novoyatirarlatoalla@blogdiario.com

20 cosas que no sabe sobre la obesidad

Escrito por novoyatirarlatoalla 07-02-2007 en General. Comentarios (8)

Lean estos datos sobre obesidad y las campañas tan agresivas....
Cuando empezó las campañas antitabaco , se veía venir que la próxima
iba por la obesidad....
Educar para tener buena salud es positivo , aunque luego haya que convivir
 con publicidad que incita a comer compulsivamente o que te ofrece una hamburguesa gigantesca baratita etc...
Educar sí, Segregacionar NO..........Tere Marin
Entrar en esta dirección y vereis:
http://www.maikelnai.es/?p=192


Ayer un lector (gracias Hasterisko) me envió un enlace a Diggsugiriendo que el artículo podría interesarme para el blog, como así fué. De todos es sabido que en Estados Unidos, el paraíso delfast-food, tienen un serio problema de obesidad (gracias a élproliferan allí los oportunistas que venden dietas milagroque prometen perder peso sin esfuerzo). ¿No debería la prensaespecializada alertar a la población de los riesgos que padecen siprosiguen ingiriendo calorías a un ritmo tan alarmante? Si… ya lohacen, y de una forma tan agresiva que me he quedado sin habla… particularmente imcomprensible el punto nº 4......

Puedes leer completo este artículo y muchos más en una muy interesante página
que no tiene desperdicio de principio a fín :
http://www.maikelnai.es/?p=192

Pintores o Magos

Escrito por novoyatirarlatoalla 07-02-2007 en General. Comentarios (1)

Lo encontrarás en esta amena, educativa y divertida web o blog:
http://www.maikelnai.es/?p=189#more-189
Visita esta página y no sabras si son cuadros o viaje a un mundo mágico:
http://www.grand-illusions.com/opticalillusions/beever/

Alfredo Zitarrosa

Escrito por novoyatirarlatoalla 06-02-2007 en General. Comentarios (0)

Este texto está dedicado a mi mitad de alma.
T.Q.M..............yo misma.


Guitarra Negra


Alfredo Zitarrosa


Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra… Cómo haré para que sientas mi torpe amor, mis ganas de sonarte entera y mía… Cómo se toca tu carne de aire, tu oloroso tacto, tu corazón sin hambre, tu silencio en el puente, tu cuerda quinta, tu bordón macho y oscuro, tus parientes cantores, tus tres almas, conversadoras como niñas… Cómo se puede amarte sin dolor, sin apuro, sin testigos, sin manos que te ofendan… Cómo traspasarte mis hombres y mujeres bien queridos, guitarra; mis amores ajenos, mi certeza de amarte como pocos… Cómo entregarte todos esos nombres y esa sangre, sin inundar tu corazón de sombras, de temblores y muerte, de ceniza, de soledad y rabia, de silencio, de lágrimas idiotas…

Hoy anduvo la muerte buscando entre mis libros alguna cosa… Hoy por la tarde anduvo, entre papeles, averiguando cómo he sido, cómo ha sido mi vida, cuánto tiempo perdí, cómo escribía cuando había verduleros que venían de las quintas, cuando tenía dos novias, un lindo jopo, dos pares de zapatos, cuando no había televisión, ese mundo a los pies, violento, imbécil, abrumador, esa novela canallesca escrita por un loco... Hoy anduvo la muerte entre mis libros buscando mi pasado, buscando los veranos del 40, los muchachitos bajo la manguera, las siestas clandestinas, los plátanos del barrio, asesinados, tallados en el alma... Hoy anduvo la muerte revisando mi abono del tranvía, mis amigos, sus nombres, las noches de café Montevideo, las encomiendas por la Onda con olor a estofado, revisando a mi padre, su Berreta, su Baldomir, revisando a mi madre, su hemiplegia, al Uruguay batllista, a Aristides querido, a mis anarcos queridos bajo bandera, bajo mortaja, bajo vinos y versos interminables... Hoy anduvo la muerte revisando los ruidos del teléfono, distintos bajo los dedos índices, las fotos, el termómetro, los muertos y los vivos, los pálidos fantasmas que me habitan, sus pies y manos múltiples, sus ojos y sus dientes, bajo sospecha de subversión... Y no halló nada... No pudo hallar a Batlle, ni a mi padre ni a mi madre, ni a Marx, ni a Aristides, ni a Lenin, ni al Príncipe Kropotkin, ni al Uruguay ni a nadie. Ni a los muertos Fernández más recientes... A mí tampoco me encontró... Yo había tomado un ómnibus al Cerro e iba sentado al lado de la vida... Pasé frente al Nocturno y la vida había pintado unos carteles... Pregunté en una esquina por la hora, y en la bolsa del hombre que me dijo la hora iba la vida, junto con su almuerzo... Hoy dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas... Y la noche entrará por todas las ventanas de mi casa, por todas las ventanas de todo el barrio, por todas las ventanas de todos los cuarteles y de todas las cárceles, por todas las ventanas de los hospitales... La noche entrará, cabeceando, saltará para adentro, sombra a sombra a la luz del farol... Y se echará en el piso como un perro... Y aguardará hasta la madrugada... Hoy... Dejaré las puertas y las ventanas de mi casa, abiertas, para siempre... Mi corazón está mejor situado que mi casa... Mi casa, más cercada que mi barrio... Mi barrio, cercado por mi pueblo... En mi barrio vive el Presidente, cercado por un muro casi derrumbado...

Temblando, con el frontal partido con el marrón, por el marronero, cae sobre sus costillas, pesada como un mundo, la res... Cae con estrépito, de bruces sobre el cemento... Balando al descuajarse su osamenta, ya sólo un pobre costillar enorme, ya sólo un pobre cuero y sangre, media tonelada de huesos astillados, hincados en toda esa vida temblorosa y atónita... Ahí se va alzando, como un pesadopingajo, atrapada por la pata por un gancho que le salta arriba, que la alza por un hojal abierto en el garrón de un cuchillazo en plena estupidez sentimental, en plena media tonelada de monstruoso dolor, incomprensible, absurdo, balando, plañidera y tonta, como un escarabajo que no piensa, mientras medita lentamente por qué duele tanto y por qué duele qué parte de quien es ella misma, la res, abierta al descuartizamiento atroz por todas partes, que nunca habían dolido y que eran tantas partes, tan extensas... Y que pastando nunca había dolido... Haciendo leche, esperma, músculos, crin y cuero y cornamenta viva, que eran la vida misma manando hacia sus adentros, vibrando tiernamente como un sol cálido hacia sus adentros... Y nunca habían dolido... Ya está colgada... Las patas delanteras se enderezan, se endurecen y avanzan hacia adelante y hacia arriba, implorantes y fatalmente rígidas, rematadas en cortas pezuñas que hace un instante amasaban el barro del corral, el estiércol de otros cien balidos, Dinosaurios del siglo de las máquinas, nacidos para morir de un marronazo... Ahora ya es carne azul colgada en la heladera: "Uruguay for export"... Aquella res, que murió de un marronazo, cayó y tembló todo el frigorífico... Aquella otra res que recibió el marronazo en plena frente, de dos dedos de espesor, mientras entraba al tubo desconfiando porque allí no había pasto, alcanzó a comprender que había otra res delante, balando, que ya se la llevaba el gancho... Y cayó detrás, también, y el cemento tembló bajo esos huesos... Aquella otra res, que esquivó el marronazo y que cayó también, con un ojo reventado una guampa partida, deshecha, también cayó y tembló la tierra, tembló el marrón, tembló el marronero; la res, murió temblando de dolor y de miedo... De un marronazo en plena frente "for export" del Uruguay...

En la punta del agua, una flor blanca, luminosa, de quince dólares, se hace chispa, se abulta, se diluye, chorrea entre otras flores más pequeñas, llora, se agita, la catapulta en chorro de agua y sube como bola en el aire... Está naciendo siempre, mientras el agua canta en esa fuente de la boite... Entre aplausitos, al compás de la orquesta, blanda flor blanca, acuosa, nostalgiosa en el aire... Subida en los aplausos como espitada, hendida, empitonada... Gime y llora en la noche, tira estrellas bailando bajo el humo, renace, llora por el chorro azul-blanco de la fuente como si fuera planta que la cría -y que no es- ... y sin embargo, así seguirá abriéndose, muriendo, hinchándose y flotando, mientras dure la noche, su belleza infantil de ingeniería, su blando corazón bajo el foquillo fijo y lechoso... El gringo, el chorro de agua a precio, el aire de importación, esas hembras, el mozo, esos señores...

Hace un buen rato ya que doy trabajo y vengo acostumbrándome al desuso de mi alma, a la razón del enemigo, a mis sesenta cigarrillos diarios, a las malas costumbres de mis canciones, que de algún modo siempre fueron nuestras, vos lo sabés, guitarra negra... Hoy reanudo en un cómico enderezo la hora de ayer parada en su nostalgia. Me hacen sufrir las alas que me puse para volar, mas grito y se alzan, gimo y me acompañan, río y baten de a dos, como que están amándose y se odian, sin embargo mis dos alas se odian, se enderezan, se hacen amigas mías para llevarme por todas partes: allá está la canción, aquí la nada... Más allá el pueblo y más acá el amor... Pero el pueblo está también más acá... Y antes estaba allá también, detrás del pueblo el pueblo... Hemos viajado por todos mis caprichos y el pueblo hozando el piso, amándose con alas como las mías... Odiando su destino, odiándome y amándome sin alas, con millones de pies, con manos y cabezas y lenguas... Y sus mil bocas dicen: "Ahora, la suerte ya está echada..."

La mariposa viene hacia mí en la calle, en el aire húmedo, por el aire húmedo bailando, por el aire agobiante, ominoso, bailando en el aire caliente... Y yo vi que no era a mí a quien buscaba sino a la muerte... Y que no buscaba la muerte también vi, porque no era mariposa de la ciudad de hierro, ni nacida para eso, sino que era mariposa nada más, en la ciudad, presa y ya muerta de antemano, fatalmente... Buscando en ese bailar loco y frágil un ala, un grano, una pizca de polen en el cemento... Porque la mariposa nace y no aprende nada hasta que muere en cualquier sitio, herida de muerte por su semana justa, por su tiempo preciso, por su sórbito de vida ya bebida... Eso no es tan triste... Triste es ver su cadena de huevos en el hollín, depositados junto a un río de aceite, a la sombra de las altas paredes de cemento... Su cadena de huevos de seda...

Hago falta... Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco, si no estoy... Siento que hay un sitio para mí en la fila, que se ve ese vacío, que hay una respiración que falta, que defraudo una espera... Siento la tristeza o la ira inexpresada del compañero, el amor del que me aguarda lastimado... Falta mi cara en la gráfica del pueblo, mi voz en la consigna, en el canto, en la pasión de andar, mis piernas en la marcha, mis zapatos hollando el polvo... Los 7 ojos míos en la contemplación del mañana... Mis manos en la bandera, en el martillo, en la guitarra, mi lengua en el idioma de todos, el gesto de mi cara en la honda preocupación de mis hermanos.

Cómo haré para tomarte en mis adentros, guitarra, guitarra negra... Dice Enrique, mi hermano, que hay cierto perro hundido que se lame mansamente y nos lame, lamiéndose, una herida quieta allá al fondo, sentado en su escalón... Y dice más mi hermano el otro Enrique, en Praga. Dice que amarte con certeza, hacerte enteramente hembra, darte lo lque de vida tengan mis urgencias será amar más y más a Jaime; amarlo, más de veras... Por su alma, su propio perro mordedor bajo el garrote, el cable, el puñetazo, la bolsa de arpillera, el plantón y el insulto... La olvidada mejilla que no ponen ni él ni nadie a golpear... Sino con hambre y Rita y José Luis, con Gerardo y Raúl y Rosa y Sara y Mauricio... Y por todos nuestros muertos... Y he sabido, guitarra, que este otro perro que criaste, ladrador, campesino, a veces manso o vigilante, que roe su propio hueso en la penumbra y gruñe... cual casi todo perro popular, vagará por tus anchas veredas, tus milongas sangrantes... hasta morir también... Tal vez un día... De soledad y rabia... De ternura... O de algún violento amor: de amor… sin duda.

No hay nada más burgués que el gusto

Escrito por novoyatirarlatoalla 05-02-2007 en General. Comentarios (2)

http://www.elortiba.org/bagayos.html

“Qué sugerente e impúdico resulta el discurso hedonista respecto del gusto por la gastronomía y los vinos en la Argentina hambreada posnoventa –dice el sociólogo Matías Bruera, autor de La Argentina fermentada. Vino, alimentación y cultura (Paidós) en la entrevista con Página/12–. La desmesura siempre domina el panorama cultural y consumista del país. Mientras el hambre toma cuerpo de imagen costumbrista del paisaje, los paladares afinan sus gustos haciendo de la distinción de los sabores un valor agregado para el vínculo social y cultural.”

Bruera escribió La Argentina fermentada molesto por la manera en que el mundo gourmet –que en la actualidad puede ser pensado como un programa, una estética y una ética– produce formas de disciplinar el consumo al mismo tiempo que niega el hambre. “El concepto de fermentación, en general, está tomado de manera negativa. Pero en la fermentación está implícita la posibilidad de que algo se convierta en vino o en vinagre, y varias generaciones de escritores han trabajo mucho este tema”, señala el sociólogo. Bruera recorre la historia y la literatura argentina para anclar en autores como Sarmiento, Mansilla –dos de los escritores del siglo XIX que plantearon obsesivamente el tema– y Ezequiel Martínez Estrada, entre otros. El sociólogo plantea que el verbo y la alimentación son el exordio de toda cultura. “El alimento lo reúne todo: naturaleza y cultura, physis y techné, lo crudo y lo cocido –señala en las primeras páginas del libro–. La memoria es apetito, la palabra es comida, la gramática es receta, el conocimiento es alimentación, el menú es retórica, el saber es sabor y la escritura, cocina.” Como no hay apetito colmado, no hay apetito sin falta, “conocer y comer, palabra y comida, son herederos de la misma estirpe: el hambre”, añade el autor. “La cólera nació del primero que tuvo hambre”, dice Ariana, recreada por Cortázar en Los Reyes. “Hay pocas ideas tan burguesas como la del gusto –advierte Bruera–, pues da por hecho y por derecho una absoluta libertad de elección, y anula la concepción primaria de la necesidad al instituir que el hambre es el gusto y la condena de los necesitados.” ¿Cómo explicar esta dialéctica entre la adopción de un sibaritismo extremo, con saturación visual de chefs y sommeliers, y la naturalización de la desnutrición de millones de personas que se alimentan de lo que encuentran en la basura?

El paisaje del hambre y la cultura light

La desmesura domina el panorama de acontecimientos rioplatenses, desde la antropofagia de los guaraníes, que se devoraron a Juan Díaz de Solís en 1516 –sustento imaginario del credo bárbaro–, hasta el hambre contemporáneo. “El mundo gourmet apela por un lado a lo convivencial, pero lo que hace constantemente es alimentar las diferencias de clases: se refinan los paladares y se ocluye el tema del hambre –subraya Bruera–. Lo que pasó en la Argentina, y eso nos hace distintivos en el mal sentido de la palabra, es que un tsunami arrasó con la población, la gente perdió sus trabajos, sus viviendas. Se terminó la convertibilidad y el país de ‘las vacas gordas’, ‘las mieses generosas’ o ‘el granero del mundo’, para decirlo en términos míticos de otras épocas hoy reanimadas, llegó a tener la mitad de la población mal alimentada o sin comida. Fue una locura lo que sucedió; no es que no pase en otras partes del mundo, pero acá se dio de manera exacerbada”.

–¿Cómo se relaciona esa exacerbación del mundo gourmet con la cultura de lo light, de las bajas calorías?

–Es cierto que en la década del ’60 esto no se habría podido entender. Pienso en La gran comilona, de (Marco) Ferreri, o en El sentido de la vida, donde los burgueses revientan sus vientres por comer en exceso. Este tipo de crítica, implícita en estos films, hoy por hoy está más clara: la víctima respecto del exceso o del defecto es la misma. En una nota del diario El País, de España, de 2004, se mencionaba que los desnutridos habían alcanzado la misma cantidad de los sobrealimentados. De 6000 mil millones de personas, 1200 millones no podían comer mientras que una cantidad idéntica comía más de lo que necesitaba. El mundo desnutrido y el sobrealimentado son dos caras consecuentes de la misma moneda. La víctima no es como la entendió el cine de los ’60. Eso lo explica bien Bourdieu: el gusto objetiva el cuerpo de la clase y el cuerpo es también productor de signos. Habría que preguntarse por qué la mayoría de los cartoneros que vemos pasar los pequeños burgueses por el frente de nuestras casas tienen, en general, cuerpos voluptuosos. Y tiene que ver con que comen calóricamente, porque una cosa es el ser, la subsistencia, y otra el parecer del cuerpo de las clases medias, más digestivo y menos calórico. El parecer de lo light encaja perfectamente con el parecer del mundo gourmet.

El vástago de la vid y arroz con leche

“Sarmiento todo lo condensa y contiene: el rasgo positivista y la mentalidad arcaica”, señala Bruera. Haciendo honor a su apellido –el sarmiento es el vástago de la vid–, para el autor de Facundo el vino es un disfrute que alienta sus sentidos y su imaginación, pero también le sirve para meditar sobre una problemática del país industrializado que persigue. En Sarmiento todo es cultivable. “De la misma manera que puede transfigurarse la conciencia de un pueblo, también el ganado puede ser perfeccionado o la uva ser convertida en un vino que posee valor agregado a partir del cuidadoso cultivo y su respectiva crianza –explica el sociólogo–. La idea es cultivar la tierra y la mente, como idea mítica que conjuga ambos sentidos. Se obsesiona por cómo hacer para que el vino no se convierta en vinagre y pueda ser exportado y competitivo.”

Paladar experimentado y cosmopolita –se llamaba a sí mismo “judío errante”–, Mansilla decía que “se viaja por gastar dinero, adquirir un porte y un aire chic, comer y beber bien”. Como recuerda Bruera, citando fragmentos de Entre-nos, el escritor no sólo referencia los destinatarios de sus escritos, sino también manifiesta cómo deben ser leídos, despacio como cualquier comida: “Todo lector es impaciente: los unos leen los diarios aprisa, casi a vuelo de pájaro; los otros se tragan los libros sin masticarlos, como ciertos concurrentes, próximos a la orquesta, se comen, con los gemelos, las piernas de las bailarinas. ¡Así son pues las indigestiones... (...) Sí, pues: ustedes buscan la sensación en todo; pero la quieren al galope, instantánea, al vapor, a la electricidad, à la minute, aunque sirvan, como en las fondas, plato recalentado”. En un célebre pasaje cuenta cómo se devoró siete platos de arroz con leche en la casa de Rosas, mientras su tío leía el mensaje que anticipaba su caída y exilio definitivo. Por Mansilla se sabe que la comida preferida de Rosas era la molleja, asada o guisada. Para Bruera, “la letra fermenta en Mansilla y produce atildadas conversaciones, escritas como se habla, a veces de exacerbada retórica”. “Amigo, esto me va a dar mucho trabajo, me parece –escribió en Entre-nos–; anoche lo he fermentado, y no sé si, al dictarlo, se convertirá en vinagre lo que a mí me parece vino”.

Composición, tema: la vaca

“La generación que me apasiona –confiesa Bruera–, la de Martínez Estrada, (Héctor A.) Murena, tiene una mirada trágica sobre la Argentina, que continúa la mirada sarmientina, pero sin las expectativas fundacionales. La Argentina intenta ser, pero como no puede ser, es falsamente. El mundo gourmet encaja como anillo al dedo en tanto es una escenificación exacerbada de ese ser falsamente en el que trata de objetivar lo más subjetivo y burgués que hay, que es el gusto.”

“El peronismo es como una caja de Pandora que contiene todo; el peronismo es la verdadera fragmentación argentina –explica Bruera–. La vaca en la tapa del libro es una idea que recorre todo, en el sentido de que lo carnívoro, el vínculo con el ganado, ejemplifica la imagen que se recoge del país en civilización o barbarie; que no es la concepción original sarmientina porque en Sarmiento es civilización y barbarie, pero que vincula lo vacuno con lo barbárico en general y que continúa después del peronismo.” Y el continuador de esta imagen fue Ezequiel Martínez Estrada. “Para él, Perón es un discípulo de Pasífae, la diosa de los ganados, en contra de Ceres, la vaca contra el cereal. Lo mítico de la carne, del peronismo, de esas masas fervorosas caminando por la calle que en un punto le molestan a Martínez Estrada y lo ponen tenso, se asimilan a la imagen del matadero. Y esta vinculación de lo cárnico con lo primitivo y de los cereales con lo civilizatorio es una constante que impregna todo el imaginario natural y moral de la ‘sociabilidad alimentaria nacional’.”

Una masa que no llega a ser pastel

La pregunta por la identidad parece girar en el vacío y siempre reaparece. Sarmiento decía que argentino es básicamente el anagrama de ignorante. Quizá, como sostenía Martínez Estrada, “también nuestra historia es un simulacro de pan que no nos nutre”. O se podría afirmar, siguiendo a Witold Gombrowicz, que la Argentina es una masa que no llega a ser pastel, algo que no ha logrado cuajar del todo pues no logra sentar a la mesa a todos los que intentan vivir en común. “No sabemos muy bien lo que somos, pero el tema alimentario define en gran parte a la Argentina. La comida, igual que el cine, es una gran creadora de ilusiones.”

Fuente: Página/12, 05/02/07

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Los Redondos(Redonditos de Ricota)

Escrito por novoyatirarlatoalla 05-02-2007 en General. Comentarios (1)




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