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Malos tiempos para el absurdo.....MERCEDES ABAD

Escrito por novoyatirarlatoalla 02-12-2006 en General. Comentarios (0)

Malos tiempos para el Absurdo
o las delicias de Onán
(Cuento erótico)
Mercedes Abad

Todos recordaron durante mucho tiempo la conmoción que causó
aquel acontecimiento, cuyo eco fue ampliado hasta la náusea por la
prensa amarilla. Las opiniones se dividieron rápidamente en dos facciones
opuestas. La primera condenaba a Bernabé Lahiguera mientras la segunda
intentaba tener en cuenta las absurdas circunstancias en las que se
produjo la muerte de Dolores de la Borbolla.
La mayoría de las personas que aseguran tener una dosis suficiente
de sentido común -sin mencionar siquiera una cuestión tan necesaria en
estos casos como el sentido del humor- no se preguntaron cómo puede
razonablemente alojarse un tapón de champagne en una cavidad vaginal.
Estaban convencidos de que se trataba de un caso claro de asesinato.
Tras violación, naturalmente. Y todo dentro de los imprevisibles cauces de
la lógica. Pero la vida no tuvo el buen gusto de detenerse ante semajante
hipertrofia de consideraciones lógicas.
Tampoco cabía esperar que los miembros del jurado que condenó a
Bernabé se sintieran, cuando menos, extrañados ante el inusitado método
elegido por el supuesto asesino. ¿Acaso hay muchos criminales que
muestren tan afrancesado refinamiento en el acto de matar? Sin embargo,
la originalidad del procedimiento no constituyó atenuante alguno en el
proceso judicial de Bernabé Lahiguera, cuyo apellido y el fatídico
determinismo que implicaba no impidieron que se dictara una sentencia
francamente adversa. Con obvia falta de imaginación, el fiscal declaró a
Bernabé Lahiguera culpable de la violación y el asesinato de Dolores de la
Borbolla.
Y el Absurdo debió sentirse especialmente pisoteado cuando oyó o le
contaron más tarde -me inclino por la primera hipótesis, pues siempre se
me ha antojado que el Absurdo goza del don de la ubicuidad- que el
veredicto del jurado había sido VIOLACIÓN Y ASESINATO: Eros y Tanatos,
dos almas gemelas.
Pero permítanme ser indiscreta y preguntarles: si ustedes supieran
que habían de ser asesinados en una noche cualquiera en un lugar
cualquiera y por un motivo cualquiera, ya fuera éste vulgar o no, ¿no
preferirían morir con champagne?
Lo cierto es que, fuera o no el champagne el instrumento de una
voluntad asesina, es probable que Dolores no paladeara ni una triste gota
de ese espumoso líquido que le asestó el golpe de gracia y le proporcionó
un billete gratis para viajar, sin las incomodidades que sufrimos aquí en la
tierra, a algún otro paraje donde es probable que ya esté contando a sus
nuevas amistades los insólitos pormenores de su muerte.
Yo, periodista inquieta, y ávida de veracidades, corrí en pos del
testigo presencial y supuesto autor del fatidico descorchamiento de
aquella botella de champagne. He aquí el relato que me hizo Bernabé;
hélo aquí para quien desee aventurarse por los meandros de un asunto
escabroso para unos y, para otros -entre los que me honra incluirme-,
simplemente tragicómico y absurdo. Cedo pues la palabra a Bernabé.
«—¿Nata?
»—Sí, por favor, me encantaría.»
(Muy británico todo hasta el momento, muy «Oh darling, would you
like a cup of tea?» «Yes, please.» Ningún rastro de voluntad homicida
parece enturbiar la fiesta. En primer plano, casi primerísimo. Aparecen
dos objetos cuya identificación no ofrece dificultad alguna: se trata de un
sexo femenino desnudo de todo artificio ocultador y de un falo en estado
evidente de excitación. Ambos dialogan en paz; están solos y parecen
entenderse bastante bien por ahora. La violencia debe andar muy lejos de
este lugar.)
« Tras el signo de aquiescencia de Dolores, a quien en la intimidad,
yo solía llamar Lola, me incrusté lentamente en el pastel cilíndrico y me
moví tímidamente al principio, como expectante; desconocía por completo
aquella sensación. Luego seguí avanzando hasta sentirme totalmente
abrazado por el bizcocho. Era un buen lugar para instalarse. El miembro
se me puso muy duro. También Lola estaba muy excitada; vi cómo su
sexo me hacía gestos en cuyo acolchamiento apuntaba ya la ansiedad
pero yo preferí ahondar en aquella sensación agradablemente esponjosa y
me restregué hasta que la punta de la verga sobresalió por el otro
extremo del pastel, acompañada de un leve desprendimiento de nata. Un
alud de nieve cayó en el suelo, muy cerca de la botella de champagne que
en aquellos momentos todavía esperábamos saborear para celebrar la
llegada del año nuevo. Perseveré en mi suave rotación, ceñido por el
bizcocho cilíndrico y desafiando con un ritmo cada vez más rápido al sexo
de Lola. Ella se acercaba juguetona, suave y lánguida, conteniendo al
ansiedad de su vulva. La contraía, la relajaba y luego, como en uno de
esos juegos de predecible final, la alejaba suavemente. Yo acepté el
desafío aunque la penetración del pastel me absorvía hasta el punto de
olvidar a Dolores.
»Era una noche amarilla, de estridencias secretas, de urgencias que
iban tomando impulso, como si fueran a desmelenarse de un momento a
otro en un triple salto mortal de imprevisibles consecuencias. Volví a
esconder en el bizcocho la punta de mi falo para escamotearlo a la mirada
ávida de Lola. Ignoro por qué inicié ese juego que ahora me culpa
inevitablemente. Tal vez lo hiciera para empujar a Lola hacia un deseo
frenético e insoportable de mi miembro o acaso para prorrogar ese goce
deliciosamente vulgar de la cópula.
»Recuerdo que cerré los ojos, absorto en la delicada textura del
bizcocho. Sentía cómo la nata desbordaba y me lamía los testículos,
bajaba por mi entrepierna y chorreaba hata llegar a mis pies. Tomé un
poco de nata y me la restregué por todo el cuerpo hasta que ésta, como
una lengua inmensa, me lamió entero. Dolores debió intuir que me hallaba
al borde del estremecimiento final porque sus manos intentaron asirme,
no recuerdo bien dónde. Tal vez tratara de tomar posesión de mi falo,
pero éste se negó a abandonar la cavidad que tan bien lo envolvía y tanto
placer le proporcionaba. Sé que aparté a Lola con brutalidad y que ella
intentó acariciarme una vez más; se lo impedí con más violencia aún. Lola
me cubrió de escupitajos y de insultos. Abrí los ojos y vi, muy cerca de
mí, un rostro completamente desencajado y tenso, de mejillas febriles y
ojos que amarilleaban de deseo: era un deseo vidrioso y áspero que me
enardeció todavía más. Mi falo había perdido por completo la serenidad y
le gritó a Lola que prefería el bizcocho, que nunca más volvería a follarla,
que no la deseaba, que daba un asco inmenso su coño abierto y dilatado,
babeante y sin misterio alguno. Llena de rabia, lloriqueante y maldiciendo,
Lola me empujó y me hizo caer al suelo; el bizcocho y yo aterrizamos
impertérritos y proseguimos nuestro juego, ajenos a una Lola que jadeaba
y me cubría de improperios. Seguí moviendo culo y caderas y embistiendo
el cilindro mágico con mi verga hata que el placer convulso llegó y, en un
portensos arrebato, me cegó.
»Cuando volví a abrir los ojos y me incorporé, el bizcocho, hecho
migajas, yacía entre el suelo y yo: mi polla lo había reventado en un
frenético vaivén y ahora tan sólo era un amasijo informe de pastel, nata y
esperma. Hundí mi lengua en aquella papilla y la recorrí entera a besos y
lengüetazos hasta que en el suelo no quedó ni rastro del suculento festín;
entonces me sentí como la mantis religiosa que devora a su amante tras
el coito. Pero lejos de sentirme culpable, me dije que había sido un polvo
diferente y memorable. Un polvo de archivo. Quedé echado boca abajo y
me adormilé un rato, completamente extenuado.»
Dolores, Lola en la intimidad de Bernabé, Lola para los amigos, se
hallaba lejos de compartir la opinión de su amante. Su rostro se
agarrotaba en una mueca rígida y dolorosa. (Permítaseme aprovechar la
pausa que en el relato impone el momentáneo descanso de Bernabé,
descanso de guerrero, para aventurar la reacciones, no menos frenéticas,
de la otra protagonista de la fiesta.)
Lola miró el reloj: eran ya más de las doce. El nuevo año había
topado con un mal comienzo. Sin polvo, sin risas y sin champagne. ¿Sin
champagne? ¿Por qué sin champagne? ¿Quién podía impedirle que bebiera
el champagne? Bernabé dormía profundamente y la botella estaba a la
espera de posibles gozadores de su contenido.
Lola fue en busca de una copa y, todavía desnuda y ávida, empezó a
descorchar la botella de champagne. Sin embargo, apenas había retirado
el papel de estaño y los alambres que sujetaban el tapón, Dolores, Lola
para los amigos, pensó que la botella podía tener otra utilidad, mucho
más sugerente. Había leido cuentos sobre personas que se masturban con
botellas y cuentos sobre botellas que se quedan tercamente incrustadas
en los sexos de los masturbadores, pero eso no la intimidó. Empuñó la
botella con tapón de corcho incluido y la introdujo en un sexo caliente y
húmedo que agradeció inmediatamente la visita. Su vulva se movió sin
recato alguno sobre el cuello de la botella, succionándola hacia dentro y
expulsándola parcialmente luego; el sufrimiento quedaba atrás: aquel
sucedáneo de la verga del traidor Bernabé funcionaba a la perfección y
añadía el estímulo imaginativo de la novedad. Onán debe sentirse muy
satisfecho al ver cómo se incrementan las filas de sus seguidores.
Aquí nuestro feliz durmiente vuelve a tomar las riendas del relato
interrumpido por el sueño.
«Mis ojos se abrieron lentamente a la realidad exterior: un sexo
caliente, sexo que abraza un cuello de botella, danza del vientre, Lola
poseída por el placer, Lola con los ojos cerrados, la boca sensualmente
entreabierta y el cuello, delgado y hermoso, arqueado hacia atrás. Volví a
excitarme. El pelo largo y sedoso de Lola caía sobre sus hombros, cubría
su espalda y uno de sus senos. Quise lamerla entera, poseerla,
desgañitarla en mis brazos. Me levanté e intenté arrebatarle la botella que
sus piernas ceñían con fuerza. Pero mi irrupción en su placer no fue bien
recibida. Ciega y enardecida de placer, Lola siguió jugando con la botella,
aspirándola y escupiéndola con los movimientos de su coño; meneando
vientre, culo, tetas y caderas a un ritmo cada vez más enloquecido; había
sabido vengarse y prescindir de mi presencia. El orgasmo no estaba ya
muy lejos. Supe que no aceptaría ningún gesto mío, de modo que me
limité a gozarla visualmente. Hubo un momento en que todo su cuerpo se
encabritó estremecido, palpitó como una bomba y exhaló gemidos de
placer. No había concluido aún aquel paroxismo cuando algo muy extraño
se produjo en el interior de Lola. Se oyó un ruido sordo, de estallido
ahogado. Los ojos de Lola se abrieron súbitamente. Un grito le quedó
colgado en los labios entreabiertos, todavía sensuales y tentadores. Mis
ojos viajaron de su rostro al coño que había empezado a manar algo
burbujeante, pero que no tenía el color del champagne: aquel líquido rojo
formó un charco en el suelo. Y el charco se fue haciendo más y más
grande hasta que Lola se desplomó y la botella cayó al suelo. Aterrado, vi
que la botella ya no tenía tapón; muerto de miedo, constaté que la botella
estaba vacía; completamente paralizado de pavor, me di cuenta de que
Lola estaba muerta, muerta sobre un charco que olía a sangre y a
champagne. El tapón de la botella no aparecía por ninguna parte. Más
tarde el médico forense lo extrajo de su vulva, destrozada tras el
descorchamiento de la botella.»
Resulta difícil creer que nadie tomara en serio el relato de Bernabé
Lahiguera; sin embargo así fue. Tal vez porque condenar el champagne
por homicidio habría sido una medida ciertamente impopular, y el Tribunal
Supremo se habría visto obligado a hacer un montón de horas
extraordinarias. En todo caso, he de advertirles que, pese a estar
convencida de que Bernabé no miente, no quisiera yo que ni el
champagne ni el placer onanista perdieran a ninguno de sus
incondicionales.

La Literatura-BELIT

Escrito por novoyatirarlatoalla 01-12-2006 en General. Comentarios (0)

ESCRITO POR BELIT moderadora del foro de BIBLIOTECA ALEJANDRÍA del AGUJERO NEGRO.




http://ebooks.agujero.com

Estoy segura que estareis de acuerdo conmigo en que dividir la Literatura en
generos es a menudo artificial y casi siempre carente de sentido.
En el seno de la realidad que inventan las palabras cada obra crece
en multiples escenarios y aunque sea protagonista principal solo
uno de esos escenarios no por ello se debe parcelar el lienzo de la obra pues
ésta, al igual que las grandes pinturas, se compone de una extensa paleta de
colores en toda la gama y textura que la habilidad del artista pudo plasmar.
Así, los clasicos generos que nos enseñaron en la escuela se mezclan y
confunden en las manos del buen escritor. Una novela puede ser a la vez
intrigante, amorosa, fantástica,filosofica, aventurera, cientifica,policíaca...
¡mil cosas!...Puede contar verdades o mentiras, realidad o ficcion.

Partiendo de este rollo que acabo de escribir podemos concluir que una
obra narrativa facilmente se puede "catalogar" en varios géneros
simultaneamente y todos serian correctos. Para mí el único género
literario que existe es "narrador de historias". Verso, prosa, cuento,
ensayo, historia o novela, da igual en el "estante" de la libreria
que se ubiquen, son lecturas, no hay que darle mas vueltas ...;-)

Lecturas que nos narran historias reales, inventadas, humanas,
sobrenaturales, históricas, politicas, íntimas,ocultas, ajenas...o eróticas.
Y aqui quería yo llegar, que no sé por que me enrollo tanto:
el tema erótico en la Literatura.
Considerado por algunos pendantes eruditos de las letras como un género menor típico

de plumas calenturientas y lectores poco exigentes.
Estúpida tesis con la cual no estoy de acuerdo y aunque es cierto
que existen innumerables libros-basura en eso que llaman Literatura erótica
no son muchos mas de los que tambien existen en cualquier otra parte de los estantes de una biblioteca.

¿Que entendemos por libro erótico? He aquí la pregunta del millón :-)
"Un libro erótico, a la vez que produce un placer estético, es un libro que tiene

también que hacer las veces de un afrodisiaco. Si no te crea una sensación de entusiasmo

y de apetito sexual no termina de cumplir enteramente su función"

(Mario Vargas Llosa)

Además de esto podriamos responder cien cosas más, posiblemente,
pero lo dejamos ahí porque ya me estoy cansando de teclear.