tirar el plástico a la basura. La culpabilidad me congela las manos… La imagen de todo ese plástico apilado en el campo expulsando gases tóxicos se pasaba de la raya" [49]. No importa que los plásticos tradicionales no se descompongan y expulsen gases [50]. Lo que debemos preguntarnos es ¿hasta qué punto se reduce la deforestación gracias a estos cepillos de dientes?

Si todos y cada uno de los habitantes de Estados Unidos cambiaran de cepillo de dientes cuatro veces al año como recomiendan los dentistas (cosa que no es cierta, ya que la media es de 1,7 cepillos por habitante y año), la revista Environment calcula que la reducción total de basura generada sería de 45.400 toneladas, lo que la empresa fabricante considera que "redundaría en un importante beneficio para la naturaleza" [51]. Si consideramos que la basura municipal generada en Estados Unidos el año pasado alcanzó la cifra de 220 millones de toneladas [52], el cambio total (suponiendo que todos los americanos cambiaran de cepillo cuatro veces al año y que todos compraran el nuevo cepillo reciclable) equivaldría a una reducción del 0,02%, a cambio de un gasto anual de más de 4.000 millones de dólares. Por la misma regla de tres, de las 4,44 libras de basura generadas diariamente por cada habitante, el reciclaje de los cepillos de dientes supondría una reducción de 0,001 libras de basura al día (la dieciseisava parte de una onza), lo que dejaría la cantidad de basura diaria en 4,439 libras [53].

Sin tener en cuenta los efectos medioambientales derivados de enviar por correo mil millones de paquetes al año, el coste de la operación sería enorme y los beneficios prácticamente inapreciables. Además, como veremos más adelante en la sección dedicada a la basura, no es cierto que nos estemos quedando sin espacio para almacenar la basura: toda la basura que se generará en Estados Unidos durante el siglo XXI cabrá dentro de un recinto cuadrado de menos de 28 kilómetros de lado (véase la fig. 115, pág. 298).

En el siguiente ejemplo, el Instituto Worldwatch combina el problema de medir tendencias a corto plazo con el de no preguntarse qué es lo realmente importante. En 1995 nos contaron que el uso de fertilizantes se estaba reduciendo. En sus propias palabras, "La era de los fertilizantes suplementarios para el campo llegó a su límite en 1990. Si el aumento futuro de la producción de cereales no podrá basarse en el uso de más fertilizantes, ¿en qué se basará entonces? El gráfico que representa el uso de fertilizantes y el área de cultivo cerealista por persona puede demostrar el problema humano que se avecina en el siglo XXI mejor que ninguna otra imagen" [54]. (Más adelante trataremos el tema del suelo cultivable.) El gráfico que nos mostraron refleja el consumo mundial de fertilizantes (línea superior de la fig. 3).


 
Figura 3: Uso de fertilizantes, kilogramos por persona para el mundo (1959–99) y para los países en desarrollo (1962–99). Fuente: IFA 2000,WI 1999b.

En primer lugar, si pretendemos estudiar la producción alimenticia, no debemos centrarnos en la media mundial, sino en la de aquellos lugares en los que existe un potencial problema de alimentos – es decir, los países en desarrollo. Si lo hacemos así, podremos observar que el uso de fertilizantes por persona apenas se ha incrementado, alcanzando una máxima de 17,7 kg por persona en 1999. Cuando el Instituto Worldwatch encuentra una tendencia de la que preocuparse, normalmente es porque no se paran a preguntar cuál es la información realmente importante. En segundo lugar, este "dilema humano" es además producto de una visión a corto plazo. Con sus datos detenidos en 1994, el Instituto Worldwatch detecta un importante revés en las tendencias; pero ¿por qué? Básicamente, por la división de la Unión Soviética, que el Instituto Worldwatch también adopta para el resto del mundo [55].

Otro claro ejemplo es la forma en que muchos comentaristas se limitan a ver una solución medioambiental como el principio de otro problema [56]. Isaac Asimov nos informa que "lo que ha ocurrido con el problema de la contaminación atmosférica es lo que ocurre con la mayoría de los problemas medioambientales del mundo. Los problemas no se resuelven. Simplemente, se apartan, porque aparecen otros nuevos y quizá peores aún" [57].

Como es lógico, una declaración tan general debería tener una base sólida, al menos en su ejemplo. En este caso, Asimov nos explica cómo los británicos intentaron resolver el problema de la contaminación de Londres construyendo "gigantescas chimeneas por las que ascenderían las partículas contaminantes, que volverían a caer al suelo en forma de hollín a cientos de kilómetros de distancia. Al igual que muchos otros remedios tecnológicos, este tampoco solucionaba realmente el problema; simplemente lo cambiaba de lugar. En el análisis final, todo lo que Londres debía hacer era exportar su smog, en forma de lluvia ácida, a los lagos y bosques de Escandinavia" [58].

El anterior vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, nos cuenta exactamente la misma historia: "Parte de lo que los londinenses utilizaban para maldecir en forma de smog, quema ahora las hojas de los árboles en Escandinavia" [59]. Y como los británicos, al igual que la mayoría de los países desarrollados, han comenzado a eliminar el azufre de las emisiones de las chimeneas, los ecologistas dicen ahora que el almacenaje de dicho azufre supone un riesgo aún mayor [60].

Básicamente, al principio teníamos un problema (aire contaminado en Londres), después teníamos otro (lluvia ácida en Escandinavia) y después llegó el tercero (basura sulfurosa). Pero seguimos teniendo un problema. Esto no significa que las cosas no mejoran. A juicio de Asimov, el problema se ha vuelto aparentemente peor. Lo malo es que en todo este proceso nadie se para a preguntar "¿Cuál es la verdadera importancia de todo esto?". La polución atmosférica de Londres se ha reducido en más de un 90% desde 1930 [61]. Los niveles de contaminación atmosférica urbana que presentaba el Reino Unido habrían matado a cerca de 64.000 personas más cada año [62]. El almacenamiento de basura sulfurosa causa menos de una muerte por cáncer cada cincuenta años [63]. Por lo tanto, si se describe la transición de un problema a otro como un simple cambio, se está ignorando por completo lo más importante: cada año hay 63.999 personas que ahora viven más.

Si no nos planteamos la pregunta elemental de ¿Cuál es la verdadera importancia del problema?, no podremos establecer prioridades ni utilizar nuestros recursos donde sean más necesarios.

FUNDAMENTOS: LA POBLACIÓN HUMANA

Las cifras de vidas perdidas en los distintos problemas ayudan a enfatizar una asunción central en mi argumento: las necesidades y deseos de la humanidad representan el quid de la evaluación del estado del mundo. Esto no significa que las plantas y los animales no tengan también sus derechos, pero evidentemente debemos centrarnos en la evaluación humana. [64]

Esto describe tanto mi concepción ética del mundo – con la que el lector puede estar perfectamente en desacuerdo – como una concepción realista del planeta: la gente discute y participa en el proceso de toma de decisiones, cosa que no hacen los pingüinos o los pinos. [65] Por lo tanto, la consideración que se otorgue a los pinos o a los pingüinos dependerá en último caso de los individuos (en democracia, la mitad más uno) preparados para actuar en su nombre. En definitiva, cuando nos planteemos evaluar un proyecto, serán las personas las que decidan. Y aunque algunas de estas personas prefieran valorar más a las plantas y los animales, dichas plantas y animales no podrán gozar de derechos particulares. [66]

Como resulta evidente, esto es una aproximación básicamente egoísta por parte de los humanos. Pero además de ser la forma más realista de describir el sistema actual de toma de decisiones, a mí me parece que es la única defendible. ¿Qué otra alternativa nos queda? ¿Deberían tener los pingüinos el derecho al voto? Si no es así, ¿quién debería hablar en su nombre? (y ¿cómo se elegiría a estos representantes?).

También es importante constatar que esta visión centrada en el ser humano no implica necesariamente ignorar o eliminar muchas formas de vida no humanas. La enorme y obvia dependencia que el hombre tiene con otras formas de vida es motivo más que suficiente para conservarlas y mejorar su nivel de existencia. En muchos lugares, el hombre comparte intereses comunes con animales y plantas, como por ejemplo la necesidad de un aire limpio. Pero también resulta obvio que con frecuencia el hombre se ve obligado a elegir entre lo que es bueno para él y lo que es mejor para animales y plantas. Si decidimos permitir que un bosque permanezca intacto, será muy beneficioso para muchos animales, pero también será una oportunidad perdida para utilizar la madera y cultivar la tierra [67]. La decisión de conservar el bosque o cultivar la tierra dependerá de las preferencias del hombre entre la comida y la naturaleza virgen.

La conclusión es que no tenemos más remedio que utilizar a los humanos como punto de referencia. ¿Cómo si no podríamos evitar un dilema ético?

Cuando los americanos argumentaron a favor de suprimir las emisiones de nitrógeno en el norte del golfo de México, con el fin de proteger a los animales que habitan en el fondo marino, se trató de un deseo o preferencia humanos de conservar dicha fauna. No es más que una decisión personal para salvar a los habitantes del fondo – no porque estos tengan algún tipo de derecho inalienable. Si tuviéramos que utilizar el argumento de los derechos inalienables, nos resultaría imposible explicar por qué se decide salvar a los animales del fondo marino mientras seguimos matando vacas para comérnoslas. ¿Por qué las vacas no tienen los mismos derechos de supervivencia que la fauna del golfo de México?

REALIDAD FRENTE A MITOS

En el debate sobre el estado del mundo, los fundamentos juegan un papel crucial. Esto nos obliga a utilizar tendencias globales y a largo plazo, valorando siempre su importancia real, sobre todo cuando afectan al bienestar del ser humano.

Pero también resulta crucial que utilicemos cifras y tendencias reales. Esta exigencia parece absolutamente obvia, pero, por desgracia, el debate público sobre el medio ambiente se ha caracterizado siempre por una lamentable tendencia hacia un tratamiento erróneo de la verdad. Esto no es más que la confirmación de que la Letanía ha impregnado el debate de forma tan profunda y durante tanto tiempo, que una y otra vez se pueden permitir afirmaciones tan descaradamente falsas, sin base argumental y que aún se las cree la gente.

Resulta curioso que este tipo de errores no parten de investigaciones superficiales en el campo medioambiental; en general, provienen de investigadores profesionalmente competentes y razonablemente ecuánimes. [68]

El verdadero foco del error está en la comunicación del conocimiento medioambiental, que parte de nuestro profundo pesimismo. Este tipo de propaganda tremendista proviene de muchas organizaciones ecologistas, como el Instituto Worldwatch, Greenpeace o el Fondo Mundial para la Naturaleza, además de algunos comentaristas particulares, apoyados todos ellos por los medios de comunicación.

La cantidad de ejemplos es tan enorme que podrían llenar un libro. A lo largo de éste analizaremos muchos de ellos, y en el siguiente capítulo estudiaremos concretamente su conexión con los medios de comunicación. No obstante, antes examinaremos algunos de los casos más descarados de mitología medioambiental.

REALIDAD: EL INSTITUTO WORLDWATCH

A menudo, las expresiones de la Letanía conducen – directa o indirectamente – a Lester Brown y su Instituto Worldwatch. En sus publicaciones abundan las frases del tipo: "Los principales indicadores medioambientales son cada vez más negativos. Los bosques se diezman, las reservas de agua disminuyen, el suelo se desertiza, las zonas húmedas desaparecen, las reservas pesqueras caen en picado, los campos se deterioran, las temperaturas aumentan, las barreras de coral se mueren, los ríos se secan y las especies animales y vegetales se extinguen" [69]. Abrumadoras afirmaciones sin base argumental [70].

En lo que a los bosques se refiere, el Instituto Worldwatch afirma categóricamente que "en las últimas décadas, el estado de los bosques terrestres se ha deteriorado de manera considerable, tanto en extensión como en calidad". [71] Como podremos constatar en la sección dedicada a los bosques, los datos más recientes aportados por la FAO demuestran que el porcentaje de superficie boscosa sobre el total de la corteza terrestre ha pasado del 30,04% de 1950 al 30,89% de 1994, lo que supone un incremento del 0,85% en los últimos cuarenta y cuatro años (véase la fig. 60, pág. 176). [72]

Como es lógico, este dato no figura en los informes del Instituto, pero sí aseguran que "cada año desaparecen 16 millones de hectáreas de bosque" [73] – dato que supera en un 40% la cifra suministrada por Naciones Unidas.[74] Tampoco se aportan datos sobre la calidad de los bosques – simplemente porque no existen cifras al respecto.

Lamentablemente, estos errores tan descarados se cometen con una frecuencia demasiado elevada. El Instituto Worldwatch afirma que "la incesante demanda de papel está contribuyendo a la deforestación, especialmente en la zona templada del Norte. Canadá pierde cerca de 200.000 hectáreas de bosque al año". [75] Este dato está supuestamente extraído del informe State of the World's Forests 1997 de la FAO, pero si consultamos dicho informe comprobaremos que, en realidad, la superficie de bosque en Canadá aumenta en 174.600 hectáreas al año.[76]

En su informe del año 2000, el Instituto Worldwatch enumera los problemas destacados en su primera publicación de Estado del mundo, en 1984. Esta es la lista completa: "Tasas récord de crecimiento de la población, elevadísimos precios del crudo, inquietantes niveles de la deuda externa y amplios daños en los bosques por el nuevo fenómeno de la lluvia ácida" [77]. Como es lógico, una evaluación de esta lista al terminar el milenio podría ser una buena forma de calibrar los asuntos más importantes, preguntándonos si hemos resuelto los problemas anteriores. Sin embargo, el Instituto Worldwatch nos informa inmediatamente de que no hemos resuelto dichos problemas: "Ni mucho menos. Al terminar nuestro decimoséptimo Estado del mundo, nos disponemos a entrar en un nuevo siglo sin haber resuelto casi ninguno de los problemas anteriores, enfrentándonos además a retos más profundos para el futuro de la economía global. La brillante promesa de un nuevo milenio se ve ensombrecida ahora por amenazas sin precedentes para el futuro de la humanidad".[78]

El Instituto Worldwatch no se detiene a revisar la lista, sino que simplemente nos cuenta que los problemas no se han resuelto y que además hemos añadido otros a los ya existentes. ¿Seguiría en pie la Letanía si analizáramos los datos? El nivel de deuda externa internacional es quizá el único dato que no ha experimentado una mejora significativa: a pesar de que la deuda externa internacional se redujo de forma constante en la década de los noventa, la disminución fue muy pequeña, de un 144% de exportaciones en 1984 a un 137% en 1999. [79]

Sin embargo, como podremos comprobar más adelante, aunque la lluvia ácida perjudicó a los lagos, el daño producido en los bosques fue mínimo. Más aún, las emisiones de azufre responsables de la lluvia ácida se han reducido en Europa y en Estados Unidos: en la Unión Europea, las emisiones han bajado un 60% desde 1984 (tal como aparece reflejado en la fig. 91, pág. 251) [80].

El enorme incremento en el precio del petróleo, que provocó una década de lento crecimiento mundial, desde principios de los años setenta hasta mediados de los ochenta, se redujo durante los noventa hasta valores iguales o menores incluso que antes de la crisis petrolífera (véase la fig. 64, pág. 191). Aunque el precio del crudo se ha duplicado desde el mínimo histórico fijado a mediados de 1998, el precio en el primer trimestre de 2001 es el mismo que el de 1990, y los 25 dólares por barril de marzo de 2001 siguen muy por debajo de la cifra récord de 1980, que llegó a los 60 dólares. [81] De hecho, muchos observadores consideran que este pico en el precio corresponde a un hecho puntual, y la Agencia de Información sobre Energía de Estado Unidos prevé un descenso gradual del precio del petróleo en los próximos veinte años, hasta quedar en 22 dólares el barril. [82]

Por último, hablar de valores récord de crecimiento de la población es erróneo, ya que la tasa máxima quedó fijada en 1964, con un valor del 2,17% anual, tal como aparece en la figura 13 de la página 94 [83]. Desde ese momento, la tasa se ha ido reduciendo, hasta alcanzar en 2000 un valor del 1,26%, que se espera llegue a menos del 1% en 2016. Incluso la cifra absoluta de incremento de población, que alcanzó su máximo en 1990, con un total de 87 millones, se ha reducido hasta 76 millones en 2000, y sigue disminuyendo.

Por lo tanto, en esta breve valoración del estado del mundo desde 1984, el Instituto Worldwatch muestra una serie de problemas, todos ellos mejorados desde entonces, y salvo uno cuyo estado es simplemente malo, en el resto las mejoras han sido importantes. No puede decirse que el resultado de estos dieciséis años de informes, en teoría meticulosamente documentados por el Instituto Worldwatch, haya sido satisfactorio. El problema, como resulta evidente, no es falta de datos –el Instituto Worldwatch publica abundantes tablas de datos bien contrastados – que incluso aparecen en este libro – sino la despreocupación provocada por al arraigada creencia en la Letanía.

Esta creencia se observa también en las visiones futuras del Instituto Worldwatch. Después de todo, en su evaluación del año 2000, prometían "desafíos aún más profundos" y "amenazas sin precedentes", que ensombrecían el futuro de la humanidad. [84] Estas amenazas se resumen a menudo en una conexión que casi se ha convertido en marca registrada del Instituto Worldwatch: la economía en continua expansión minará finalmente los sistemas naturales del planeta. En su edición de 2000, aseguran que "A medida que la economía global se extiende, los ecosistemas locales se están destruyendo a un ritmo acelerado". [85] Como es lógico, dicha destrucción acelerada debería apoyarse en datos. Pero el Instituto Worldwatch continúa diciendo:

A pesar de que el índice Dow Jones ha alcanzado valores máximos en los años noventa, los ecologistas han observado que las crecientes demandas humanas podrían provocar colapsos locales, situación en la que el deterioro reemplazaría al progreso. Nadie sabe cómo terminará esta evolución, que puede provocar escasez de agua, escasez de alimentos, enfermedades, conflictos étnicos internos o grandes conflictos de política exterior. [86]
Resulta curioso que en este documento no se nos ofrezca ningún dato sobre estas catástrofes. Es más, los ecologistas (anónimos) aseguran que las catástrofes se producirán, pero "ninguno" de ellos sabe de qué forma ocurrirá.

Y, por último, una lista tan general como la presentada, incluyendo conflictos étnicos internos, parece bastante incomprensible, mientras establecen una conexión con el desastre ecológico completamente inexplicada e indocumentada.

Pero justo después de esto, el Instituto Worldwatch nos proporciona su principal ejemplo del desastre, causado por una economía en expansión que destruye los ecosistemas locales: "La primera región en la que la decadencia está sustituyendo al progreso es el áfrica subsahariana. En esta región de 800 millones de habitantes, la esperanza de vida – un dato indicador del progreso – está disminuyendo precipitadamente debido a que los gobiernos, abrumados por el enorme crecimiento de la población, han sido incapaces de poner freno a la propagación del virus del sida". [87] Para que la implicación quede perfectamente clara, el Instituto Worldwatch señala que esta infección de sida "sugiere que algunos países pueden haber cruzado el umbral de la decadencia".[88]

El principal ejemplo de la destrucción de un ecosistema es, curiosamente, el menor de ellos. Sí es cierto que la epidemia de sida se ha extendido y ha reducido la esperanza de vida del áfrica subsahariana, y también que en algunos países estas cifras han descendido de forma alarmante (esto lo veremos en la Parte segunda). No obstante, ¿puede ser una creciente economía que destruye el ecosistema la causante de esta disminución en la esperanza de vida? En uno de los últimos informes sobre el sida en áfrica se explica claramente cuál es la verdadera cusa:

Los altos niveles de sida surgen del error de los dirigentes políticos y religiosos de áfrica, al no reconocer una realidad social y sexual. Los medios para contener y vencer la epidemia son bien conocidos, y tendrían efecto si los líderes consiguieran inculcárselos a la población. La falta de un cambio en el comportamiento individual y de la implementación de una política gubernamental efectiva parte de la actitud ante la muerte y del silencio sobre la aparición de la epidemia por creencias sobre su naturaleza y la muerte.[89]
De forma similar, en un artículo de The Lancet, se dice que:

Son dos los principales factores causantes de la epidemia de sida en los países en desarrollo: el primero es la desgana de los gobiernos de los distintos países a la hora de responsabilizarse de la prevención frente al virus; el segundo es un fallo cometido tanto por los gobiernos nacionales como por las agencias internaciones a la hora de establecer prioridades realistas que puedan afectar al total de la epidemia en países con escasos recursos y mínima capacidad de ejecución. [90]

 
Dicho de otro modo, la rápida propagación del sida en áfrica se debe a factores políticos y sociales. La tragedia es evidente, y reclama atención y esfuerzo por parte de los países desarrollados, pero no es un indicador de una catástrofe ecológica causada por una economía en expansión. Más aún, la obsesión del Instituto Worldwatch por resaltar cómo han encontrado finalmente un ejemplo concreto en el que la decadencia sustituya al progreso resulta mal ubicada y sin fundamento.[91]

Pero el Instituto Worldwatch también nos proporciona otro ejemplo concreto de desastre ecológico, cuando advierte sobre los peligros de las interacciones complejas. Permítanme que incluya el párrafo completo para observar la increíble transición de reivindicaciones generales a ejemplos concretos:

El riesgo en un mundo que incrementa su población en 80 millones de personas al año consiste en que los límites de tanta producción sostenible se superarán en pocos años, generando consecuencias ciertamente inimaginables. Históricamente, cuando las civilizaciones antiguas vivían largos períodos de aislamiento, las consecuencias de superar sus límites eran únicamente locales. Hoy día, en la edad de la economía global, superar los límites en cualquier país grande puede generar presiones adicionales sobre los recursos de otros países. Por ejemplo, cuando Pekín hizo público el plan de represar la cuenca alta del río Yangtse en 1998, el crecimiento en la demanda de productos forestales de los países vecinos del Sudeste Asiático intensificó la presión sobre los bosques restantes de la región. [92]
Por lo tanto, el mejor ejemplo que el Instituto Worldwatch puede proporcionarnos acerca de los incontrolables desastres mundiales es un cambio, de dimensiones no documentadas, en la producción de madera, que la mayoría de los economistas definirían como una decisión de producción efectiva: básicamente, el gobierno chino ha descubierto que la producción de árboles en la cuenca alta del río Yangtse es del todo negativa, porque los árboles son más útiles para controlar las inundaciones. Irónicamente, el Instituto Worldwatch señala que esta prohibición es una prueba de que "los principios del ecologismo están sustituyendo a las economías básicas en la gestión de los bosques nacionales".[93] El motivo es que, desde el punto de vista de Pekín, "resulta que los árboles en pie valen tres veces más que talados, sencillamente por la capacidad que tienen los bosques para almacenar agua y controlar las inundaciones".[94] Como es lógico, esto sólo es un simple y sencillo análisis social de costes y beneficios sobre bienes económicos, no medioambientales.

En conclusión, las destacadas y repetidas afirmaciones del Instituto Worldwatch que hemos analizado aquí parecen indicar que las previsiones de la Letanía sobre un desastre ecológico se basan en ejemplos muy frágiles o simplemente en la buena o mala fe de cada uno. También merece la pena señalar cómo estas citas demuestran el peligro de argumentar a partir de ejemplos aislados en lugar de tendencias globales, como hemos visto en los ejemplos anteriores.

Por supuesto, aunque estas citas muestran algunos de los argumentos de mayor peso para justificar la Letanía en El estado del mundo, el Instituto Worldwatch ofrece una larga lista de otros ejemplos y análisis sobre distintas áreas, y a lo largo de este libro iremos comentándolos en relación con los temas que vayamos tratando.

REALIDAD: EL FONDO MUNDIAL PARA LA NATURALEZA

El FMPLN (WWF) centró su interés a finales de 1997 en los incendios que arrasaban los bosques de Indonesia, causando espesas nubes de humo que cubrían gran parte del Sudeste Asiático. No hay duda de que este fenómeno resultó dañino para los habitantes de las ciudades, pero el WWF subrayó el hecho de que los incendios forestales no eran más que una señal de que los bosques del mundo estaban "en peligro", noticia que el Instituto Worldwatch ya había anunciado en 1997 como uno de los primeros signos de un desastre ecológico. [95]

El WWF proclamó 1997 como "el año en el que se incendió el mundo", porque "en 1997, el fuego arrasó más bosques que en cualquier otra época de la historia".[96] Resumiendo, el presidente de WWF, Claude Martin, aseguró, sin lugar a dudas, que "no se trata únicamente de una emergencia; es un desastre planetario".[97] Pero tras una inspección más detallada, tal como puede verse en la sección de este libro dedicada a los bosques, las cifras no apoyan esta denuncia: 1997 estuvo bastante por debajo del récord, y el único motivo por el que en ese año los incendios de bosques en Indonesia fueron noticia es el hecho de que por primera vez irritó tremendamente a los habitantes de las ciudades.[98] En total, los incendios forestales en Indonesia afectaron aproximadamente al 1% de los bosques de ese país.

De forma similar, WWF en 1997 aseguró en una nota de prensa: "Dos terceras partes de los bosques del mundo se han perdido para siempre".[99] Tanto en esta nota como en su informe anual sobre bosques de 1997, explicaban cómo "las últimas investigaciones llevadas a cabo por WWF muestran que al menos dos terceras partes de la cubierta forestal original de la Tierra se habían perdido". [100] Esta afirmación me resultó asombrosa, ya que la mayoría de las fuentes consultadas cifraban esas pérdidas en un 20%.[101]

Esta incongruencia me llevó a llamar a WWF en Inglaterra y a hablar con Rachel Thackray y Alison Lucas, que habían sido las responsables de la nota de prensa, y pedí ver el informe de investigación de WWF. Todo lo que pudieron decirme fue que, en realidad, nunca había existido ese informe y que WWF obtuvo los datos de Mark Aldrich, del World Conservation Monitoring Centre. Aparentemente, sólo se habían fijado en los datos máximos, y debido a problemas de definición habían incluido los bosques del hemisferio Norte en la primera valoración de la cubierta forestal original, pero en la posterior los habían omitido. [102]

A partir de este no–informe, el WWF nos decía: "Ahora que sabemos la extensión de bosque perdido… Lo realmente aterrador es que el ritmo de destrucción de bosques se ha acelerado tremendamente en los últimos cinco años y continúa aumentando".[103] Sin embargo, la ONU nos dice que la tasa de deforestación fue de un 0,346% en los años ochenta y de sólo un 0,32% en el período 1990–1995, lo que supone que no sólo no se ha incrementado tremendamente, sino que se ha reducido.[104]

El WWF nos cuenta que la deforestación es máxima en Brasil, donde "sigue produciéndose la mayor tasa anual de bosques perdidos de todo el planeta".[105] Los datos reales nos demuestran que la tasa de deforestación en Brasil se encuentra entre las menores dentro de los bosques tropicales; de acuerdo con los datos proporcionados por la ONU, la tasa de deforestación anual en Brasil es del 0,5%, frente al 0,7% anual de media.[106]

Aludiendo a material más reciente, el WWF ha reducido su estimación sobre la cubierta forestal original desde 8.080 hasta 6.793 millones de hectáreas (cerca de un 16%), mientras que lo que ha aumentado es su estimación sobre la cubierta actual, desde 3.044 hasta 3.410 millones de hectáreas (cerca de un 12%), aunque su estimación actual sigue estando 100 millones de hectáreas por debajo de las previsiones de la ONU.[107] Esto significa que WWF ha bajado su estimación desde un 62,3% hasta un 49,8% en lo que se refiere a bosques terrestres que han desaparecido.[108]

Aun así, este valor sigue estando muy por encima del 20% que se estima normalmente. No obstante, dos investigadores independientes, de las universidades de Londres y Sussex,[109] han tratado de evaluar las fuentes y los datos utilizados por el WWF, por el World Conservation Monitoring Centre y por otros para obtener unas estimaciones tan pesimistas sobre la desaparición de bosques. Teniendo en cuenta la enorme cantidad de datos, ambos científicos se han centrado en la evaluación de bosques perdidos en el oeste de áfrica, un lugar en el que WWF/WCMC ha estimado una pérdida de bosques de un 87%, o lo que es lo mismo, de 48,6 millones de hectáreas. [110]

Curiosamente, tras consultar la documentación, resulta que los datos se han basado sobre todo en zonas de bosques bioclimáticamente problemáticos, comparando los bosques que hay hoy con los que se supone que había en la antigüedad. En general, los investigadores descubrieron que "las estadísticas sobre bosques perdidos en la actualidad presentan una masiva exageración durante el siglo XX".[111]

El resultado demuestra que en el oeste de áfrica la tasa de deforestación actual está entre 9,5 y 10,5 millones de hectáreas, es decir, cinco veces menos de lo expuesto por WWF/WCMC.[112]

Por último, WWF utiliza estas estimaciones, entre otras medidas, para redactar el llamado Living Planet Index, que supuestamente muestra un descenso del 30% en los últimos veinticinco años – "lo que implica que el mundo ha perdido el 30% de su riqueza en el espacio de una sola generación".[113] Este índice utiliza tres medidas: la extensión de los bosques naturales (sin incluir las plantaciones), y dos índices de cambios de población en especies seleccionadas de vertebrados marinos y de agua dulce. El índice resulta tremendamente problemático.

En primer lugar, la exclusión de las plantaciones asegura un descenso en la cubierta vegetal (ya que las plantaciones siguen aumentando), pero no resulta nada claro si dichas plantaciones son o no negativas para la naturaleza en conjunto. Las plantaciones producen la mayoría de los beneficios forestales, reduciendo así la presión sobre otros bosques – en Argentina, el 60% de toda la madera se obtiene de plantaciones que constituyen únicamente el 2,2% del total de la superficie forestal, lo que permite la salvación del 97,8% de bosques restante.[114]

Mientras que WWF mantiene que las plantaciones "constituyen grandes extensiones de superficie forestal" [115], la verdad es que sólo representan el 3% del total de bosques del planeta.[116] En segundo lugar, cuando se utilizan 102 especies marinas seleccionadas y 70 especies de agua dulce igualmente seleccionadas, es imposible asegurar que dichas especies representen al innumerable resto de especies. En realidad, la investigación se realizó utilizando especies que presentaban ciertos problemas (aspecto en el que profundizaremos en el siguiente capítulo, pero básicamente debido a que las especies en peligro son aquellas sobre las que necesitamos más información para poder actuar en su defensa), lo que indujo sin duda a que el estudio presentara un resultado claramente negativo.

En tercer lugar, si queremos evaluar el estado del planeta, tendremos que basarnos en muchos más datos y de bastante mejor calidad. Esto se hace más evidente cuando el WWF cita un nuevo estudio, que tasa en 33 billones de dólares anuales las pérdidas producidas en el ecosistema (en la Parte quinta analizaremos este problemático estudio, que valora las pérdidas en el ecosistema por encima de los 31 billones de dólares que suponen la producción de todo el planeta).[117] Según los informes del WWF, esto implica que cuando el Living Planet Index ha descendido un 30%, significa que ahora obtenemos un 30% menos del ecosistema cada año –o lo que es lo mismo, que ahora perdemos cerca de 11 billones de dólares al año.[118]

Una queja como esta resulta casi absurda.[119] El rendimiento obtenido a partir de los bosques no sólo no ha disminuido, sino que se ha incrementado cerca de un 40% desde 1970. [120] Además, el increíble valor del océano y de las áreas costeras está en el reciclaje de nutrientes, dato que el Living Planet Index ignora por completo. Además, la producción de alimento marino casi se ha duplicado desde 1970 (véase la fig. 57, pág. 171). Por todo ello, utilizando sus propias medidas, no sólo no hemos experimentado una pérdida en el valor del ecosistema, sino que dicho valor se ha incrementado.

REALIDAD: GREENPEACE

En la prensa danesa he indicado que llevamos mucho tiempo escuchando cifras muy altas relativas a la extinción de especies –algo así como que en tan sólo una generación desaparecerán cerca de la mitad de las especies existentes. Pues bien, el dato real se aproxima a un 0,7% en cincuenta años. Esta afirmación procede del presidente danés de Greenpeace, Niels Bredsdorff, quien indicó que la organización aceptaba la cifra del 0,7%.[121]

Sin embargo, en el informe oficial sobre biodiversidad de esa organización se decía que "se espera que la mitad de las especies del planeta desaparezcan en el plazo de setenta y cinco años".[122] El presidente nunca ha mencionado oficialmente este informe, pero intentó persuadir a Greenpeace Internacional para que quitara dicho informe de Internet, porque en él no aparecía ni una sola referencia científica.

La televisión noruega confrontó además a Greenpeace de Noruega con este informe y les acorraló. Cuatro días después decidieron convocar una rueda de prensa en la que se plantearon todos los puntos generales que yo había mencionado y volvieron a evaluar su trabajo. El periódico noruego Verdens Gang publicó lo siguiente:

Hemos tenido problemas para adaptar el movimiento ecologista a la nueva realidad, indicó Kalle Hestvedt, de Greenpeace. El cree que el pesimismo unidireccional acerca de la situación debilita la credibilidad de las organizaciones ecologistas. Hestvedt mantiene que la mayoría de la gente discrepa de la supuesta catástrofe que se cierne sobre el planeta, lo que les impide tomar en serio a las organizaciones ecologistas. [123]
De forma resumida, Greenpeace señala: «Lo cierto es que muchos aspectos medioambienta-les por los que hemos luchado en los últimos diez años ya han sido resueltos. No obstante, la estrategia continúa centrándose en la asunción de que "todo se está yendo al infierno"». [124]
REALIDAD: ERROR EN ESTADíSTICAS
Y DATOS ECONóMICOS NEGATIVOS

La cantidad de afirmaciones erróneas vertidas en distintos medios es impresionante. Intentare-mos resumir algunas de ellas, además de mostrar la frecuente actitud negativa hacia los argumentos económicos.

Una de las inquietudes más recientes, la referente a la recreación de hormonas humanas y animales mediante química sintética, ha recibido un enorme estímulo gracias a la publicación del popular libro científico Our Stolen Future.[125] En la Parte cuarta analizaremos sus argumentos, pero de momento podemos asegurar que el libro basa gran parte de su argumentación en una supuesta conexión entre las hormonas sintéticas y el cáncer de mama. En él 29 se asegura que "indudablemente, la tendencia más alarmante en lo que atañe a la salud de la mujer es la creciente tasa de cáncer de mama, el más frecuente de los cánceres en las mujeres".[126] ¿Cuál es la relación?

"Desde 1940, cuando comenzó la era química, los fallecimientos por cáncer de mama se han ido incrementando a razón de un 1% anual en Estados Unidos, proporción similar a la alcanzada en otros países industrializados. Estas tasas de incidencia han sido medidas por edades, de forma que reflejan verazmente las tendencias y no los cambios demográficos como el envejecimiento de la población". [127]

Un incremento del 1% desde 1940 significaría una errónea cifra de crecimiento total del 75% en los casos de muerte por cáncer de mama en 1996, fecha de publicación del libro. [128] Sin embargo, esta afirmación es completamente errónea, tal como podemos observar en la figura 119 (pág. 307). En el momento en que se escribió el libro Our Stolen Future, la tasa de muerte por edades había descendido cerca de un 9% desde 1940; los últimos datos disponibles de 1998 indican un descenso en esta cifra de un 18%.[129]

El informe The Global Environmental Outlook Report 2000 nos indica también los numerosos problemas que el planeta presenta en lo que al agua se refiere. [130] Aunque será en la Parte cuarta cuando profundicemos en este tema, GEO 2000 exagera tremendamente al hacer referencia a cifras. "A lo largo y ancho de nuestro planeta, las estimaciones indican que el agua contaminada afecta a la salud de unos 1.200 millones de personas y anualmente causa la muerte de unos quince millones de niños menores de cinco años". [131]

Sin embargo, la OMS estima el número total de muertes entre niños menores de
cinco años en unos diez millones. [132] Del mismo modo, el informe refleja que "el crecimiento en la demanda de agua para los municipios y las industrias ha generado conflictos sobre el modo de distribución y los derechos sobre el agua. Los recursos hídricos suponen actualmente una enorme limitación al crecimiento y han limitado las actividades económicas previstas por los analistas, en especial en las áridas tierras del oeste y el sudoeste de Estados Unidos". [133] Pero esta referencia no menciona la influencia de las restricciones de agua en el crecimiento económico de Estados Unidos. [134]

Prácticamente cada año, el Instituto Worldwatch resalta que el uso de fuentes de energía renovables crece a un ritmo mucho mayor que el de los combustibles convencionales – en los años noventa el crecimiento fue de un 22%, comparado con menos del 2% para el petróleo. [135] No obstante, esta comparación resulta algo engañosa: ya que la energía eólica abarca tan sólo el 0,05% de toda la energía, llegar a conseguir tasas superiores al 10% parece bastante lejano. En 1998, la cantidad de energía correspondiente al 2% de incremento en el petróleo seguía siendo 323 veces mayor que el 22% de incremento en la energía eólica. [136] Incluso en el improbable caso de que la tasa de crecimiento de la energía eólica siguiera aumentando, tardaría cuarenta y seis años, a un 22% de incremento anual, en superar el petróleo. [137]

De igual forma, el movimiento ecologista desearía que las energías renovables fueran más baratas que los combustibles fósiles. Pero si utilizamos argumentos económicos, suelen aparecer enormes carencias de rigor. Muchos ecologistas argumentan que si se midiera el coste de la contaminación por carbón o por residuos en cifras de personas y medio ambiente, las energías renovables resultarían más baratas. [138] No obstante, tres de los proyectos más ambiciosos –uno europeo y dos americanos – han intentado examinar todos los costes asociados a la producción eléctrica, desde los riesgos de mortalidad por extracción de carbón, los peligros del tráfico derivados del transporte y los riesgos profesionales atribuibles a la producción, como la lluvia ácida, el hollín, el dióxido de azufre, los óxidos de nitrógeno y el ozono sobre lagos, cultivos, edificios, niños y ancianos, hasta las consecuencias de impuestos y ocupación, además de una larga lista de costes y consideraciones similares. [139]

Pero ellos siguen encontrando los costes añadidos menores que la diferencia entre las energías renovables y los combustibles fósiles (véase también este asunto en la Parte tercera). [140] No obstante, no hay duda de que las energías renovables resultarán más baratas en un futuro a medio plazo, motivo por el cual no deberíamos preocuparnos tanto por el calentamiento global con el paso del tiempo (véase la Parte quinta).

El Instituto Worldwatch muestra otra dejadez similar acerca de los argumentos económicos cuando nos dice que "la energía eólica es actualmente competitiva frente a la electricidad generada a partir de combustibles fósiles". [141] Sin embargo, también nos dice que, en un futuro, será necesario que "la suficiencia sustituya al libertinaje como ética para el futuro paradigma energético". [142]

Pero, según el Instituto Worldwatch, esto será cierto porque no supone una merma considerable: "Los pequeños cambios, como el uso de coches y casas más pequeños, la sustitución del vehículo a motor por las bicicletas, seguiría permitiéndonos vivir de forma lujosa frente a los estándares históricos". [143] De este modo, aunque fuera cierto que aceptando vivir con menos comodidades seguiríamos estando mejor que en los "estándares históricos", en ningún caso significaría que estuviéramos tan bien como ahora. Posiblemente, sería una sociedad más soportable con un mejor medio ambiente, pero esta opción debería ser como mínimo presentada con claridad como una renuncia.

De forma similar, el Instituto Worldwatch pretende minimizar el gasto para evitar el calentamiento global a costa de la reducción de emisiones de CO2. Citando a Thomas Casten, un CEO (jefe oficial ejecutivo) de una pequeña empresa de energías renovables, aclaran que "las pequeñas pero enormemente eficaces plantas energéticas que su empresa proporciona pueden triplicar la efectividad energética de otras plantas mayores, más antiguas y menos efectivas. La cuestión –dice él– no es cuánto costará la reducción de las emisiones de carbón, sino quién va a recoger los enormes beneficios de este cambio". [144]

Sin embargo, el Instituto Worldwatch augura también que en el siglo XXI "la batalla por el clima podrá asumir el tipo de importancia estratégica equiparable a la que las guerras – tanto la fría como la caliente – han tenido durante el siglo XX". [145] Con el respaldo de un buen número de científicos que escriben en Nature, el Instituto Worldwatch sostiene que el desarrollo de las tecnologías necesarias para combatir el cambio climático requerirá un gigantesco esfuerzo de investigación, conducido con la urgencia del Proyecto Manhattan. [146] Quizá sea conveniente comentar también que tanto la Guerra Fría como el Proyecto Manhattan resultaron aventuras bastante caras.

REALIDAD: PROBLEMAS CON EL AGUA

La disputa por el agua genera tremendos quebraderos de cabeza –tendremos suficiente, llegará la escasez a generar guerras por ella, etc.–. En los últimos años, la escasez de agua se ha convertido para el Instituto Worldwatch en uno de los ejemplos favoritos de futuros problemas. Aunque estos asuntos sobre el agua se tratan más detenidamente en el capítulo 13, ahora podemos comentar dos de las afirmaciones más habituales.

Uno de los libros de texto sobre medio ambiente más utilizados, Living in the Environment, afirma que "según un estudio del Banco Mundial de 1995, los treinta países que concentran el 40% de la población mundial (2.300 millones de personas) sufren actualmente una carestía de agua que amenaza su agricultura y su industria, así como la salud de su población". [147] Este estudio del Banco Mundial aparece en muchos textos medioambientales con cifras algo distintas. [148] Lamentablemente, ninguno menciona la fuente.

Con gran ayuda por parte del Banco Mundial, logré localizar el famoso documento. En él se descubre que el mito tuvo su origen en una nota de prensa precipitadamente redactada. El titular de dicha nota era este: "El planeta afronta una crisis del agua: el 40% de la población mundial padece escasez crónica de agua". [149] No obstante, si seguimos leyendo, de pronto queda claro que la gran mayoría de ese 40% no son personas que utilicen demasiada agua, sino que refleja a aquellos que carecen de acceso a instalaciones de agua corriente o saneamiento – justo lo contrario.

Si además leemos el memorándum al que hace referencia la nota de prensa, podremos comprobar que la crisis global del agua a la que se refieren Lester Brown y algunos otros no afecta al 40% de los seres humanos, sino a un 4% de la población mundial. [150] Y sí, es cierto que no eran treinta los países a los que se refería el Banco Mundial, sino ochenta. No obstante, es verdad que el mayor problema que el agua plantea actualmente a la humanidad no es que utilicemos demasiada, sino que hay mucha gente que no tiene acceso a ella. Se calcula que si pudiéramos asegurar agua potable y saneamiento a todas las personas que pueblan el planeta, se evitarían millones de muertes anualmente y lograríamos prevenir enfermedades graves en más de 5.000 millones de personas cada año. [151]

El coste único sería menor de 200.000 millones de dólares, o inferior a cuatro veces la ayuda mundial al desarrollo. [152] Por lo tanto, la cuestión más importante sobre el agua es si el acceso a ella y el saneamiento se han incrementado o no. Meter Gleick, uno de los mayores expertos en recursos hídricos, ha publicado un importante y comprometido libro sobre el agua, Water in Crisis, una concienzuda publicación de Oxford con cerca de quinientas páginas. No obstante, cuando evalúa el acceso al agua y al saneamiento, Gleick parece tropezar en la Letanía, tal como se ilustra en la figura 4.


 

Figura 4: Dos intentos de mostrar el desarrollo del acceso al agua limpia y a la sanidad. A la izquierda, la cantidad de gente sin servicios, 1980–2000. Observación: las cifras para 1990–2000 son incorrectas. Derecha, cantidad de personas sin servicios 1980–90, 1990–94, 1990–2000 en líneas de puntos. Observación: las líneas sólidas para 1980–94 son incorrectas. Fuente: Gleick 1993:10, 187–89. 1998:262, 264, 1999, Annan 2000:5

Desde 1980 a 1990, Gleick mantuvo la misma postura que este libro, afirmando, por ejemplo, que las cosas iban mejorando: cada vez son menos las personas que carecen de acceso al agua, y como en los países en desarrollo el número de habitantes ha aumentado en 750 millones en el mismo período, ahora mismo hay 1.300 millones de personas más que disfrutan de acceso al agua. La proporción de población que en los países en desarrollo cuenta con agua se ha incrementado, por lo tanto, de un 44 hasta un 69%, o lo que es lo mismo, en más de un 25%.

En lo que a saneamiento se refiere, el número de personas que carecen de él es similar (unos seis millones más), pero de nuevo, debido al crecimiento de la población, el número de personas que disfrutan ahora de saneamiento se ha incrementado en 750 millones de individuos – lo que aumenta la proporción desde un 46 hasta un 56%.[153] No obstante, el período comprendido entre 1990 y 2000, en la parte izquierda de la figura 4, indica que las cosas van a peor. Ahora hay mucha más gente que carece de agua o de alcantarillado. De hecho, la proporción volverá a caer entre diez y doce puntos porcentuales.

Pero si comprobamos los datos, descubrimos que todo lo que ha hecho Gleick ha sido suponer que en los noventa nacerán 882 millones de personas. Como ninguno de ellos tendrá desde un principio acceso al agua o a instalaciones de alcantarillado, simplemente añade toda esta cifra al total de desabastecidos. [154]

Como es lógico, esta suposición carece totalmente de sentido. Básicamente, Gleick nos dice que en la década de 1980 a 1990, 1.300 millones de personas disponían de instalaciones para acceder al agua. ¿Debemos entender, por lo tanto, que la cifra para el período 1990–2000 será cero? A pesar de todo, este gráfico se ha reproducido en numerosos lugares, e incluso ha sido distribuido en un influyente artículo sobre la escasez de agua. [155]

En 1996, Naciones Unidas publicó sus estimaciones oficiales sobre el acceso al agua y al saneamiento en el período 1990–1994. [156] El concepto exacto de qué es tener acceso al agua y al saneamiento es, obviamente, una cuestión de definición. (¿Cuál es la distancia a la que debe encontrarse la bomba de agua respecto a la casa? ¿Puede considerarse un agujero en el suelo como alcantarillado?) En 1996, la ONU utilizó su definición más restrictiva respecto al acceso a ambos servicios en los años 1990 y 1994. [157] Esto hizo que la estimación de la ONU para 1990 sobre el número de personas que carecían de ellos se incrementara considerablemente. [158]

Por lo tanto, en la parte derecha de la figura 4 puede verse que el número de personas sin acceso al agua en 1990 ya no era de 1.200 millones, sino de 1.600 millones, que después volvió a bajar en 1994 hasta 1.100 millones. Del mismo modo, el número de personas que carecían de sistema de alcantarillado no era de 1.700 millones, sino de 2.600 millones, que se incrementó en 1994 hasta 2.900 millones. Gleick nos proporciona ambos conjuntos de datos en su libro de texto [159], pero cuando presenta las pruebas en una conocida revista sólo muestra las cifras originales de 1980 y las revisadas en 1994. [160] En contra de toda lógica, está comparando dos cifras absolutamente incomparables. El resultado sugiere que la disminución en el número de personas sin agua fue mucho menor de lo que en realidad ha sido, al tiempo que el incremento en el número de personas sin alcantarillado fue mucho mayor de lo que en realidad ha sido.

En abril de 2000 se publicó la última estimación de Naciones Unidas para el período 1990–2000, en la que se indicaba que tanto la cifra de personas sin acceso al agua como la de carentes de saneamiento se habían reducido durante dicha década. [161] Teniendo en cuenta que esa década había aportado al mundo en desarrollo 750 millones de personas, podemos afirmar que hay otros tantos millones de personas más con acceso a agua potable y servicios de saneamiento. Por lo tanto, la proporción de personas con acceso a esos servicios se ha incrementado considerablemente. En la figura 5 podemos ver que el porcentaje de personas de países en desarrollo con acceso a agua potable ha pasado de un 30% en 1970 a un 80% en 2000. De igual forma, el porcentaje de gente que dispone de sanitarios se ha incrementado desde un 23% en 1970 hasta un 53% en 2000.

Aunque todavía queda mucho por hacer, especialmente en servicios de saneamiento, el principal problema del agua está mejorando.

[16]
REALIDAD: PIMENTEL Y LA SALUD GLOBAL, I

La investigación medioambiental más básica es lógica e imparcial, lo que le permite generar cifras y tendencias que después se utilizan en interpretaciones como El estado del mundo del Instituto Worldwatch e incluso en este libro. Sin embargo, existe un importante número de artículos, incluso en periódicos serios, que intentan hacer valoraciones sobre áreas muy amplias y en los que la creencia en la Letanía se impone y genera trabajos alarmistas y de muy dudosa calidad. La mayoría de estas afirmaciones incorrectas están documentadas en este libro, aunque en ningún caso resultaría instructivo analizar la anatomía de dichas afirmaciones. Mi intención no es la de mostrar al lector un ejemplo aislado o seleccionar algún error de bulto, sino mostrar el alcance y profundidad de la chapuza, así que tendré que tocar algunas bases a las que iremos volviendo a lo largo del libro.

El profesor David Pimentel, de la Universidad de Cornell, es un ecologista muy conocido y citado, responsable – entre otros muchos argumentos – de una estimación sobre la erosión global mayor que ninguna otra (la estudiaremos en la Parte tercera) y padre del argumento de defiende, como población ideal para que Estados Unidos resulte sostenible, una cifra entre 40 y 100 millones de habitantes (lo que significaría una reducción del 63–85% de la población actual). [163]

En octubre de 1998, el profesor Pimentel publicó como autor principal un artículo sobre "Ecología de la enfermedad creciente" en la prestigiosa revista BioScience. [164] La premisa básica del artículo es que el incremento de la población llevará a su vez al incremento en el deterioro del medio ambiente, a una mayor contaminación y, por lo tanto, a más enfermedades humanas. En el artículo se mencionaban muchos otros casos y tendencias negativas, a pesar de que bastantes de ellos tenían bien poco que ver con el tema.

El artículo de Pimentel comete repetidamente los errores sobre los que hemos hablado antes, pero lo realmente importante es que se trata de un artículo erróneo y claramente engañoso en todas sus conclusiones principales. A pesar de ello, el artículo se cita y utiliza frecuentemente para explicar la decadencia del planeta. [165]

Cuando analiza las tendencias, Pimentel utiliza alegremente descripciones a muy corto plazo. El autor se fija en la enfermedad infecciosa que más muertes causa, la tuberculosis, y afirma que ha pasado de matar a 2,5 millones de personas en 1990 hasta 3 millones en 1995, además de pronosticar la cifra de 3,5 millones de muertos en 2000. [166] Sin embargo, en 1999, el número total de bajas producidas por la tuberculosis fue de 1,669 millones, y la OMS, la fuente que suele utilizar Pimentel, estima una cifra aproximada de dos millones para la década de los noventa. [167]

Aunque las predicciones pueden generar errores, la comparación de Pimentel con su incidencia en Estados Unidos es bastante problemática: "Los patrones de infección por tuberculosis en Estados Unidos son similares a los del resto del mundo, donde los casos de tuberculosis se incrementaron aproximadamente en un 18% desde 1985 a 1991". [168] Aunque técnicamente es cierto, en la figura 6 se aprecia con claridad que esta cifra es engañosa. Pimentel ha tomado el número más bajo de casos de tuberculosis (22.201 casos en 1985) y los ha comparado con la cifra más alta de 1991 (26.283 casos). Pero si utilizamos prácticamente cualquier otro año, observaremos que la cifra desciende. Incluso en 1996, dos años antes del artículo de Pimentel, el número total de casos era inferior al de 1985.

Las cifras más recientes, del año 1999, muestran un total de 17.531 casos. Más aún, la comparación de cifras absolutas casi siempre genera problemas; si tenemos en cuenta que la población de Estados Unidos se ha incrementado un 6% entre 1985 y 1999 [169], cabría esperar que los casos de tuberculosis hubieran crecido en una proporción similar. Si tomamos la tasa por cada 100.000 habitantes, el incremento en ese período casi desaparece (ligeramente inferior a un 12%) y la tasa ha descendido desde entonces cerca de un 31% desde 1985 y casi un 38% desde 1991.

De forma similar, la tasa de fallecimientos por tuberculosis ha disminuido más de un 40% desde 1985. [170] El único motivo por el que Pimentel encuentra un incremento en los casos de tuberculosis es porque elige exactamente los años que le permiten mostrar tendencias parciales.

Por otra parte, cuando alude al peligro de productos químicos y pesticidas, Pimentel intenta crear una conexión haciendo hincapié en que "en Estados Unidos, el número de muertes relacionadas con el cáncer de cualquier tipo aumentó desde 331.000 en 1970 hasta aproximadamente 521.000 en 1992". [171]

Sin embargo, vuelve a ignorar el incremento de la población (un 24%) y su envejecimiento (lo que favorece claramente el número de cánceres). De hecho, la tasa de mortalidad por cáncer ajustada por edades en Estados Unidos fue menor en 1996 que en 1970, a pesar del incremento de muertes de fumadores pasivos; y ajustada al tabaco, la tasa ha ido disminuyendo de forma regular desde 1970 aproximadamente un 17%. Por la Parte cuarta se muestran con detalle estos datos (fig. 117, pág. 308), sobre los que discutiremos con más calma.


 
Figura 6: Cantidad y tasa de casos de tuberculosis en los EEUU, 1945–99– Los dos años, 1985 y 1991, escogidos por Pimentel, están indicados por cuadrados. Fuente: CDC 1995:69–79, CDC 1999g:79. 2000a:858, USBC 2000c.
Pimentel escoge y selecciona gran cantidad de cifras para demostrar que las cosas van claramente a peor, como cuando dice que los casos de malaria fuera de áfrica fueron disminuyendo hasta 1980 y desde entonces se mantienen estables –y después sólo muestra datos de países en los que los casos de malaria han aumentado. [172] No obstante, aunque el número de casos se mantiene más o menos estable, curiosamente ignora aquellos países en los que la disminución de la incidencia de la enfermedad ha sido enorme, como por ejemplo el país más grande del mundo, China, donde la enfermedad ha disminuido entre un 90 y un 99% desde principios de los ochenta. [173]

A veces las cifras son claramente erróneas, como cuando Pimentel reclama que "en Tailandia, el incremento de infecciones por VIH en varones pasó del 1% de 1998 al 40% de 1992". [174] Ni siquiera las llamadas trabajadoras del sexo han alcanzado nunca la cifra del 40% de infectadas, según reflejan los datos existentes desde 1989. [175] De hecho, los varones tratados por enfermedades de transmisión sexual desde 1989, habitualmente con los porcentajes más altos, "sólo" han alcanzado un 8–9%.[176] UNAIDS estima que la incidencia en la población adulta es de un 2,15%, algo menor que la de los varones jóvenes. [177]

Además, Pimentel afirma que "aunque el uso de gasolina con plomo en Estados Unidos ha descendido desde 1985, las emisiones que otras fuentes lanzan a la atmósfera siguen siendo alrededor de 2.000 millones de kilos anuales". [178] No obstante, el total de emisiones en Estados Unidos ha descendido en un 83% desde 1985, y hoy día se calcula que son 3.600 toneladas, o lo que es lo mismo, más de quinientas veces inferior a la cifra de Pimentel. [179] Parece obvio que la cifra (a partir de 1985, nada menos) hace referencia a las emisiones de todo el planeta en aquel momento. [180]

REALIDAD: PIMENTEL Y LA SALUD GLOBAL, II

Hasta ahora hemos revisado gran cantidad de afirmaciones individuales y carentes de rigor. Pero las estudiamos con el propósito de demostrar que se utilizan para respaldar los argumentos principales.

El motivo por el que Pimentel presenta estas quejas – a veces incorrectas – no es otro que demostrar el constante aumento de las enfermedades humanas. [181] El origen de todo es el incremento de seres humanos, que causa un "crecimiento sin precedentes de la contaminación del aire, del agua y del suelo, gracias, entre otros factores, a los desechos químicos y orgánicos", además de producir desnutrición. [182]

Pimentel afirma que hay más de 3.000 millones de personas desnutridas, "la cifra más alta desde que el mundo existe". [183]

También asegura que el 40% de todas las muertes tienen su origen en "distintos factores medioambientales, especialmente los contaminantes químicos y orgánicos". [184] La consecuencia directa de la desnutrición y la contaminación es el aumento de las enfermedades, en especial de las infecciosas. [185] Curiosamente, todos estos puntos principales del artículo de Pimentel son erróneos y/o seriamente falsos.

Estudiemos primero las conclusiones intermedias. Pimentel mantiene que la desnutrición presenta las cifras más negativas de la historia: "En 1950, 500 millones de personas (el 20% de la población mundial) se consideraban desnutridos. Actualmente, son más de 3.000 millones de personas (la mitad de la población mundial) los que sufren desnutrición, cifras y porcentajes jamás alcanzados antes". [186] Este es el argumento principal que Pimentel ha repetido hasta el año 2000, añadiéndole además que el número de desnutridos "aumenta cada año". [187] La fuente de la que extrae los datos referentes a 1950 es The World Food Problem, de David Grigg (1993), mientras que los datos de 1996 se han extraído de una nota de prensa de la OMS.

Sin embargo, estas dos fuentes utilizan definiciones muy diferentes de lo que es carecer de alimentos. Grigg utiliza la definición más habitual, las calorías. Si una persona ingiere menos del 20% del mínimo físico, se le considera desnutrida o hambrienta. En la figura 7 se muestra la tendencia desde 1949 a 1979. El número de desnutridos aumenta primero desde 550 hasta 650 millones, para descender después hasta 534 millones. Si tenemos en cuenta que la población del mundo en desarrollo aumentó en 1.600 millones de personas en el período 1949–1979, se puede deducir que hay mucha más gente en estos países que ahora ya no está desnutrida, o también que el porcentaje de gente que pasa hambre ha descendido desde un 34 hasta un 17%.

Desde 1970, la FAO ha elaborado una estadística similar; utilizando únicamente una definición más amplia, que aumenta hasta el 55% por debajo del mínimo físico, con el consiguiente incremento de las cifras. De esta forma, el número de personas desnutridas desciende desde los 917 millones de 1970 hasta los 792 millones de 1997, y se espera que alcance los 680 millones en 2010 y los 401 millones en 2030. También debido a que la población del Tercer Mundo se ha incrementado en 1.900 millones desde 1970, el porcentaje de hambrientos ha descendido aún más deprisa, desde el 35 hasta el 18% en 1996, y seguirá bajando hasta el 12% en 2010 y el 6% en 2030. Por lo tanto, si queremos comparar el intervalo completo, podemos imaginar que desplazamos la parte izquierda de la figura 7 hasta alinearla con la parte derecha. Así podremos ver que el número de personas hambrientas ha descendido y que el porcentaje ha caído en picado.

Grigg plantea también otras dos formas de medir la desnutrición, comprobando que "entre 1950 y 1980, el suministro de alimento por persona aumentó en todo el mundo, en los países desarrollados, en los que pretenden estarlo y en todas las zonas importantes". [188]

La nota de prensa de la OMS cita la desnutrición de micronutrientes. Básicamente se trata de la carencia de yodo, hierro y vitamina A. [189] Aunque ambas medidas se han valorado de forma similar en lo que a muertes se refiere [190], se trata de dos parámetros completamente distintos. Evitar los problemas generados por los micronutrientes suele ser mucho más barato que producir más calorías, ya que sólo se requiere información y aporte de suplementos, bien en la comida o en una pastilla de vitaminas. [191] El tema de los micronutrientes se empezó a tener en cuenta en la década pasada, por lo que los datos de que disponemos sólo abarcan ese período. [192] Hasta ahora se ha producido una reducción del 40% en la carencia de vitamina A, y más del 60% de la sal está enriquecida con yodo. [193]


 
Figura 7: Población desnutrida, 1949–2030, en cifras (millones) y porcentaje (del mundo en desarrollo). Predicción para 1998–2030. Las estimaciones para 1949–79 cuentan como desnutridos a individuos con menos del 20% por encima del mínimo físico (1,2 BMR), mientras que las estimaciones para 1970–2030 usan una definición algo más inclusiva de 55% por encima del mínimo físico (1,55 BMR). Fuente: Grigg 1993:50, WFS 1995:1:Tabla 3, FAO 1992:29, 2000c:2000d:20. Por lo tanto, Pimentel se equivoca cuando compara los 500 millones de desnutridos con los 3.000 millones de habitantes que carecen de micronutrientes. Más aún, se equivoca también cuando dice que cada vez hay más gente desnutrida. De hecho, ambos indicadores muestran una gran mejora desde que empezaron a cuantificarse.

De forma similar, el artículo de Pimentel mantiene desde un principio que "hemos calculado que cerca de un 40% de las muertes que se producen en el mundo pueden atribuirse a varios aspectos medioambientales, especialmente a los contaminantes químicos y orgánicos". [194] Este dato se ha convertido en el más citado del artículo, porque parece respaldar con nitidez que la contaminación está matándonos. [195] De hecho, en un ejemplar del boletín que edita el Centers for Disease Control, se resume el artículo en un único punto: la creciente contaminación "nos lleva a una conclusión inequívoca: la vida en la Tierra nos está matando". [196]

Utilizando una estimación de 50 millones de muertes al año (en el artículo ni siquiera aparece una estimación), el 40% significa que Pimentel augura 20 millones de muertes por contaminación. [197] Pero, extrañamente, nunca se hace referencia explícita a ese 40%. Lo realmente extraño es que la OMS calcula que el total de muertes producidas por contaminación atmosférica, sin duda la más dañina de todas las contaminaciones, es poco más de medio millón de personas al año. [198]

Sin embargo, en la página siguiente, Pimentel vuelve a citar su punto de vista: "Basándonos en el aumento de contaminantes en el aire, el agua y el suelo en todo el mundo, calculamos que el 40% de las muertes humanas que se producen cada año se deben a la exposición a la contaminación medioambiental y al hambre". [199] De forma sorprendente, ese 40% está causado ahora, además de por los contaminantes, por el hambre. Por último, en la conclusión, se incluyen todos los factores: "Actualmente, el 40% de los fallecimientos se deben a distintos factores medioambientales, como los contaminantes químicos, el tabaco y la desnutrición". [200] En una entrevista, Pimentel aclara que el tabaco es en realidad "la suma de los humos de distintas fuentes, como el tabaco y los combustibles vegetales". [201]

Según las referencias del propio Pimentel, la desnutrición se cobra entre seis y catorce millones de vidas, el humo derivado de cocinar con combustibles vegetales es el responsable de cuatro millones de muertes en el Tercer Mundo y el tabaco mata a tres millones de personas. [202] Las estimaciones sobre desnutrición se acercan bastante a la cifra de catorce millones de personas, [203] lo que significa que estos tres factores ya completan el 40%. Por lo tanto, aunque la presentación de los datos resulta tan confusa que impide afirmar que sean totalmente falsos, sí parece obvio que esa cifra del 40% de muertes derivadas de la contaminación es, cuando menos, gravemente dudosa.

Por último, llegamos a la afirmación principal de Pimentel, en la que asegura que las infecciones han aumentado y seguirán haciéndolo. Ambas quejas son falsas. El motivo por el que Pimentel nos cuenta estas historias (a menudo incorrectas) y proporciona ejemplos de muchas enfermedades nuevas es hacernos creer que la frecuencia de las enfermedades debe de estar incrementándose. Después de todo, con tantos nombres de enfermedades, deberá de ser verdad; ¿o no? Muchos otros polemistas han utilizado este argumento. [204] No obstante, debemos preguntarnos: ¿cómo es posible que la esperanza de vida esté aumentando si cada vez estamos más y más enfermos? (En la Parte segunda trataremos el tema de las enfermedades y la esperanza de vida.) Y ¿no sería más sencillo fijarse en las tasas actuales de enfermedades?

Pimentel argumenta:

Se espera que el crecimiento de las enfermedades siga aumentando, y tal como afirman Murray y López (1996), el incremento de enfermedades alcanzará el 77% durante el período 1990–2020. Las enfermedades infecciosas, causantes del 37% de todas las muertes que se producen en el planeta, también aumentarán. Los fallecimientos por enfermedades infecciosas en Estados Unidos aumentaron un 58% entre los años 1980 y 1992, y se espera que la tendencia siga en la misma línea. [205]
No es cierto que las enfermedades estén aumentando. De hecho, según afirman Murray y López, el número de fallecimientos descenderá desde los 862 por cada 100.000 habitantes de 1990 a los 764 de 2020. [206] Y si nos ajustamos a una población en período de envejecimiento, la incidencia de las enfermedades bajará de un 862 a un 599%.000. [207] Cuando Pimentel dice que las enfermedades deberían aumentar un 77%, es debido a que no ha interpretado bien el libreto (ignorando las enfermedades infecciosas y contabilizando sólo las enfermedades no infecciosas, que se incrementarán simplemente porque nos hacemos más viejos y, por lo tanto, morimos de enfermedades propias de la edad) ya que ha contabilizado las enfermedades en números absolutos (que, como es obvio, aumentarán porque la población mundial crecerá en unos 2.500 millones de personas). [208]

La queja sobre el incremento de enfermedades infecciosas es categóricamente errónea, tal como puede comprobarse en la figura 8. Las enfermedades infecciosas están disminuyendo desde 1970 e incluso probablemente desde mucho antes, aunque sólo disponemos de datos de algunos países (en la fig. 20, pág. 107, podemos ver la evolución de las enfermedades infecciosas en Estados Unidos durante el siglo XX). [209] Del mismo modo, se estima que las enfermedades infecciosas disminuyan en un futuro, al menos hasta 2020. Incluso en cifras absolutas, se espera que el número de muertes por enfermedades infecciosas descienda de 9,3 a 6,5 millones. [210]


 
Figura 8: índice de muerte de las enfermedades infecciosas, 1970–2020. Fuente: Bulatao 1993:50, Murray y López 1996:465, 648,720, 792. También la afirmación final sobre Estados Unidos es falsa. Sólo se mantiene porque Pimentel decide que 1980 es el peor año y porque la mayor parte del incremento se debe al envejecimiento y al aumento de neumonías. Si le aplicamos esta cifra una corrección por envejecimiento, el riesgo de fallecimiento resulta ser similar en 1980 y en 1997. [211]

Pimentel concluye: "Para prevenir el empeoramiento de las enfermedades, de la pobreza y de la desnutrición, necesitamos un control sobre la población y programas efectivos de gestión medioambiental". Si no lo hacemos, "la incidencia de las enfermedades continuará su rápido ascenso por todo el mundo y disminuirá la calidad de vida de todos los seres humanos". [212]

Desde luego, Pimentel nunca se ha planteado si la pobreza puede aumentar o no. En la figura 33 (pág. 127) podemos observar que la incidencia de la pobreza está descendiendo. De forma similar, hemos visto que las enfermedades, en especial las infecciosas y la desnutrición, están disminuyendo – al contrario de lo que proclama Pimentel.

Por todo ello, aunque sería conveniente la aplicación de programas medioambientales efectivos, no deberían apoyarse en este tipo de relatos sobre la Letanía basados en información incorrecta.

REALIDAD FRENTE A PREDICCIONES FLOJAS Y RETÓRICAS

Cuando se plantea un argumento, nunca se cuenta con espacio ni tiempo suficiente para afirmar todas las suposiciones, incluyendo todos los datos y deducciones. Por lo tanto, normalmente los argumentos se apoyan en metáforas y en resúmenes retóricos. No obstante, estamos obligados a tener cuidado de que la retórica no ensombrezca la realidad.

Uno de los casos de retórica más utilizados por los movimientos ecologistas es hacer creer que un truismo pasajero es un importante indicador negativo. Intente comprobar cuál es su primera reacción ante la siguiente afirmación del Instituto Worldwatch: "Cuando se divide una porción fija de tierra cultivable entre más y más personas, con el tiempo se reduce hasta el punto en que ya no puede alimentar a sus propietarios". [213] Esta frase suena a predicción correcta sobre problemas futuros. Y aunque, evidentemente, es cierta, llega un momento (por debajo de medio metro cuadrado o de un puñado de terreno) en el que no se puede sobrevivir.

Sin embargo, aquí se ignora por completo el asunto más importante, ya que no se nos informa de cuál es ese mínimo, de lo lejos o cerca que estamos de alcanzarlo o de cuándo llegaremos a él. [214] Casi todo el mundo se sorprendería al saber que, utilizando luz artificial, una persona puede abastecerse con una parcela de tan sólo 36 m2, e incluso hay empresas que producen comercialmente alimentos hidropónicos en menos espacio. [215] Más aún, la FAO muestra en sus análisis más recientes sobre producción de alimentos para el año 2030 que "el terreno dedicado a la producción de alimentos tiende a ser menos escaso". [216] Por lo tanto, el argumento, tal como se ha planteado, no es más que un truco retórico para hacernos creer que "sí, es cierto, las cosas están empeorando".

Esta figura retórica ha sido muy utilizada por el Instituto Worldwatch. Cuando se refiere al incremento de las cosechas de cereales (sobre las que hablaremos en la Parte tercera) Lester Brown nos dice que "llegará un momento en cada país, en cada cosecha, en el que los agricultores no podrán soportar el incremento de la producción". [217] Una vez más, esta afirmación resulta obviamente cierta, pero la cuestión es: ¿dónde está ese límite? La respuesta a esta pregunta sigue sin aparecer, mientras Brown llega a la siguiente conclusión metafórica "Con el tiempo, el incremento de las cosechas se estabilizará en todas partes, pero es difícil anticipar cuándo ocurrirá en cada país". [218]

Del mismo modo, Lester Brown nos advierte que "si el proceso de degradación medioambiental sigue su curso, derivará en una inestabilidad económica en forma de subida de los precios de los alimentos, que a su vez provocará una inestabilidad política". [219] Una vez más, puede que la secuencia sea correcta, pero está vinculada a una suposición: ¿se está produciendo realmente una degradación medioambiental? Y si es así, ¿hasta dónde ha llegado? Esta información nunca se ha probado.

Greenpeace, en su valoración sobre la Guerra del Golfo, utilizó la misma figura retórica "Todos los ecosistemas están compuestos por innumerables y complejas interacciones dinámicas, pero a veces, de forma gradual y casi imperceptible, el sistema se colapsa cuando alcanza el límite de daños admisible. Sólo el tiempo podrá decir si en el Golfo se ha sobrepasado este límite". [220] Esta afirmación suena bastante siniestra, pero la verdadera e importante información, es decir, si se ha alcanzado o no ese límite, e incluso si este está cerca, sigue sin proporcionarse. En la Parte cuarta podremos ver que el ecosistema del Golfo, a pesar de haber sufrido los mayores vertidos petrolíferos de la historia, ya está casi completamente recuperado.

Hay más figuras retóricas que se utilizan con frecuencia. En uno de los documentos presentados por la ONU en el que se analiza el estado del agua, los autores aprecian dos alternativas "particularmente incómodas" para los países pobres y secos: "O bien se sufre cuando no se pueden alcanzar las necesidades de agua y de alimentos dependientes del agua, en forma de hambre, enfermedades y catástrofes, o bien, en el caso contrario, se adapta la demanda a los recursos disponibles importando alimentos a cambio de otros productos menos dependientes del agua". [221] Esta dicotomía parece más bien una elección entre la peste y el cólera hasta que pensamos en ello: básicamente se están preguntando si los países secos deben elegir entre pasar hambre o entrar en la economía global.

El Instituto Worldwatch pretende que utilicemos fuentes de energía renovables, como ya hemos descrito antes. Algunos de estos argumentos se basan por completo en la retórica como cuando dicen: "Desde una perspectiva milenaria, la civilización actual, basada en los hidrocarbu-ros, no es más que un breve intervalo en la historia de la humanidad" [222]. Esto es, evidentemente, cierto. Hace mil años no utilizábamos petróleo, y puede que dentro de mil años utilicemos energía solar, fusión o cualquier otra tecnología en la que ni siquiera pensamos de momento. El problema es que esta deducción no reduce el tiempo necesario para alcanzar las nuevas fuentes de energía –¿serán cincuenta años o quizá doscientos?.

Cuando se observan desde una perspectiva milenaria, muchas cosas se convierten en breves intervalos, como la Guerra de los Cien Años, el Renacimiento, el siglo XX o incluso nuestra propia vida. Del mismo modo, cuando hablamos sobre las consecuencias de los cambios en el ecosistema, resulta sencillo pensar y argumentar únicamente las consecuencias negativas. Este pesimismo es más evidente cuando se tratan el calentamiento y el cambio climático globales. Tomemos como ejemplo esta descripción del cambio climático aparecida en Newsweek:

Hay signos amenazadores que apuntan a un cambio dramático en los patrones climáticos del planeta, a partir de los cuales se puede adivinar una drástica reducción en la producción de alimentos –con importantes repercusiones políticas en prácticamente todos los países del mundo–. La caída de la producción alimenticia puede empezar pronto, quizá antes de diez años.

Las pruebas en las que se basan estas predicciones se acumulan tan rápidamente que los meteorólogos se ven en apuros para mantenerlas. En Inglaterra, los agricultores han visto cómo se reducía su temporada de cultivos en cerca de dos semanas desde 1950, con una pérdida total resultante en las cosechas de cereales cercana a las 100.000 toneladas anuales. Durante el mismo período, la temperatura media alrededor del ecuador ha aumentado una fracción de grado –fracción que en algunas áreas puede significar sequía y desolación–. El pasado abril, en la racha de tornados más devastadora jamás registrada, 148 ciclones mataron a más de trescientas personas y causaron pérdidas por valor de más de quinientos millones de dólares en trece de los estados norteamericanos. Para los científicos, estos incidentes aparentemente inconexos representan los signos premonitorios de importantes cambios en el clima del planeta. Los meteorólogos no se ponen de acuerdo en las causas y la magnitud del fenómeno, ni tampoco en su impacto específico sobre las condiciones climáticas locales. Pero en lo que sí presentan unanimidad es en predecir que esta tendencia reducirá la producción agraria. [223]

A pesar de que estas predicciones se parecen bastante a las presumibles por el "efecto invernadero", en realidad fueron expuestas en 1975, con el título "El enfriamiento del mundo" –en una época en la que lo que nos preocupaba era el enfriamiento global. Lógicamente, hoy día disponemos de mejores argumentos y de modelos más veraces que apuntan a un calentamiento global (del que hablaremos en la Parte quinta), y tanto si es calentamiento como si es enfriamiento, el hecho de que nuestra sociedad esté adaptada a las temperaturas actuales generará grandes gastos.

Conviene observar que la descripción anterior omite claramente cualquier tipo de consecuencia positiva del enfriamiento. Hoy día, nos preocupa que el calentamiento global incremente el alcance de la malaria –por lo tanto, un mundo que creía en el enfriamiento debería haber apreciado la reducción de áreas infectadas–. Del mismo modo, si el enfriamiento global favorecía el acortamiento de la temporada de cultivo, deberíamos alegrarnos de que el calentamiento global vaya a alargar los períodos de crecimiento de las cosechas. [224] Como es obvio, si hace más calor en Estados Unidos o en el Reino Unido, aumentarán los fallecimientos por calor; pero lo que no suele decirse es que, paralelamente, se reducirán las muertes por congelación, que en Estados Unidos son al menos el doble de numerosas. [225]

Este argumento no duda de que el coste total del calentamiento, a nivel mundial, supera con creces sus beneficios; pero si pretendemos tomar decisiones bien documentadas, deberemos incluir tanto los costes como los beneficios. Si nos apoyamos en la retórica y sólo observamos los costes, nuestras decisiones carecerán de la eficacia y la imparcialidad deseables.

Otra de las metáforas que se repite en el entorno ecologista es la que compara nuestra situación actual con la de la isla de Pascua. Situada en el océano Pacífico, a más de 3.200 km al oeste de Chile, la isla de Pascua es mundialmente conocida por sus más de ochocientas cabezas gigantescas talladas en piedra volcánica y repartidas por toda la isla. [226] Las pruebas arqueológicas indican que una próspera cultura, mientras esculpía las enormes figuras, también comenzó a reducir los bosques alrededor del año 900 d. C., utilizando los troncos de los árboles para arrastrar sobre ellos las figuras, como leña y como materiales de construcción. En 1400, el bosque de palmeras había desaparecido por completo y la producción de alimentos se había reducido; en 1500 se terminó la construcción de las estatuas y, según parece, las guerras y el hambre acabaron con el 80% de la población, antes de que en 1722 los barcos holandeses descubrieran una sociedad empobrecida.

Desde entonces, la isla de Pascua ha sido una imagen irresistible para los ecologistas, que ven en ella el ejemplo de una sociedad que sobrepasa sus límites y termina devastada. Un conocido libro sobre el medio ambiente utiliza la isla de Pascua como repetitivo punto de partida, incluso en la portada. [227] El Instituto Worldwatch informa en su edición del milenio.

Como territorio aislado, sin posibilidad de recurrir a ningún sitio cuando termina con sus recursos, la isla de Pascua presenta una imagen particularmente lúgubre de lo que puede ocurrir cuando una economía humana se expande sobre un número de recursos limitado. Con el definitivo cierre de las fronteras existentes y la creación de una economía global completamente interconectada, la raza humana en conjunto ha alcanzado el punto sin retorno que los habitantes de la isla de Pascua alcanzaron en el siglo XVI. [228]
Isaac Asimov se limita a decirnos que "Si nosotros no lo hemos hecho tan mal como los extinguidos habitantes de la isla de Pascua, es simplemente porque en primer lugar hemos tenido más árboles para destruir" [229]. Una vez más, el problema de las figuras retóricas es que sólo indican que es posible la catástrofe, pero no se esfuerzan en explicar por qué pudo ocurrir.

Merece la pena resaltar que de las diez mil islas que existen en el Pacífico, sólo doce, incluyendo la isla de Pascua han experimentado declives o catástrofes, cuando la mayoría de las sociedades que pueblan el Pacífico han sido bastante prósperas. [230] Más aún, un modelo de isla de Pascua parece indicar que su trayectoria única se debió más a una dependencia de un tipo de palmera de crecimiento especialmente lento, la palmera de vino chilena, que tare entre cuarenta y sesenta años en madurar. [231] Este detalle diferencia a la isla de Pascua del resto de las islas polinesias, en las que los cocoteros y las palmeras de Fiyi, de rápido crecimiento, impiden el declive de la isla.

Además, los modelos que adelantan una catástrofe ecológica necesitan poblaciones en crecimiento que consuman cada vez más recursos para llegar al exceso previsto. Pero en el mundo moderno este escenario parece poco probable, precisamente porque el incremento de la riqueza ha provocado un descenso de la fertilidad (en la Parte segunda trataremos sobre la llamada transición demográfica). [232] Y, por último, conviene señalar que el mundo actual es mucho menos vulnerable, precisamente porque el comercio y el transporte actúan de forma efectiva para reducir los riesgos locales.

Las consecuencias derivadas de basarse en la retórica en lugar de hacerlo sobre análisis serios son muchas, empezando por predicciones sin base sólida y derivando en decisiones parciales y tendenciosas. Puede que el conjunto de predicciones más famoso proceda del best seller de 1972 Limits to Growth, que aventuraba una desaparición de la mayoría de nuestros recursos. Por ejemplo, predecía un agotamiento del oro para 1981, de la plata y el mercurio para 1985 y del cinc en 1990; [233] sin embargo, como veremos en la Parte tercera, la mayoría de los recursos son ahora más abundantes que entonces. No hace falta decir que hoy día seguimos teniendo oro, plata, mercurio y cinc. A lo largo de este libro veremos gran número de predicciones muy flojas, basadas a menudo en poco más que atractivos argumentos retóricos. Por lo tanto, permítanme terminar este epígrafe con dos ejemplos de uno de los ecologistas más importantes de América, el profesor Paul Ehrlich, un prolífico escritor y conferenciante al que volveremos a citar más adelante.

En 1970, poco antes de la celebración del primer Día de la Tierra, Paul Ehrlich escribió un artículo en The progressive a modo de informe ficticio para el presidente de Estados Unidos, como flashback desde el año 2000. [234] El supuesto informe subrayaba la forma en que los científicos medioambientales de los años sesenta y setenta habían "advertido repetidamente" que la superpoblación, el hambre y el deterioro medioambiental nos llevarían a "desastres medioambientales y de salud pública". [235] Lamentablemente, la gente no había hecho caso de las advertencias, y Ehrlich nos adelantaba unos Estados Unidos prácticamente irreconocibles, con una población seriamente diezmada hasta los 22,6 millones de habitantes (el 8% de la población actual) que contaba con una dieta diaria de 2.400 calorías por persona (menor a la media actual en áfrica). [236] A modo de irónico indicio de esperanza, Ehrlich pronostica que Estados Unidos no sufrirá un agotamiento inmediato de los recursos debido al "reducido número de habitantes y a la continua disponibilidad de materiales reutilizables en Los ángeles y en otras ciudades que no han sido repobladas". [237]

Esta visión toma cuerpo en el libro The End of Affluence de 1974, escrito por Ehrlich con ayuda de su esposa Anne. [238] En esta publicación advierten sobre la disminución que el enfriamiento producirá en la agricultura [239] (que en realidad se ha incrementado desde entonces en un 53%; véase la fig. 51, pág. 157) y los problemas previstos en la pesca, que habría alcanzado su límite máximo de capturas [240] (aunque las capturas totales se han incrementado en un 75%, tal como se puede ver en la fig. 57, pág. 171). Esta pareja pronosticó una sociedad guiada por engañosos economistas "atrapados por su propio amor antinatural hacia un creciente producto nacional bruto". [241]

La consecuencia final era bastante clara: "Todo apunta a que esta escasez energética nos acompañará durante el resto de este siglo, y antes de 1985 la humanidad entrará en una era de escasez en la que careceremos de muchas de las cosas que dependen de la energía… Entre otras, ciertas comodidades como la comida, el agua potable, el cobre y el papel serán cada vez más difíciles de obtener y desde luego mucho más caras… El hambre que azotará a las personas irá acompañada de una carestía de materiales necesarios para la industria". [242]

Aunque estas predicciones resultaron retóricamente elocuentes, el tiempo se ha encargado de desmentirlas. Por lo tanto, cuando se evalúan los datos sobre el estado del planeta, conviene no dejarse influir por modelos simplistas o retóricos, sino utilizar y presentar los mejores modelos posibles y los indicadores más reales.

REALIDAD

La verdadera discusión sobre el medio ambiente puede resultar muy compleja, ya que cada uno tenemos sentimientos muy arraigados sobre el tema. Pero también es cierto que, incluso para los ecologistas, resulta imprescindible que sepamos priorizar esfuerzos en campos muy diferentes; como la salud, la educación, las infraestructuras o la defensa, además del medio ambiente.

Durante las últimas décadas hemos desarrollado una clara impresión de que la Letanía es una descripción adecuada y verdadera del estado del mundo.

Sabemos que el medio ambiente no se encuentra en un estado saludable. Por este motivo, son muchos los que han propagado quejas erróneas, como las que hemos visto antes, sin necesidad de proporcionar pruebas que las autentifiquen. Esta es la razón que nos debe llevar a ser extremadamente escépticos hacia cualquiera que niegue el mal estado actual del medio ambiente. Este es también el motivo que me ha llevado a documentar con profusión todas mis afirmaciones.

Por eso es por lo que este libro presenta una inusual cantidad de notas. Sin embargo, al mismo tiempo, he realizado un enorme esfuerzo para permitir que los lectores disfruten del libro sin tener que leer necesariamente estas notas, facilitando la fluidez de la lectura y sabiendo que, si algo les parece difícil de creer, pueden consultar la información adjunta para verificarlo.

Este libro cuenta con más de 1.800 referencias. No obstante, mi intención ha sido la de obtener la máxima información posible en Internet. Si alguien desea comprobar lo que he escrito, no tiene por qué disponer de una biblioteca de investigación. Bastará con entrar en Internet y descargar los textos correspondientes a las fuentes de las que he extraído la información que aquí se muestra y cómo se corrobora esta. Lógicamente, algunos de los libros y artículos aquí citados no están disponibles en la Red. Además, Internet me ha permitido mantener el libro actualizado, con datos obtenidos hasta mayo de 2001.

Pero para mí lo más importante es que no existe duda acerca de la credibilidad de mis fuentes. Por este motivo, la mayoría de las estadísticas que utilizo provienen de fuentes oficiales, ampliamente aceptadas por la mayor parte de los implicados en el debate medioambiental. Entre otras están las principales organizaciones mundiales, la ONU y sus organizaciones dependientes: la FAO (alimentación), la OMS (salud), la UNDP (desarrollo) y la UNEP (medio ambiente). Además, he utilizado cifras publicadas por organizaciones internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que me han proporcionado básicamente indicadores económicos.

Dos organizaciones que reúnen la mayor parte de las estadísticas disponibles, el World Resources Institute, junto con el UNEP, el UNDP y el Banco Mundial, publican todos los años una visión general con la mayoría de los datos más importantes del mundo. El Instituto Worldwatch también prepara gran cantidad de material estadístico cada año. Las autoridades estadounidenses recopilan información sobre distintos campos por todo el mundo, relativa, por ejemplo, al medio ambiente, a la energía, a la agricultura, a los recursos y a la población. Algunos de estos organismos son la EPA (medio ambiente), la USDA (agricultura), la USGS (sondeos geológicos) y la Oficina del Censo de Estados Unidos. Por último, la OCDE y la Unión Europea recogen datos a nivel global y regional que también se utilizan en este libro.

Para la generación de estadísticas nacionales intento utilizar datos obtenidos de los ministerios y demás organismos públicos de cada país.

El hecho de que los datos procedan del UNEP no significa necesariamente que estén libres de errores –dichos datos suelen provenir de otras publicaciones menos "oficiales"–. Por lo tanto, es permisible mantener una posición crítica frente a estos datos, pero en ningún caso puede resultar preocupante, ya que yo me limito a presentar resultados discutibles y que además proceden del conocimiento aceptado generalmente. Al mismo tiempo, el hecho de basarme en fuentes oficiales significa que evito uno de los mayores problemas que presenta Internet, es decir, que en esta Red tan descentralizada puede encontrarse prácticamente cualquier cosa.

Por lo tanto, cuando lea este libro y se plantee "Esto no puede ser verdad", debe recordar que el material estadístico presentado aquí es normalmente idéntico al utilizado por WWF, Greenpeace y el Instituto Worldwatch. La gente suele preguntarme si "los demás" utilizan las mismas cifras, y la verdad es que no existen otras cifras más que estas. Todos los datos que aparecen en este libro corresponden a las cifras oficiales que utiliza todo el mundo.

Cuando Lester Brown y yo coincidimos en un debate televisivo sobre el estado del mundo, una de las materias sobre las que discutimos fue si la cubierta forestal se había incrementado o había descendido desde 1950. [243] La primera reacción de Brown fue que deberíamos ceñirnos al Production Yearbook de la FAO, que es el único trabajo que ha calculado el área de cubierta forestal desde 1949 hasta 1994. Este libro es el mismo que yo he utilizado como referencia, por lo que en ese tema estábamos de acuerdo. En realidad, sólo discutíamos si éramos capaces de obtener un número correctamente.

Lester Brown creyó que había menos bosques y yo afirmé que había más. Le propuse una apuesta que él rechazó a regañadientes. Sin duda, habría perdido. En 1950, la FAO calculó que en el mundo había 40,24 millones de kilómetros cuadrados de bosque, mientras que en 1994 la cifra era de 43,04 millones (tal como puede verse en la fig. 60, pág. 175). [244]

REALIDAD Y MORALIDAD

Por último, debemos abordar el aspecto moral del debate medioambiental. Del mismo modo que todos preferimos la paz y la libertad al hambre y la destrucción, no creo que haya nadie que no pretenda favorecer al medio ambiente. No obstante, esta teórica unanimidad ha proporcionado al debate medioambiental un estatus peculiar. En las últimas décadas se ha producido una incesante fusión entre la realidad y las buenas intenciones sobre el debate medioambiental. [245] No sólo nos hemos familiarizado con la Letanía y creemos que puede ser cierta. También sabemos que quien defienda lo contrario lo hará guiado por auténticas malas intenciones. [246]

Por lo tanto, no debe sorprendernos, aunque puede que nos deprima, el hecho de que muchos expertos medioambientales, e incluso el secretario de Medio Ambiente de Dinamarca, hayan intentado proclamar que yo soy con toda probabilidad un radical de derechas –o al menos un mensajero de la derecha. [247] Como es evidente, este argumento resulta del todo irrelevante. Yo tan sólo digo que las cosas están mejorando, y esto necesita, indudablemente, una base apoyada por hechos.

Los motivos que me han llevado a escribir este libro no son ni la maldad ni el secretismo. Opino, simplemente, que la democracia funciona mejor cuando todo el mundo dispone de acceso a la mejor información posible. A nuestra sociedad no puede interesarle que un debate sobre un tema tan importante como el medio ambiente se base más en mitos que en realidades.

Mucha gente ha publicado que, aunque quizá yo lleve razón en mis argumentaciones al decir que las cosas no van tan mal como pensábamos, este tipo de afirmaciones no deben hacerse públicas porque podrían lograr que nos tomáramos los problemas con mayor ligereza. Aunque alguien pueda defender esa postura, conviene entender que esa actitud es tremendamente antidemocrática: nosotros (los pocos elegidos) conocemos la verdad, pero como sabemos que el conocimiento general de la verdad hará que la gente se comporte "incorrectamente" debemos evitar que esa verdad se difunda.

Más aún, este tipo de argumentos sería también dañino a largo plazo para el movimiento ecologista, ya que erosionaría su valor más preciado: su credibilidad. Mi opinión es que, en general, este tipo de argumentos deben plantearse con el único objetivo de permitir que la verdad salga a la luz. Esto no significa que yo sea un diabólico individualista del mercado libre. Creo que hay muchos casos en los que es necesaria la intervención ecologista para prevenir contaminaciones innecesarias y para evitar que la gente eluda sus responsabilidades. No obstante, sólo debemos intervenir cuando sea razonable, no simplemente porque el mito y el miedo nos lleven a creer que las cosas vayan fatal.

A menudo escucho que la preocupación por el medio ambiente es uno de los motivos que permiten su cuidado –simplemente, que muchos de los gráficos que aparecen en este libro van por el buen camino gracias a que la gente se había preocupado antes por los problemas que existían–. Sin embargo, a menudo esto es engañoso e incluso incorrecto. La contaminación atmosférica ha descendido en Londres desde finales del siglo XIX (véase la fig. 86, pág. 241), pero en gran parte del siglo XX esta reducción se ha debido a un cambio en las infraestructuras y en el uso de combustibles, y sólo ligeramente o casi nada en absoluto ha estado relacionada con las preocupaciones medioambientales expresadas en cambios políticos concretos.

Más aún, incluso en el caso de que estas preocupaciones hayan influido en decisiones políticas, como ha ocurrido sin duda en los últimos treinta años en temas como la contaminación atmosférica, esto no nos asegura que nuestros recursos no pudieran haberse utilizado mejor. [248] Que estas preocupaciones hayan ayudado a que gastemos más dinero en el medio ambiente de lo que habríamos invertido utilizando únicamente la mejor información posible, no deja de ser una repetición del dilema democrático que hemos visto antes. A pesar de que la presión sobre la opinión pública pueda ayudar a la gente a elegir "correctamente" decisiones medioambientales, no deja de ser una manipulación "incorrecta" desde el punto de vista democrático, ya que influye en la libre decisión del electorado.

En general, necesitamos confrontar nuestro mito sobre el menoscabo que la economía hace al medio ambiente. [249] Hemos crecido creyendo que nos enfrentamos a una ineludible opción entre un mayor bienestar económico y un medio ambiente más verde. [250] Pero, de manera sorprendente, tal como iré documentando a lo largo de este libro, el desarrollo medioambiental suele ser resultado directo del desarrollo económico – sólo cuando somos suficientemente ricos podemos afrontar el lujo de cuidar nuestro entorno. En su nivel más general, esta conclusión se muestra evidente en la figura 9, donde a mayores ingresos se corresponden mejores niveles de mantenimiento medioambiental. [251]

Esto incluye, además, implicaciones para nuestra discusión sobre las prioridades. A mucha gente le encanta decir que deberíamos tener un medio ambiente libre de contaminación. Sin duda, es una verdad indiscutible.

También sería maravilloso vivir en un país sin enfermedades, o que todos los jóvenes disfrutaran de la mejor educación posible. El motivo por el que estas utopías no se hacen realidad es que el coste necesario para terminar con las enfermedades o para educar hasta el último estudiante es ridículamente alto. Por lo tanto, debemos establecer prioridades a la hora de utilizar nuestros limitados recursos.


 
Figura 9: La conexión para 117 naciones entre su PBI per cápita (actual PPP$ 1998) y el índice de Sustentabilidad Ambiental de 2001, midiendo 22 dimensiones ambientales y 67 variables [254] Se ha trazado una línea de mejor ajuste (rojo) y se destacan varias naciones. Fuente: WEF 2001a&b, Banco Mundial 2000c.

Un economista americano señaló que cuando lavamos los platos lo que buscamos no es que queden limpios, sino que la sociedad que desprenden se diluya de una forma aceptable. [253] Si colocamos un plato ya lavado bajo un microscopio electrónico, veremos multitud de partículas y restos de grasa. Pero tenemos mejores cosas que hacer que pasar el día comprobando si los platos están bien limpios (y, además, nunca conseguiremos que lo estén totalmente).

Establecemos prioridades y decidimos que podemos vivir con algunas pizcas de grasa. La cantidad de grasa que cada uno acepte depende de su valoración individual entre pasar más rato lavando platos o disfrutar de su tiempo libre. Pero el tema es que en el mundo real nunca llevamos las cosas hasta el extremo final.

Del mismo modo, debemos encontrar un equilibrio para minimizar la contaminación, al tiempo que podamos dedicar nuestro dinero, nuestro esfuerzo y nuestro tiempo en resolver otros problemas. Esto implica acceder al mejor conocimiento posible y libre de mitos, que en realidad es el propósito general de este libro.

NOTAS

1. Lester Brown fue presidente del Instituto Worldwatch hasta el año 2000, y ahora es presidente de la junta directiva e investigador senior.

2. Por supuesto que hay otras muchas publicaciones e informes medioambientales, mejores desde un punto de vista académico (p. ej., los múltiples informes de la ONU, WRI y EPA, así como todas las investigaciones fundamentales, muchas de las cuales se utilizan en este libro y pueden localizarse en las páginas de Bibliografía).

3. Hertsgaard, 2000.

4. Scott, 1994: 137.

5. Linden, 2000.

6. New Scientist, 2001:1.

7. El término "la Letanía" y la descripción siguiente provienen de Regis (1997).

8. A menudo suelo escuchar la promesa de que nadie pronunciaría más estas palabras, pero una descripción idéntica fue la columna vertebral de la presentación de El estado del mundo en la edición especial de 2001 de la revista Time: "Durante el último siglo, la humanidad ha hecho todo lo que estaba en su mano para dominar la naturaleza. Hemos represado los ríos terrestres, hemos talado los bosques, hemos empobrecido el suelo. Al quemar los combustibles sólidos que tardaron siglos en crearse, hemos lanzado al aire toneladas de gases invernadero, alterando la química atmosférica y calentando notablemente el planeta en tan sólo unas pocas décadas. Además, como la población humana ha alcanzado en 2000 la cifra de 6.000 millones de personas, que sigue aumentando en todos los continentes, cada día desaparecen docenas de especies animales y vegetales, incluyendo al primer primate que desaparece en más de cien años, el colobo rojo de Miss Waldron. "A comienzos del siglo XXI podemos observar signos inequívocos de que la explotación del planeta ha alcanzado su límite, a partir del cual la naturaleza comienza a tomar su venganza. El deshielo de las regiones polares sugiere que el cambio climático se produce a gran velocidad. El clima varía de forma más errática que antes, repartiendo de forma arbitraria la lluvia en distintas zonas. El fuego ha arrasado este verano la seca región del oeste americano, mientras que las recientes tormentas han devastado zonas desde Gran Bretaña hasta Taiwán. No hay ningún evento en concreto al que se pueda culpar directamente del calentamiento global, pero los científicos indican que, en un mundo invernadero, las inundaciones y las sequías van a ser más frecuentes y severas. El clima más calido se ha encargado ya de aumentar el rango de enfermedades tropicales como la malaria o la fiebre amarilla. Otras siniestras señales provenientes de un mundo sobrecargado son el descenso de las cosechas y de las reservas pesqueras, así como una feroz lucha por los recursos acuíferos" (Anón., 2001b).

9. Puede que la frase más descriptiva sobre la Letanía se encuentre en el libro de Isaac Asimov y Frederik Pohl, Our Angry Earth (1991: ix): "Ya es muy tarde para salvar nuestro planeta. Ya han ocurrido demasiadas cosas: las granjas se han convertido en desiertos, los bosques se han talado hasta dejarlos secos, los lagos han sido envenenados, el aire se ha llenado de gases nocivos. Incluso es demasiado tarde para salvarnos a nosotros mismos de los efectos de otros terribles procesos, que ya se han puesto en marcha e inevitablemente seguirán adelante. La temperatura global aumentará. La capa de ozono continuará reduciéndose. La contaminación provocará enfermedades e incluso la muerte a más seres vivos. Todo esto ha llegado ya tan lejos que, inevitablemente, irá a peor antes que a mejor. La única oportunidad que nos queda es decidir hasta dónde dejaremos que las cosas se deterioren".

10. Es imposible cubrir todas las áreas importantes, pero yo creo que en este libro se tratan la mayor parte de ellas, y el debate escandinavo no ha propuesto importantes áreas nuevas. Como es lógico, las sugerencias son bien recibidas.

11. Esta nota y las siguientes están documentadas en los próximos capítulos.

12. Hablando estrictamente, esto no es cierto, ya que mejor y mejor tiene además connotaciones éticas (¿qué significa mejor?), pero esto suele generar cierta controversia; por ejemplo: ¿es mejor para un bebé tener una mayor opción de supervivencia? La diferencia entre "es" y "puede llegar a ser" que se muestra aquí proviene de David Hume (1740: 468–469).

13. WFS, 1996: I, tabla 3; FAO, 1999c: 29.
14. Brundtland, 1997: 457.
15. El argumento siguiente proviene de Simon, 1995: 4 y sigs.
16. Simon, 1995:6.
17. WRI, 1996a: 105.
18. P. ej., Easterlin, 2000.
19. UNEP, 2000: 52 y sigs.
20. WFS, 1996: I, tabla 3; FAO, 1999c: 29.
21. UNEP, 2000: 55.

22. D. M. Scotney y F. H. Djikhuis, "Cambios recientes en el estado de fertilidad de los campos de Sudáfrica", Soil and Irrigation Research Institute, Pretoria (Sudáfrica), 1989. Después de varios intentos he sido incapaz de obtener esta publicación.

23. IFPRI, 1999: 14, y FAO, 1995b: 86–87. Conviene recordar que la FAO no separa el incremento de producción de alimento del aumento del área explotada (sobre unas expectativas de crecimiento anual del 3,4%, IFPRI da el 2,7%, del cual el 1,7% proviene del incremento de las cosechas).

24. El incremento anual de las cosechas desde 1990 ha sido de un 0,37%, mientras el porcentaje total de producción ha sido del 20,7% (FAO, 2000a).

25. Pimentel y otros, 1995a.
26. Boardman, 1998.

27. Utilizando vocabulario técnico, el error se denomina selección en la variable dependiente: tendemos a elegir los ejemplos de acuerdo con el resultado que deseamos (recordando únicamente a los abuelos que fumaban y vivieron muchos años) y a citar después una larga serie de ellos, sin alcanzar el nivel de argumentación deseable.

28. Obviamente, las comprobaciones deben realizarse también para series completas de otros factores; por ejemplo, si hay o no diferencia entre fumadores y no fumadores en términos de clase social, ingresos, localidad de residencia, educación, sexo, etc. No obstante, este es un detalle técnico sólo si concierne al argumento; basta con comparar todos los datos.

29. Desde 2.007 hasta exactamente 1.579 calorías por persona y día (FAO, 2000a).
30. Desde 1.711 hasta 2.170 calorías por persona y día (FAO, 2000a).

31. Como es lógico, también debemos tener en cuenta que el tamaño de los países es muy diferente.

32. FAO, 2000a.
33. WI, 1984: 18.
34. ídem, 2000c.
35. P. ej., Brown y Kane, 1994: 138.

36. Obsérvese que los datos y el gráfico de exportaciones del Instituto Worldwatch Vital Signs 2000 (2000b: 74–75) son incorrectos, comparados con los mismos datos de ediciones anteriores (1996b: 69; 1999b: 77) y con la base de datos electrónica (2000c) además de no coincidir con los datos de bienes y servicios de 1995 del Banco Mundial (2000c).

37. Ibídem, 142.

38. Asimov y Pohl, 1991: 45. La elipse está en el texto original. He dejado fuera una repetición obvia "En los veintitrés años transcurridos entre 1947 y 1969, la media de días con huracanes atlánticos muy violentos fue de 8,5 días entre 1947 y 1969, mientras…".

39. Landsea, 1993: fig. 8; véase http://www.aoml.noaa.gov/hdr/Landsea/climo/Fig8.html.
40. Landsea, 1993.
41. Landsea y otros, 1999: 108.
42. World Wide Fund for Nature (Fondo Mundial para la Naturaleza – WWF)

43. WWF, 1997a: 18.
44. INPE, 2000: 9.
45. WWF, 1997a: 18.
46. Un campo de fútbol de 70 x 110 m ocupa 0,77 hectáreas. Por lo tanto, 1.489.600 ha/año es el equivalente a 1,9 millones de campos de fútbol, o 220 campos de fútbol por hora. El Amazonas ocupa aproximadamente 343 millones de hectáreas, o lo que es lo mismo, 445 millones de campos de fútbol. ¿Es así más fácil entenderlo?.

47. INPE, 2000: 7; Brown y Brown, 1992: 121.
48. Anón., 2000a: 5; véase también http://www.recycline.com/.
49. Hudson, 2000.
50. Stiefel, 1997.

51. Obsérvese que en el artículo la estimación se hace en libras, probablemente porque suena mejor 100 millones de libras (Anón., 2000a: 5; http://www.recycline.com/recinfo.html).

52. EPA, 2000c: tabla 1.

53. ídem, 1999b: 5 (tabla ES–1) para 1997, con 267.645 millones de habitantes y 100 millones de libras de desechos de cepillos de dientes (Anón., 2000a: 5).

54. WI, 1995:7.

55. ídem, 2000b: 46: "Quizá el cambio más dramático e inesperado fue la enorme caída del uso de fertilizantes en la Unión Soviética después de la depresión económica que comenzó una década antes".

56. En el área de ciencia medioambiental, esto se conoce como "solución a un problema por desplazamiento" (Weale, 1992: 22).

57. Asimov y Pohl, 1991: 76.
58. Ibídem, pág. 78.
59. Gore, 1992: 82.

60. P. ej., Andersen, 1998. Al Gore señaló también que los restos de azufre causaban la pérdida del 6% más de CO2 (1992: 82), aunque la estimación moderna es menor del 1% (Anón., 1995b).

61. Elsom, 1995: 480; véase también la sección sobre contaminación de la Parte cuarta.

62. Véanse los cálculos que aparecen en la nota 47 del capítulo 15 sobre contaminación por partículas, en la Parte cuarta.

63. Goldstein (1995) cita a la EPA cuando afirma que la contaminación de las aguas subterráneas de las más de seis mil granjas de Estados Unidos supuestamente provoca 5,7 casos de cáncer cada trescientos años, o algo menos de un caso cada cincuenta años. Teniendo en cuenta que el número de granjas del Reino Unido es mucho menor y que los restos sulfurosos son un componente mínimo de las granjas, el riesgo es una estimación máxima.

64. Yo no suelo utilizar el argumento de que los animales deberían tener los mismos derechos; cf. Singer, 1977.

65. Aunque no acostumbro a usar interpretaciones más radicales, esta fórmula estaba lógicamente inspirada por Baxter (1974). Una visión de la vida como esta se denomina objetificación, y es la visión predominante (Agger, 1997: 64 y sigs.).

66. Yo tengo el firme convencimiento de que los animales y las plantas tienen derecho a no ser lastimados o eliminados de forma innecesaria (por eso soy vegetariano), pero la palabra crucial aquí es "innecesario". ¿Cuándo es algo suficientemente necesario para un humano como para justificar la muerte de una vaca? Esta decisión sólo podría tomarse en una situación específica, y sobre la base de una justicia de procedimiento y un proceso de toma de decisión democrático. Se trata de una decisión tomada por los humanos de acuerdo con sus principios.

67. La opción es realmente ambigua: los bosques vírgenes proporcionan además a los humanos atractivos lúdicos, mientras que los campos nos abastecen de cereales.

68. Aunque más adelante veremos ejemplos contrarios, como en Pimentel y otros (1998).
69. WI, 1998a: 4.

69. El resto de libros del Instituto Worldwatch contienen, lógicamente, muchos ejemplos de estas afirmaciones, pero, como ya he mencionado antes, estos ejemplos concretos carecen de utilidad en términos de evaluación global.

71. WI, 1998a: 22. Continúan en la frase siguiente diciendo "Como ya hemos visto antes, al menos la mitad de los bosques que una vez cubrieron la Tierra han desaparecido". Pese al hecho de que esta afirmación es extremadamente exagerada (Goudie [1993: 43] calcula un 20% y Richards [1990: 164] estima un 19% durante los últimos trescientos años), sugiere una absurda comparación entre una tendencia de dos décadas y otra de dos milenios.

72. Parece obvio que la estimación de 1949 está desfasada y causaría una impresión incluso más optimista que la que reflejan los datos aportados aquí.

73. WI, 1998a: 22.
74. 11,26 millones de hectáreas por año (FAO, 1997c: 17).
75. WI, 1998ª: 9.
76. 873.000 hectáreas en el último período evaluado, 1990–1995 (FAO, 1997c: 189).
77. WI, 2000a: xvii.
78. Ibídem.

79. Banco Mundial, 2000c, 2000e: I, 188. Por otra parte, esto es también la tendencia (para 1984–1998) presentada en otra publicación del Instituto Worldwatch (WI, 2000b: 73).

80. EEA, 2000.
81. Medido en dólares USA del año 2000; IMF, 2001a; datos de la figura 65.
82. EIA, 2000e: 127, 153.
83. USBC, 2000a.
84. WI, 2000a: xvii.
85. Ibídem, pág. 4; cf. WI, 1998a: xvii; cit. al comienzo de la Parte segunda.
86. WI, 2000a: 4.
87. Ibídem.
88. Ibídem, pág. 15.
89. Caldwell, 2000.
90. Ainsworth y Teokul, 2000.

91. El Instituto Worldwatch vuelve al ejemplo del sida en su introducción (WI, 2000a:
14–15).

92. WI, 2000a: 13.
93. Ibídem, pág.12.
94. ídem.
95. ídem, 1998b:15.
96. WWF, 1997b, 1997d, 1998c.
97. Ibídem, título y pág. 1.
98. Véanse las referencias en la sección sobre bosques.
99. WWF, 1997e.
100. ídem, 1997a, 1997e.

101. Goudie (1993: 43) estima un 20%; Williams (1994: 104), un 7,5%, y Richards (1990: 164), un 19% durante los últimos trescientos años. El IPCC calcula además una reducción global del área forestal cercana al 20% desde 1850 hasta 1990 (2001a: 3.2.2.2).

102. Un problema de definición que podría aplicarse como mucho a un 33% del área forestal actual. No está del todo claro porque las descripciones son provisionales, aunque los bosques del Norte cubren 1,2 millones de hectáreas (Stocks, 1991: 197). Aldrich no tuvo en cuenta otros datos históricos sobre bosques perdidos y le encantó recibir una copia de las referencias de la nota 100.

103. WWF, 1997e.

104. En el período 1980–1995 el mundo perdió 180 millones de hectáreas (FAO, 1997c: 16); en 1990–1995 fueron 56,3 millones de hectáreas (pág. 17), cuando el total de bosques es de 3.454 millones de hectáreas (pág. 10). En los años ochenta (en millones de hectáreas): 3.634 (1 – 0,346%) 10 = 3.510,3, y para 1990–1995 (en millones de ha): 3.510,3 (1 – 0,32%) 5 = 3,454. Cuando le comenté a Mark Aldrich en el WCMC acerca de las quejas sobre la deforestación me contestó francamente que "Bueno, suena similar al WWF".

105. http://www.panda.org/forests4life/news/10897.htm.
106. FAO, 1997c: 189, 18.

107. WWF, 1997d; 1998c:36; 1999: 27, con una estimación por parte de WWF de cubierta forestal de 3.410 millones de hectáreas, comparadas con las cifras de la FAO: 3.454 + 56,3 = 3.510,3 millones de hectáreas en 1990 (FAO, 1997c: 10, 17).

108. 1 – 3.410/6.793 = 49,8%, en lugar del 1 – 3.044/8.080 = 62,3%.

109. Fairhead y Leach, 1998; Leach y Fairhead, 1999.

110. Ibídem, pág. 1. Esta queja sobre la reducción de bosques también aparece en el mapa coloreado de WWF, 1998d: 7 (disponible en Internet).

111. Fairhead y Leach, 1998: xix.
112. Ibídem, pág. 183.
113. WWF, 1999: 1.
114. FAO, 1997c: 13, tabla 2.
115. WWF, 1998a: 6.

116. "Sólo un 3% de los bosques mundiales son plantaciones" (FAO, 1999a: 1). No obstante, compárese con una estimación de la FAO en 1997: las plantaciones forestales en el mundo industrializado totalizan aproximadamente 80–100 M ha; en los países en desarrollo, 81,2 M ha, sobre un total de área forestal de 3.454 M ha, es decir, un 5,2% (FAO, 1997c: 10, 14, y WWF, 1998a: 36).

117. Costanza y otros, 1997; WWF, 1998a: 24.
118. WWF, 1998a: 24.
119. Esta queja no se realizó en el nuevo WWF, 1999.
120. WI, 1999b: 77.

121. "Los dos datos más fuertes (la crítica sobre las 40.000 especies que desaparecen cada año y el porcentaje de extinción de especies actual del 0,7%) aceptados desde hace tiempo por Greenpeace y otros." Politiken, 13–II– 1998.

122. Greenpeace, Protecting Biodiversity: http://www.greenpeace.org/~comms/cbio/bdfact.html. Este enlace ha sido eliminado por culpa de mi crítica.

123. Del periódico noruego Verdens Gang, 19–III–1998.
124. Ibídem.
125. Colborn y otros, 1996.

126. Ibídem, pág. 182. Resulta irónico e insoportable cuando se lee el libro aceptar la siguiente afirmación de Colborn: "Escribimos en nuestro libro que yo pensaba que era una conexión muy débil y pobre (entre los contaminantes medioambientales y el cáncer de mama)" (PBS Frontline, 1998).

127. Colborn y otros, 1996: 182.
128. 175% = 1,01 ^ (1996–1940).
129. ACS, 1999; CDC, 2001a.
130. UNEP, 2000: 41 y sigs.
131. Ibídem, pág. 42; http://www.grida.no/geo2000/english/0046.htm.

132. OMS, 1998: "En 1997, diez millones de niños morían antes de los cinco años". 10,466 millones (Murray y López, 1996c: 648).

133. UNEP, 2000: 148; http://www.grida.no/geo2000/english/0099.htm.

134. ECQ, 1997. Como suele ser habitual en la literatura ecologista, GEO (2000) sólo hace referencia al libro completo, sin especificar una referencia de página, lo que prácticamente impide (fuera de toda lógica) localizar un argumento en un libro de más de trescientas páginas.

135. WI, 1996b: 16–17; cf. págs. 48, 54; 1997b: 54; 2000a: 17.
136. Un 22% de 0,045 EJ frente al 2% de 159,7 Ej.
137. 0,045 EJ*1,22^45,7 = 159,7 Ej*1,02^45,7.
138. Hohmeyer, 1993.

139. Krupnick y Butraw, 1996. Los tres estudios son: US Department of Energy (Oak Ridge Nacional Laboratories/Resources for the Future; Lee y otros, 1995), EU (DG XII 1995) y Empire State Electric junto con NY State Energy Research y Development Authority (1995).

140. Krupnick y Butraw, 1996: 24.
141. WI, 1999a: 28.
142. Ibídem, pág. 39.
143. Ibídem.

144. ídem, 1999a: 18. Obsérvese que aunque parece que una reducción de emisiones de CO2 resultará barata e incluso lucrativa (claramente es la postura que pretende defender el Instituto Worldwatch), Casten puede ser muy honesto cuando afirma que no le preocupa el coste absoluto para la sociedad, sólo que empresas como la suya se beneficien enormemente suministrando los medios para conseguirlo.

145. Ibídem, pág. 35.
146. WI, 1999a: 35; Hoffert y otros, 1998: 884.

147. Miller, 1998: 494. Se añade que "en la mayoría de estos países el problema no es la escasez de agua, sino el uso despilfarrado e insostenible del suministro disponible normalmente". No obstante, no parece preocupar el hecho de que la mayoría de ese 40% procede de la falta de acceso al agua.

148. Miller, 1998: 494; Engelmann y LeRoy, 1993; http://www.cnie.org/pop/pai/water–.

149. Banco Mundial, 1995b.

150. Serageldin, 1995: 2.

151. Previsto por USAID y la OMS; Banco Mundial, 1992: 49.

152. Cerca de 1.100 millones de personas carecen actualmente de acceso al agua potable (Annan, 2000: 5), y el Banco Mundial estima que costaría unos 150 dólares por persona instalar sistemas de abastecimiento de agua, o 165.000 millones de dólares proporcionar agua a todo el mundo (Banco Mundial, 1994:11). Del mismo modo, cerca de 2.500 millones de personas carecen de servicios de saneamiento (Annan, 2000: 5) y se calcula que su implantación costaría menos de 50 dólares por hogar (Banco Mundial, 1994: 83) o cerca de 30.000 millones de dólares (calculando cuatro personas por casa). Por lo tanto, el coste total de instalación de agua y saneamiento es menor de 200.000 millones de dólares. La OCDE (2000: 270) estima una ayuda oficial al desarrollo de 50.000 millones de dólares en 1998.

153. Las cifras de alcantarillado han sido muy discutidas, porque China reclama haber proporcionado instalaciones para prácticamente el total de su población (81% en 1990; Banco Mundial, 1994: 146), pero la mayoría de la gente duda de estas estadísticas (el 24% en 1990–1995; UNDP, 1996a: 144).

154. Actualmente sabemos que la cifra ronda los 764 millones, porque la tasa de natalidad ha descendido más deprisa de lo que se esperaba (USBC, 1996: A3).

155. Engelman y LeRoy, 1993; véase http://www.cnie.org/pop/pai/image4.html;
http://www.catsic.usc.edu/~eart80e/SpecTopics/Water/water1.html. No obstante, es importante señalar que no parece que la provisión de servicios de agua y saneamiento muestren un progreso tan rápido, y que podemos ver un crecimiento tanto absoluto como relativo desde 1992 a 1994 (Wright, 1997: 3).

156. Estas estimaciones aparecen en Gleick, 1998a: 262, 264.

157. Gleick (1998a: 261, 263): "La OMS utilizó la definición actual y más estricta del acceso en cada país para calcular lo que habría sido el acceso en 1990 si se hubiera utilizado esta definición actual".

158. Los deprimentes datos de 1990–1994 también aparecen en el Global Environment Outlook 2000 (UNEP, 2000: 35), calculando un incremento aún mayor en la falta de saneamiento en el año 2000. Esta predicción resultó ser incorrecta, tal como se explica en el texto (Annan, 2000: 5).

159. Gleick, 1998a: 262, 164.
160. ídem, 1998b.
161. Annan, 2000: 5.
162. La línea logística tiene un poder explicatorio algo mayor y un mejor modelo básico.
163. Pimentel y otros, 1995a; Pimentel y Pimentel, 1995.
164. Pimentel y otros, 1998.
165. Anón., 1999d; Gifford, 2000; Anón., 1998b.
166. Pimentel y otros, 1998: 822–823.
167. OMS, 2000b: 164; Murray y López, 1996c: 465, 468.
168. Pimentel y otros, 1998: 823.
169. USBC, 2000d.
170. Desde 0,7 a 0,4; Armstrong y otros, 1999; Martin y otros, 1999: 27.

171. Pimentel y otros, 1998: 818. Esta conexión es especialmente clara en Anón., 1998b: "De los 80.000 pesticidas y demás productos químicos utilizados en la actualidad, el 10% están considerados cancerígenos. Las muertes relacionadas con el cáncer se incrementaron en Estados Unidos desde las 331.000 de 1970 a las 521.000 de 1992, con cerca de 30.000 fallecimientos atribuidos a la exposición a agentes químicos".

172. Pimentel y otros, 1998: 819.
173. OMS, 1999a: 262.
174. Pimentel y otros, 1998: 824.
175. Con un máximo del 32% alcanzado en 1994 (Tangcharoensathien y otros, 2000: 802).
176. Tangcharoensathien y otros, 2000: 802.
177. UNAIDS, 2000: 128–129.
178. Pimentel y otros, 1998: 820.
179. EPA, 2000d: 3–19, 3–20.

180. Una vez más, Pimentel y otros no utilizan números de página, pero la referencia es OCDE, 1985a: 38. Anón. (1998b) también informa de esto como emisiones en Estados Unidos: "Aunque el uso del plomo en la gasolina ha descendido en Estado Unidos desde 1985, otras fuentes expulsan 2.000 millones de kilogramos de plomo a la atmósfera de este país cada año. Se calcula que 1,7 millones de niños americanos tienen niveles inaceptables de plomo en la sangre".

181. Pimentel y otros, 1998: 817.

182. Ibídem, pág. 824.

183. Ibídem, pág. 822.
184. Ibídem, pág. 817.
185. Ibídem, pág. 824.
186. Ibídem, pág. 822.
187. Henderson, 2000.
188. Grigg, 1993: 48.
189. OMS, 2000c.

190. El Banco Mundial (1993: 76) estima que los años de vida ajustados a la incapacidad (DALY) perdidos directa e indirectamente son 72,1 millones de años por desnutrición y 72,1 millones de años por deficiencias en micronutrientes.

191. Banco Mundial, 1993: 82; Underwood y Smitasiri, 1999: 312 y sigs.
192. Ibídem, pág. 304.
193. Darnton–Hill, 1999.
194. Pimentel y otros, 1998: 817.
195. Anón., 1999d; Gifford, 2000.
196. Anón., 1998b.

197. Los 50 millones son una cifra redonda, de principios de los años noventa, de la que provienen la mayoría de los datos de Pimentel y otros (1998); WRI, 1998a: 12.

198. 567.000 muertes (Murray y López, 1996a: 315).
199. Pimentel y otros, 1998: 818.
200. Ibídem, pág. 824.
201. Henderson, 2000.
202. Pimentel y otros, 1998: 822, 820.

203. Porque la estimación procede de Murray y López (1996a), que sólo atribuyen un 40% de todas las causas, y sólo estiman el incremento de muertes en niños (1996a: 305).

204. Dobson y Carper, 1996. McMichael (1999) es un buen ejemplo: "Las enfermedades infecciosas se redujeron en el mundo occidental durante finales del siglo XIX y gran parte del siglo XX. No obstante, la tendencia a la reducción puede haberse invertido en el último cuarto de este siglo. En los últimos veinticinco años se ha registrado un buen número de enfermedades nuevas o de reciente descubrimiento, entre las que están el retrovirus, la criptosporidiosis, la legionela, el virus ébola, la enfermedad de Lyme, la hepatitis C, el VIH/SIDA, el síndrome pulmonar Hantavirus, la bacteria intestinal 0157, el cólera 0139, el síndrome de shock tóxico (por estafilococos) y algunas otras". Este argumento parece indicar que la frecuencia está aumentando.

205. Pimentel y otros, 1998: 824.
206. Murray y López, 1996c: 465–466, 648–649, 720–721, 792–793.

207. Calculado a partir de los grupos de edad en Murray y López, 1996c: 465–466, 648–649, 720–721, 792–793.

208. No incluye referencia de página, pero el 77% procede de Murray y López, 1996b: 358.
209. Este hecho se conoce como "transición epidemiológica", donde el incremento en la asistencia sanitaria ha diezmado las enfermedades infecciosas tradicionales, dejando para más adelante las enfermedades no comunicables (NAS, 1993). La OMS muestra pruebas del cambio en las enfermedades infecciosas en Chile, 1909–1999 (1999a: 13).

210. Murray y López, 1996c: 465, 792.
211. NCHS, 1999a: 142.
212. Pimentel y otros, 1998: 824.
213. WI, 2000a: 7.

214. En este caso ignoraremos el hecho de que la metáfora está claramente dirigida hacia el estancamiento, cuando se supone que si vamos a ser más habitantes, también desarrollaremos mejores variedades de cereales, reduciendo cada vez más el área mínima.

215. Simon, 1996: 100–101.
216. FAO, 2000d: 108.
217. WI, 1998a: 89.
218. Ibídem, pág. 90.
219. Brown, 1996b: 199–200.
220. Greenpeace, 1992: 8.1.
221. Falkenmark y Lundqvist, 1997: 8.
222. WI, 1999a: 23.
223. Gwynne, 1975.

224. Como es lógico, esto incluye también una cuestión de distribución: si Inglaterra cuenta con una estación de crecimiento más larga y agradable, Etiopía puede tener un calor más sofocante; pero ante el escenario de un clima cálido frente al frío de Inglaterra, Etiopía deberá salir beneficiada.

225. 4.131muertes por exceso de frío frente a 2.144 muertes por exceso de calor, 1987–1989 y 1994–1996 (NSC, 1990: 10; 1999: 16). En el Reino Unido, Subak y otros (2000: 19) afirmaron: "Un clima más calido provocaría más muertes por olas de calor extremo, pero estas serían mucho menos que las muertes evitadas en invierno". Véase Moore (1998) para comprobar otras ventajas del calentamiento.

226. La interpretación siguiente se basa en Brander y Taylor, 1998.
227. Gonick y Outwater, 1996.
228. WI, 1999a: 11.
229. Asimov y Pohl, 1991: 140–141.
230. Brander y Taylor, 1998: 122; la Enciclopedia Británica calcula unas diez mil islas.
231. Ibídem, pág. 129.
232. Ibídem, pág. 135.
233. Meadows y otros, 1972: 56 y sigs.
234. Ehrlich, 1970.
235. Ibídem, pág. 25.
236. Cada africano tomó 2.439,4 calorías/día en 1998 (FAO, 2000a).

237. Ehrlich, 1970: 24. New Scientist (2001) denunció que la polución y los límites al crecimiento derivarían en una "gran despoblación" que dejaría tan sólo 2.000 millones de habitantes en 2100.

238. Ehrlich y Ehrlich, 1974.
239. Ibídem, pág. 28.

239. Ibídem, pág. 30: "Los biólogos marinos parecen coincidir en que las capturas globales alcanzan actualmente su máximo".

241. Ehrlich y Ehrlich, 1974: 158.
242. Ibídem, pág. 33. Ellos también predijeron una caída en el mercado de valores para 1985 (pág. 176).

243. Informativo de la televisión danesa, DR1, 18.30, 4–II–1998.

244. Debería indicarse que estas pequeñas fluctuaciones hacia arriba y hacia abajo no son realmente deisivas, dadas las grandes incertidumbres y las estimaciones de modelo inherentes a los datos. Lo mejor que se podría decir sobre los bosques es que ni han aumentado ni han descendido desde 1950.

245. Este fue el punto de vista en Poulsen, 1998.

246. Un buen ejemplo es la afirmación categórica de Al Gore calificando de nazis a todos los que no estuvieran totalmente convencidos de la supremacía de la cuestión medioambiental (como en Gore, 1992: 272 y sigs.).

247. Auken, 1998. Poulsen (1998) fue capaz de decirle a los lectores de Politiken que yo en realidad soy un "izquierdista calzasandalias", y aunque está más cerca de la verdad que la caracterización hecha por el secretario de Medio Ambiente, preferiría no declarar mi postura política porque creo que mi fuerza radica en argumentar sobre la base de los hechos y no sobre cómo utilizar estos hechos con fines políticos.

248. Aunque preferiría documentar la (in)eficacia de decisiones pasadas, este tipo de evaluaciones no suelen estar disponibles. Aparentemente, la creación de un análisis de costes/beneficios sobre una decisión ya tomada y llevada a cabo carecería de sentido porque no marcaría ninguna diferencia.

249. Ostentosamente, este equilibrio es la pieza clave de los nuevos escenarios del IPCC, en los que la elección entre economía y medio ambiente es una de las dos dimensiones principales (IPCC, 2000: 28).

250. No obstante, conviene tener en cuenta que en esta relación no existe una determinación; sólo que las naciones más ricas, en general, tienen más facilidad para cuidar del medio ambiente.

251. Este índice es "una función de cinco fenómenos: 1) el estado de los sistemas medioambientales, como el aire, el suelo, los ecosistemas y el agua; 2) las tensiones aplicadas a estos sistemas, en forma de niveles de contaminación y de explotación; 3) la vulnerabilidad humana frente al cambio medioambiental, en forma de pérdida de alimentos y enfermedades provocadas por el medio ambiente; 4) la asistencia social e institucional para afrontar los retos medioambientales; y, por último, 5) la capacidad de responder a las demandas globales de servidumbre mediante la cooperación en esfuerzos colectivos para conservar los recursos medioambientales internacionales como la atmósfera. La sostenibilidad medioambiental puede definirse como la capacidad para alcanzar altos niveles de rendimiento en cada una de estas dimensiones de forma duradera" (WEF, 2001: 9).

252. Este mito es invocado, entre otros, por el Instituto Worldwatch: "Igual que un cáncer en continuo crecimiento termina destruyendo el soporte de su vida al destruir a su anfitrión, una economía global en continua expansión destruye poco a poco a su anfitrión: el ecosistema terrestre" (WI, 1998a: 4; cf. WI, 2001a: 12). Procede en su origen de la afirmación que Ehrlich realizó en 1973 sobre el negativo impacto medioambiental determinado de forma multiplicadora por el tamaño de la población, el poder adquisitivo y la tecnología (escrito a veces como I = PAT; véase Common, 1996). Por lo tanto, esta relación influye, por definición, negativamente en el medio ambiente (aunque su impacto puede reducirse de forma temporal gracias a los progresos tecnológicos).

253. Simon, 1996: 226–227.






Cambio climático , otro punto de vista.

Escrito por novoyatirarlatoalla 25-04-2007 en General. Comentarios (4)
Será un científico quién habla así?
La verdad decir que todo el lio planetario climático es un invento de terroristas ecologistas
me parece una injuria cuando no una estupidez o bién que le han pagado (multinacionales y /o gobiernos)para que busque la forma de convencer de lo que explica...de todas maneras es otro
punto de vista....


Fuente: http://sinfuturoysinunduro.blogspot.com/2007/01/sobre-el-cambio-climtico.html

 

18 de enero de 2007

Sobre el cambio climático

Rebatir las tonterías del calentamiento global, Kioto, el agujero de ozono y el peligro del C02 antrópico es facilísimo. Sólo se necesitan unos 5 minutos. El agujero de ozono ni siquiera existe, es un adelgazamiento natural, como lo prueba que el 87 alcanzó su máximo, y el 88 su mínimo. En el 2002 se partió sin ninguna lógica en dos y perdió un 40%. ¿Dejamos de contaminar entonces?

El aumento de temperatura de 0,6° en 100 años (algo incomprobable, porque entonces no había mediciones serias) es insignificante y la proporción actual de 370 ppm (partes por millón) de CO2 es irrisoria; teníamos 120.000 ppm hace 580 millones de años. Era natural entonces…, y no pasó nada. O en la época de los dinosaurios era de 900-3.300 ppm y entonces no había seres humanos…ni Bush, ni Kioto, ni ecologistas fanáticos. Hay 17.800 científicos que niegan el peligro del calentamiento global y el C02 .

El calentamiento no es global (el invierno de 2004 ó 2005, no recuerdo, nos helábamos de frío y nevaba en Melilla, Somalia, Texas, Brasil, Australia, Casablanca y Arabia Saudí: algo absolutamente insólito, y que no tiene nada que ver con el calor, sino con el frío polar). La Antártida -el barómetro de La Tierra- se enfría desde hace 35 años (Doran, Raymond, Tulazyk, 2002), al igual que Groelandia, partes del Ártico y los mayores glaciares del mundo (Logan , Hubbard, Perito Moreno, Bering, Pio XI, Maili…). El deshielo es típico antes de una glaciación. Las dos ultimas glaciaciones (hace 12.700 y 8.200 años) se produjeron por el deshielo (precedido de un calentamiento) del lago Agassiz y el Ártico, que cortaron la Corriente del Golfo. (Cfr. Todos estos datos en Uriarte, Historia del clima, 2003).

Prácticamente TODO LO QUE DICEN LOS MEDIOS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO ES FALSO. No importa que lo repitan 20.000 veces y lo corroboren profesionales de la desinformación como Bailarón (Instituto Nacional de Meteorología), Aizpiri (oficina del cambio climático) Moreno o Ruiz de Elvira (físicos divulgadores, fanáticos del calentamiento antrópico) o la ministra Narbona. Subvenciones para proyectos disparatados (como Kioto o el inexistente agujero de ozono), razones económicas y el fanatismo medioambiental –la nueva religión del siglo XXI- justifican este bombardeo constante de desinformación, que siempre nos llega del IPCC (ONU), el Gobierno y de Greenpeace (una multinacional escondida tras una falsa ONG, que gana más que el Real Madrid y cuyo estatus caritativo ha sido revocado en Canadá en 1989) y WWF/Adena (primos hermanos de Greenpeace).

Nos machacan continuamente con el calentamiento antrópico –no hay ningún estudio que demuestre el origen humano- y el aumento del nivel del mar , al tiempo que el nivel del mar desciende en zonas como Suecia, Australia, Tasmania, Indico (John -Daly, Michaels , 2003, 2004) y terribles olas de frío invaden medio mundo. Aparte que el deshielo no aumenta el nivel del mar, ya que el agua ocupa el volumen del hielo desocupado (pruébese con un cubito en un vaso). La pseudoteoría del calentamiento se va colapsar en los próximos dos años. El último best seller de Michael Crichton, Estado de miedo –siempre en la pomada o por delante de la ciencia, como en la clonación- ya lo desmonta por completo (utiliza hasta bibliografía) y habla la “religión del calentamiento”.

Los imperios sumerio y egipcio desparecieron hace 4.200 años debido a una miniglaciación, precedida de calentamiento, sequías e inundaciones (Hassan, 2002). ¿A qué escenario nos recuerda esta apocalíptica historia?. Lo mismo ocurrió con la civilización maya. El cambio climático nos aproxima a una edad de hielo. Los eventos catastróficos se deben a los ciclos solares, el ciclo de oscilación cuasi bienal y El Niño, ( relacionado con ambos, Landscheidt, 2003) el cual calienta los océanos, que es lo que provoca los huracanes. La frecuencia de huracanes no ha aumentado ( costatado por muchos expertos como Baliunas, Landsey [dimitió del IPCC porque le manipulaban sus investigaciones a favor del calentamiento], Balling, Cervery, Lindzen etc…) . El caso del Katrina no se puede achacar sólo al cambio climático por glaciación (no por calentamiento), sino también a unos diques mal construidos y una ciudad erigida en un lugar inapropiado.

Señoras y caballeros, Señor Boyer (entérese que Kioto no multa la contaminación de automóviles), casi todo lo que dicen los medios sobre el cambio climático ES SENCILLAMENTE MENTIRA. Por eso, ante tanta expropiación de la razón. escuchen un poco de ciencia y argumentación empírica irrefutable Y JUZGUEN POR USTEDES MISMOS:

1.- EL C02 ES BUENO Y POTENCIA LA BIOMASA DE LA TIERRA

El
C02 no es contaminante y potencia las función clorofílica, lo cual hace aumentar la vegetación de la tierra, que cada vez es mayor (Steitz et al, Science 2003, NASA). En muchos invernaderos se insufla C02. El efecto invernadero es sinónimo de prosperidad: fue el causante del desarrollo de nuestras civilizaciones neolíticas.

2.-LAS MEDICIONES DEL C02 PREINDUSTRIAL SON ERRÓNEAS.

Las mediciones oficiales del C02 preindustrial NO SON CORRECTAS, ya que ciertos gases (hidratos y clathratos) distorsiona los resultados en las burbujas de hielo (en donde queda grabado el C02 del pasado), dando menos partes por millón de las que hay en realidad (Jaworowski, 2004). Por eso, mediciones precisas independientes, como las de Van Hoff., Jawarowski (2004) y Wagner et al (1999) reflejan que en la Pequeña Edad de Hielo era de 320 ppm o hace 9600 años de 348 ppm (ahora son 360-70 ppm). Esto quiere decir que Kioto se montó por unas ridículas 20 ppm y que la influencia humana es NULA E INSIGNIFICANTE.

3.-CONTAMINAMOS CASI EL MISMO C02 QUE EMITIMOS AL RESPIRAR Y LA MITAD SE ABSORBE.

Al año se emiten unas 186.000 toneladas de C02 (océanos, vegetación, volcanes, contaminación…), de los que cerca de 6.000 millones de toneladas serían de origen humano y sólo 3.000 quedan retenidas en la atmósfera, ya que el resto se absorbe por los océanos,vegetación y suelo. El mar emite y absorbe 90.000 millones de toneladas anuales y las plantas 60.000. En total, hay en la atmósfera unos 750.000 millones de toneladas de CO2 (Essex & MaKitrick, 2003). Sólo por respirar los seres humanos emitimos al año unos 2.500 millones de toneladas de C02, cifra que supera la disminución de 1.000 millones exigida en Kioto. ES DECIR, LA CONTAMINACIÓN HUMANA ES INAPRECIABLE O CASI LA MISMA QUE PRODUCIMOS AL RESPIRAR. Otra prueba más de que Kioto no sirve para nada.

4.-REDUCIR EL C02 PRODUCE MÁS CALENTAMIENTO.

Un estudio de Meinrat Andreae (2005), del Instituto Químico Max Plank, concluyó que reducir la contaminación en la atmósfera PODRÍA RESULTAR EN UN MAYOR CALENTAMIENTO.

5.-LOS COMBUSTIBLES FÓSILES REDUCEN EL C02

Bailis et al (Science, 2005) han demostrado que el uso de combustibles fósiles en vez de madera en África disminuye el C02.

6.-LA MAYOR PARTE DEL C02 HUMANO SE DEBE A LA AGRICULTURA Y GANADERÍA.

Estudios de Ruddiman (2001, 2004…) y Page (2002) demuestran que la mayor parte de la contaminación humana no se debe a los combustibles fósiles, sino a procesos relacionados con la ganadería, agricultura o quema de bosques.

7.- LOS SUELOS SON MÁS FÉRTILES DEBIDO A LA CONTAMINACIÓN.

La deposición en la tierra de compuestos nitrogenados atmosféricos provenientes de la contaminación humana aumenta la fertilidad de algunas zonas.

Hay poca gente que sepa de verdad algo sobre el tema. Recomiendo dos lecturas. La primera es Calor Glacial, increíble ensayo sobre el cambio climático.

La segunda es una novela. Estado de miedo, que mezcla la ficción con la realidad. Os recomiendo, vía internet, que entréis en la página de la Fundación Argentina de Ecología Científica, donde proporcionan interesante información acerca del cambio climático y de las presiones de los grupos ecoterroristas que consiguen , con mentiras, matar a millones de personas.

Diréis que esto último es una burrada. Pues no. Grupos ecologistas han presionado, entre otros, a EEUU, para que no ayude a países que usaban el DDT para exterminar la malaria. Lo consiguieron. Desde que esos países no usan el DDT, igual hay alguna raza de mariposas mejor….no lo dudo, pero cada día, repito, cada día, mueren miles de niños a causa de la malaria, hecho que podría evitarse usando DDT.

Y ahora… a seguir con la coña del cambio climático. Si no aciertan nunca con el tiempo de mañana quien se cree que sepan el de dentro de 30 años. Son simples modelos informáticos, muy simples, que no tienen en cuenta que el tiempo puede cambiar en micras de segundo, y que no sigue una distribución de ningún tipo. Meten datos, para poco a poco, ir dando formas a sus mentiras, supuestamente amparadas en teorías científicas válidas, que en realidad no pasan el más mínimo examen.

Fuente

Los libros y l@s niñ@s...

Escrito por novoyatirarlatoalla 25-04-2007 en General. Comentarios (0)
El debate de la lectura y las nuevas generaciones es apasionante...
pero en el libro "Como una novela" de Daniel Pennac su exposición
es impecable....dice:


En suma, habrían podido decirse muchas cosas para medir la distancia que hay entre

el libro y él.
Las dijimos todas.
Que la televisión, por ejemplo, no es la única culpable.
Que las décadas transcurridas entre la generación de nuestros hijos y nuestra propia
juventud de lectores han tenido el efecto de siglos.
De manera que, si bien nos sentimos psicológicamente más próximos a nuestros hijos
de lo que nuestros padres lo estaban con respecto a nosotros, seguimos estando,
intelectualmente hablando, más próximos a nuestros padres.

(Aquí, controversia,discusión, puntualización de los adverbios «psicológicamente» e«intelectualmente». Refuerzo de un nuevo adverbio):

Afectivamente más próximos,si prefieres.

—¿Efectivamente?

—No he dicho efectivamente, he dicho afectivamente.

—En otras palabras, estamos afectivamente más próximos a nuestros hijos, pero
efectivamente más próximos a nuestros padres, ¿no es eso?

—Es un «hecho social». Una acumulación de «hechos sociales» que podrían resumirse en que nuestros hijos son también hijos e hijas de su época mientras que nosotros sólo éramos hijos de nuestros padres.

—¿...?

—¡Claro que sí! De adolescentes, no éramos los clientes de nuestra sociedad. Comercial y culturalmente hablando,era una sociedad de adultos. Ropas comunes, platos comunes, cultura común, el hermano pequeño heredaba los trajes del mayor, comíamos el mismo menú, a lasmismas horas, en la misma mesa, dábamos los mismos paseos el domingo, la tele unía a la familia en una única y misma cadena (mucho mejor, además, que todas las de hoy), y, en materia de lectura, la única preocupación de nuestros padres era colocar determinados títulos en estantes inaccesibles.

—En cuanto a la generación anterior, la de nuestros abuelos, prohibía pura y simplemente la lectura a las chicas.

—¡Es cierto!Sobre todo la de novelas: Da imaginación, la loca de la casa». Eso es malo parael matrimonio...

—Mientras que hoy... los adolescentes son clientes de pleno derecho de una sociedad que los viste, los distrae, los alimenta, los cultiva; en la que florecen los macdonalds,los burgers y las 'boutiques de moda. Nosotros íbamos a guateques, ellos a discotecas, nosotros leíamos un libro, ellos se rodean de cassettes... A nosotros nos gustaba comulgar bajo los auspicios de los Beatles, ellos seencierran en el autismo del walkman... Se ve incluso esa cosa increíble de barrios enteros confiscados por adolescentes, gigantescos territorios urbanos entregados a sus vagabundeos.

_Aquí, evocación del Beaubourg.[1]

Beaubourg...

La Barbarie-Beaubourg...

¡Beaubourg, la visión hormigueante,Beaubourg-el vagabundeo-la droga-la violencia... Beaubourg, y la llaga delRER... el Agujero de Les HallesP



[1] Beaubourg: ensentido estricto el Centre National Pompidou, y en sentido amplio, el barrioque lo alberga; el RER: línea de metro que une el centro con la periferia; yLes Halles: antiguo Mercado Central de París, el nombre anterior del barrio. (N.del T.)

 

  -¡De donde surgen las hordas iletradas al piede la mayor biblioteca pública de Francia!

  Nuevo silencio..., uno de los más hermosos: eldel «ángel paradójico».

—¿Tus hijos frecuentan el Beaubourg?

—Rara vez. Por suerte vivimos en elQuince. Silencio...

Silencio...

—En fin, que ya no leen.

—No.

—Demasiado solicitados por otrascosas.

—Sí.

Y cuandono es el proceso de la televisión o del consumo a secas, es el de la invasión electrónica; y cuando no es culpa de los juguetitos hipnóticos, es de la escuela: el aprendizaje aberrante de la lectura, el anacronismo de los programas, la incompetencia de los maestros, lo viejas que son las instalaciones, la falta de bibliotecas.

¿Qué más falta?

¡Ah, sí, el presupuesto del ministerio de Cultura... una miseria! Y la parte infinitesimal reservada al«Libro» en esta dotación microscópica.

  ¿Cómo pretendes que, en estas condiciones, mi hijo,   mi hija, nuestros hijos, lajuventud, lean?

  -Además, los franceses leen cada vez menos...

  — Es verdad.


ORG.CHANGUITOS .Silvana Cascio,capacitadora.

Escrito por novoyatirarlatoalla 25-04-2007 en General. Comentarios (4)


ORG. C H A N G U I T O S                        

Pedro León Gallo 1845 Bº Libertad.

El teléfono es (54)385-439-5078

CP. (4200) Santiago del Estero.Argentina.









En otras ocasiones ya os he presentado a la Org CHANGUITOS de Santiago del Estero
en el norte argentino....
Pedro León Gallo 1845 Bº Libertad. El teléfono es (54)385-439-5078
CP. (4200) Santiago del Estero.Argentina.
Hoy os copio lo que SILVANA CASCIO una de las capacitadoras
nos explica. Silvana escribe a MUXIMA ,una Organización Católica de Valencia,España
que en las Navidades del año pasado llevaron a cabo una Campaña de solidaridad para ellos
y para otra escuela de BS.AS. del barrio de Barracas....

Hola queridos amigos de MUXIMA
 Mi nombre es Silvana Cascio soy una de las capacitadoras  del Proyecto
 Changuitos (Santiago del Estero - Argentina), Mi función dentro del
 proyecto es coordinar el Taller de Fabricación De Alpargatas, Artesanías
 Urbanas Y  Emprendimientos Pre Cooperativos.
 Proyecto Changuitos es una Asociación Civil sin Fines de lucro destinada a
 niños de  11 a 16 años que se encuentra en la calle en grave situación de
 riesgo social.
 Su fundamento es la educación no formal.
 Los niños hacen la venta solidaria de la revista ( la que puede o no
 realizar) ésta es utilizada como elemento para la educación no formal, ya
 que al realizar esta actividad aleja a los niños de la calle, de la
 violencia y el maltrato, aumentando así su autoestima por que no es lo
 mismo ofrecer que pedir.  También participan de la elaboración y el armado
 de la misma.
 Ellos son protagonistas activos dentro de la casa ya que están encargados
 del manejo y funcionamiento de la misma (realizando el desayuno, el
 almuerzo, limpieza, atendiendo el teléfono y las visitas).
Participan de diferentes talleres:
      - Música
      -Guitarra
       -Folklore
       -Murga
-Artesanía Urbana
-Fabricación De Alpargatas
- Apoyo E Inserción Escolar
- Computación Inicial
 -Educación Para La Salud.

Este año cumplimos un sueño, el traslado a la casa propia. La que cuenta
 con un salón de usos múltiples, cocina , baños, un aula y una biblioteca,
 razón por la cual todos las personas que somos parte de este proyecto nos
sentimos inmensamente felices, orgullosos y con muchas ganas de continuar.