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Primavera sin lamentos

Escrito por novoyatirarlatoalla 03-11-2006 en General. Comentarios (0)

SIN LAMENTOS

AI, primavera en blanco y negro

 


Sólo se trataba de sacar una sonrisa al día a día, un órdago a la noche y echar un galgo al ahora. Mañana no existe, podría ser demasiado tarde. No es que consistiera en no llegar a mañana, a pesar de hacerse daño la mayoría de las veces; era sólo que normalmente la pendiente se solía hacer demasiado cuesta abajo, se iba inclinando más y más hasta convertirse prácticamente en caída libre, hasta que los frenos no ejercían labor alguna y el impacto era inminente.Y solía serlo. Pero la cuestión era no desperdiciar un solo segundo, en una de cal y otra de arena.

Sólo se trataba de dos simples premisas: no hay mañana era la primera, sin prever nada que quedara más allá del reloj; la segunda es que la vida sin lamentos se convierte en una experiencia completamente diferente. Los matices de ésta última son amplios, ya que es una cuestión muy relativa: vivir sin lamentos puede abarcar el no culparse absolutamente de nada, lo que anula en el individuo cualquier clase de remordimiento para atentar contra los pilares básicos del respeto, pero no tenía que ver con aquello. Se trataba de avanzar cada día, de no dejar nada a medias, de que cada segundo cuenta; nada que diera lugar a esos lamentos y que hubieran de ser desterrados mas tarde. Si no hay nada que lamentar, no hay lamentos. Y si hubiera algo digno de volver la vista atrás con las orejas gachas, pues barrerlo de un plumazo y sacarlo fuera,porque con los bolsillos vacíos se camina más deprisa. Sin lastres. Sin ataduras.Las primeras veces fue difícil, pero la propia cabeza se habitúa para después caer en esa especie de letargo apoyado en un sin ayer y sin mañana, y entonces ésta pasa a un segundo plano, subordinada al corazón, convirtiéndose el último en verdadero protagonista.

Muchas veces, cuando el alba despuntaba, al despertar, podía haber un ligero atisbo de melancolía, próximo al lamento, que era desterrado con violencia. Quizás la cabeza dada la vuelta, o el cuerpo machacado por una noche rica en aliños y alcohol, quizás el recuerdo borroso de lo que pudo ser un error al besar la sonrisa que resultó ser la equivocada, con un despertar en una cama extraña;quizás una laguna en el centro de la memoria, haciendo naufragar las manillasdel reloj en medio de la noche. Pero esas eran insignificantes, porque lo que importaba de la vida era exactamente eso: vivirla, sin cerrar una sola puerta en el camino.

Las noches se hacían cortas ahí fuera, y la vida sin personas no merecía la pena. La gente contiene personas; se trataba de aprender lo máximo posible de esas otras vidas, que la propia vida se encarga de hacer cruzarse, achacable a vivir un mismo tiempo, y a veces un mismo momento. No es sino la confluencia de unos factores determinados en un determinado momento, como arrojar un puñado de monedas al aire y ver como se cruzan unas con otras: mientras algunas se chocan, otras simplemente suben y bajan, sin efectuar un solo giro o choque alguno. El objetivo era girar, girar y girar, y cruzarse con cuantas monedas fuera posible. La vida pasaba rápido girando y girando, entre noches de risas ysueño apacible, y días de sol, monte, fatiga y trabajo. Kilómetros, gente y risas; viejos amigos, nuevos conocidos, y experiencias nuevas, a veces peligrosas; de vez en cuando alguna demasiado cerca del límite, pero eso no importaba, porque al fin y al cabo era una letra más en el alfabeto de la vida.Sabios sin entrar en años, profetas del nuevo siglo, eruditos de su materia, niños de cuarenta, o experimentadores de la auto destrucción. Cada uno a su manera teñía de un color distinto el lienzo de la casualidad, entrelazándose, mientras la vida le echaba un pulso al calendario, hoja tras hoja, día trasdía.

Cada sensación contaba, y no se podía dejar una sola en el tintero. Ese tintero debía mantenerse vacío, para poder entrar en un estado de calma tal que tomara su propio valor en el juego de vivir. Si ese tintero se mantenía limpio, el juego estaba ganado, se alcanzaba el objetivo, una victoria en la batalla más dura.Ni un solo jirón, ni un solo sentimiento, ni un solo abrazo que pudiera quedar dentro y tirara después hacia abajo, como pesa la ropa al mojarse los días de lluvia, haciendo mas difícil el caminar, porque sería una derrota.

Había llegado hasta allí guiado por una de esas casualidades de la vida, en que te das cuenta de que la muerte no es ajena ni extraña, sino que está ahí,conviviendo codo a codo con cada uno de nosotros, y de vez en cuando se nos muestra tal y como es. Una tarde de verano le fue a visitar, probablemente sin ánimo de ofender y sin guadaña, pero dejándose ver, observando desde el otro lado de la calle, silenciosa, expectante, sonriente, con su negra capa reposando sobre la acera. Y muy convincente. Nadie está excluido. Aquella visita dejó su marca, abriendo todo un camino al derroche de sensaciones, de idas y venidas, y el tiempo comenzó a pasar más y más rápido, de prisa, de prisa,sin tregua. No hay mañana. Años hechos minutos. Más gente, más kilómetros, mas países, más lejos, más monedas girando con el fondo azul del cielo y los colores de cada estación. De prisa.

Volvió a la tierra ajena de la que salió un día años atrás, en un intento fallido de no volver nunca. Se había criado a caballo entre encinas y llanuras, sureras y días de lluvia, en una infancia inquieta donde aprendió a correr, tropezar y caerse antes que a andar. Vació de nuevo sus bolsillos, esta vez de las briznasque quedaban del andar en compañía, cuando ya no queda sentido en que dos personas caminen juntas. Habían sido varios años de un amor limpio y sincero,al que había llegado el momento de despedir antes de que se convirtiera en un recuerdo amargo por un final no deseado. La vio marchar bajo la lluvia, y quedó quieto, dejando que su cuerpo se fundiera con el temporal, en un intento de diluir el sabor agridulce del adiós con las lágrimas del cielo. Tocaba obligarse a sonreír para espantar a los fantasmas que acechaban tras cada recuerdo de una convivencia dulce. Sin lamentos.

Los minutos se hicieron horas, días, meses, y el calendario siguió su camino entre copas de vino y canciones de Camarón; entre carreteras, montañas y alegría en compañía a lo largo del mapa. Siempre hay algo que celebrar, y si no lo hay es que no sabemos verlo. El tiempo parecía haberse detenido y sin embargo nunca había pasado tan deprisa, fluyendo suave, raudo e inconstante. Cada minuto contaba, cada minuto valía.

Y entonces llegó ella, tranquila, bonita, morena y dulce; con su pelo zaino y aquellos ojos marrones que atisbaban el mundo en silencio y sin prisa. Reparó en ella un día de invierno de sol y frío, en que la vio pasar delante suyo iluminando la dehesa a su paso. La casualidad se había encargado de que aquellas dos monedas se echaran al aire al unísono, trazando parábolas muy similares Traía un aura de calma a su alrededor, y le llamó la atención aquella seguridad en sí misma que despedía, precediéndola. Y entonces se dio cuenta de que ya la conocía. Trató de recordar donde podía haber coincidido con ella,pero no era empresa fácil; así que quiso salir de dudas y probó suerte con la memoria de aquella conocida desconocida. Ella se sorprendió al principio y negó con la cabeza; no es posible, ni siquiera vivimos en la misma ciudad, ni en esta ni en otra. Sin embargo un rayo de escepticismo se asomó a aquellos ojazos marrones, observándole, con esa cara tan humana que aparece cuando algo nos es familiar.

Coincidieron un puñado de veces más, trazando arcos en el aire, sin parar de girar. Y así,caminando entre chaparros y laderas cuajadas de jaras, descubrió que amaba la naturaleza tanto como él, que dedicándose a materias absolutamente diferentes trataban los mismos temas, y que sus andaduras por la vida tenían muchos puntos comunes, incluyendo lugares, momentos y localizaciones determinadas. Varios. El mismo lugar, el mismo momento, repetidas veces. Y sin embargo ninguno de los dos sabía decir si se habían conocido antes. Tenían visiones de la vida muy diferentes y a la vez idénticas, que las vivencias de cada uno de ellos se habían encargado de definir y pulir, añadiendo colores a su personalidad. Ella le contaba el mundo desde sus ojos, y él reía al verlo reflejado en ellos. Era una de esas casualidades de la vida que no tienen explicación alguna, pero que están ahí, latentes. Se despidieron, dejando una ventana abierta para comunicarse e intercambiar temas y materias que a los dos interesaban, y siguieron cada uno su camino.

El invierno avanzó lento pero inexorable, frío, muy frío. No se recordaba un invierno tan frío desde sus ancianos, y él observó el paso del invierno desde el calor de su gente, al otro lado del cristal, brindando con vino por el paso del tiempo. Más kilómetros, más alegría, más risas al viento. Nuevas noticias, viejos amigo saquí y allá, algún percance. De vez en cuando se comunicaban, intercambiando información y comentando temas banales, agradables; como estás, recuerdas mi nombre, cuando salen a la luz tus trabajos. Sin embargo él notaba una espina clavada, una sensación mezcla de intriga y curiosidad que había despertado aquella desconocida sosegada y morena. Le hubiera gustado ver sus trabajos cuando ella le invitó a hacerlo, pero la primavera le llevó lejos, para volver aturdido y feliz, cumplido uno de sus sueños.

Días de sol,flores que se abren, campos verdes y paz en el alma. Fue una primavera agradable, salpicada de monte y campos inmensos, de reencuentros y de canciones. Sin embargo, algo falló cuando celebraba su segundo nacimiento, y una buena parte de él se truncó, se le alborotó el alma, vio el abismo y bajó a bailar con los demonios. Una nueva alerta, una ida sin venida, un amigo perdido, terror en el alma y en el corazón y un viaje que no acababa nunca. Por suerte la ley del equilibrio reina sobre cualquier caos, y el río volvió a su cauce; el incesante traqueteo por fin acabó, y no hubo nada que lamentar:hubiera sido un mal final. El viaje tocaba a su fín..

Una vez se bajó, comprobó que todo estaba en su sitio, y haciendo recuento de sí mismo dio de nuevo con aquella espina que seguía clavada en el mismo sitio, expectante,requiriendo su atención. Era el momento de arrancarla, pensó, personas como aquella que había conocido no abundaban, interesante, cosmopolita eindependiente. Esa espina comenzaba a empañar el tintero, sería una pena desperdiciar la oportunidad de conocer a una persona tan diferente, y con unas vivencias tan similares. Un diamante en bruto. Eso no abundaba, y él lo sabía.Cada vez es mas difícil encontrar opiniones diferentes, interesantes, puntos de vista no convencionales, conversaciones que llenen las inquietudes vacías, asíque se lo hizo saber tal y como lo pensó.

El hecho de que a ella le pareciera buena idea, contra todo pronóstico suyo, le confirmó que tenían en común más de lo que parecía en un principio. Su respuesta llegóal cabo, y una tarde fría de primavera volvieron a encontrarse. Hablaban, y disfrutaban escuchando. Descubrieron que inexplicablemente se conocían aún másde lo que habían pensado en un principio, desgranando sus vidas poco a poco,sin prisas, entre vino y canciones mestizas, síntesis y respuestas instantáneasa preguntas rápidas. Vagaron por todos aquellos bares, disfrutando cada uno de la conversación y la compañía del otro, alimentándose de cada historia, de cadar eflexión, de cada punto de vista.

Comenzó negándoselo a sí mismo, pero poco a poco se fue rindiendo a su risa, a su calma, a su forma de ver la vida, a su paz, a perderse en sus ojos marrones. No sabía qué estaba pasando por aquella cabeza de pelo azabache, pero no importaba, había una conexión en el aire, presente, latente. Pasearon riéndose del frío de la madrugada, y continuaron compartiendo historias, vivencias y casualidades, hasta que llegó un momento en que fue inevitable, del mismo modo que no se pueden poner diques al mar. Se regalaron besos de vino y espliego,deteniendo el tiempo, abrazándose fuerte, las manos unidas. Aquella era una de las cosas más extrañas que le habían sucedido: la conocía, y ella le conocía aél, no era posible. No creía en el destino, y sin embargo, cómo podía ser que uno hubiera llegado hasta el otro. Probablemente ha sido el viento, pensó. Era como si se conocieran desde tiempo atrás, era como conversar con alguien con quien hubieras hablado durante años, en una conexión inexplicable pero real.Como un  reencuentro con un viejo amigo.

Odió al alba que siguió a aquella noche, porque el amanecer se la arrebató, llevándosela tras un adiós plagado de besos y abrazos; era la hora de volver a la vida, cada uno a su vida. Los días siguientes fueron tranquilos, llenos de sol y calma,ajenos a todo. Él no se daba cuenta, pero el tintero del alma comenzaba a llenarse poco a poco, de tinta de sensaciones e inquietudes, de besos sin entregar, de caricias sin dueña y con nombre; y esa tinta tarde o temprano habría de teñir el aire, sacándola hacia fuera, cumpliendo así su código de vida. Comenzaba a notar que algo le tiraba hacia abajo, pero no supo ponerle nombre; los bolsillos empezaban a pesar llenos de sensaciones nuevas. Le visitaba inesperadamente cuando estaba distraído el olor de su pelo, el tactode sus manos, su risa. Con aquella costumbre de no pensar demasiado las cosas,no reparó en otra serie de coincidencias, y así días después volvieron a encontrarse, al pasar cerca de su hogar.

Y entoncesse dio cuenta de que se moría de ganas de verla, de que ponía su nombre a las calles, de que hablaba con ella en su cabeza. Se reencontraron, y siguieron descubriéndose, redescubriéndose, sin reparar en que estando juntos las horas volaban, intercambiando opiniones, muchas veces tan dispares como habían sido sus vidas.

Se vieronmás veces entregándose besos en los párpados, abrazos y caricias. Aquella sensación de conocer a la otra persona había ido creciendo, y por más que rebuscaban en los cajones de la memoria no encontraban sitio o lugar alguno en que hubiera podido pasar, si bien podía haber sido en todos. Él se había regalado a aquel mar de sensaciones, a las de cada momento, a un ahora que noacabase, ajeno a todo. Volvió a sentir sensaciones olvidadas, volvió a distinguir colores que se habían ido hace mucho, y cuando quiso darse cuenta estaba en plena caída libre, con los bolsillos llenos de cosas que decir tirando de él hacia abajo.

Poco después tuvo que marcharse, tiempo durante el cual no pudo evitar verla en cada parque,en cada plaza. Por alguna razón no pudieron verse en un tiempo, suficiente paraque él se desorientara con aquellos bolsillos llenos del roce de sus manos, de perderse entre su pelo, hasta el punto de casi no dejarle caminar. Descubrió sensaciones nuevas, o al menos no recordaba haberlas tenido antes, de la misma inexplicable manera que la conocía sin razón alguna.

Sin embargo algo estaba cambiando al otro lado, y él lo sabía. Lo notaba. Algo no iba bien,pero continuó cayendo, ganando más y más velocidad a causa del pesado tintero ya rebosante de besos no dados y de palabras al oído no susurradas, el suelo cada vez más cerca.

Y así por fin un día ella le habló de momentos, de raciocinio, de pulsión y de atracción entre cañas y barro, con su pelo recogido en una trenza y los ojos tristes. Le habló de principios y de finales, de historias que habían echado a andar tiempo atrás, mientras la claridad de la tarde le impedía mostrarle al agua aquello sojos pardos. Él escuchaba a su lado, arropado por el calor de ese mismo sol quea ella le impedía ver, los ojos entrecerrados atisbando entre las nubes y el espíritu en calma, flotando en aquellas explicaciones que él no había pedido.Le preguntó desde dónde salían sus palabras, desde el corazón o desde la cabeza, y la respuesta fue ambas. No, negó; te salen sólo de la cabeza, tu corazón no está hablando, está mudo, no le escuchas, decía. Pobre bobo. Su corazón también le hablaba a él, pero ya no importaba. Soltó los lastres que le quedaban en los bolsillos y que le hacían sentir torpe y pesado, y buscó el sol por detrás de las nubes para notarse un poco más ligero.

Aceptó sus palabras y echaron a andar, descubriendo por última vez que aún se conocían más de lo que nunca pensaron: me da hasta miedo, decía ella. Y era cierto, porque él sintió una sensación similar. Pasearon despacio, sabiendo que pasaría mucho tiempo si volvían a verse, mirándose, las manos unidas, las palomas del pecho de él en desbandada, la mirada de ella triste y serena. No quiero irme de aquí;tienes que quitarle hierro. El último beso, de romero y agua fresca. No voy a renunciar a ti.

La vio marchar camino arriba, despacio, y se le partió en dos el alma. Por fin él dio contra el suelo, arrastrado hacia abajo por su forma de ver la vida.Desapareció en el recodo del camino, triste y con su aura de calma trenzada pálida, y allí quedó él, agarrándose el corazón con una mano, estrangulándolo para hacerlo callar, para que no dijera nada, porque se sintió de golpe muy torpe, como un niño pequeño, al darse cuenta por fin.

Él había salido de la nada, y había llegado hasta ella para turbar su paz, su sueño, su vida cada vez más firme, su historia. Reparó en que cuando le dijo que hablaba con el corazón y él no la creyó, seguramente era así. No tenía ningún derecho a que ella quebrara sus propios principios, a alterar su vida, a romper su felicidad.

Sin lamentos.

asirrevientes@hotmail.com
AI. Primavera en blanco y negro.





 

 

Trozo de Amor

Escrito por novoyatirarlatoalla 03-11-2006 en General. Comentarios (0)

Trozo de amor, por Claudia Reina Antúnez
Tema Cartas de Amor

Una mierda. Una verdadera mierda que te hayas ido así, sin decir nada, sin siquiera una nota. Dónde está la cortesía. Nada te costaba escribirme unas líneas que podrías haber dejado pegadas en la puerta del refrigerador; yo las hubiera leído y te habría insultado, hijo de puta, porque eso es lo que correspondía en un caso así, me habría desahogado, habría lanzado mil maldiciones a la perra que te parió, y ni siquiera pude hacer eso, no me dio tiempo el desconcierto de encontrar los cajones de tu ropa vacíos, los libros desaparecidos, hasta los míos (ahí sí te dediqué un insulto muy sucio), los cuadros, todo.

Quién sabe por qué te fuiste. A lo mejor conociste a otra. A lo mejor estabas harto de mí como yo de ti, pero yo sí te hubiera dejado una nota, al menos para decirte: estoy hasta la madre de ti, el amor ya no me alcanza para perdonar tus conversaciones estúpidas, tus ronquidos que no me dejan dormir, tus gustos cada vez peores en cuanto a libros, conciertos, restaurantes. Habría sido discreta. No mencionaría ciertas cosas, utilizaría palabras que sólo te hirieran superficialmente, por piedad, por respeto, por ese trozo de amor que siempre queda, al menos por un tiempo.

Pero ni siquiera una nota. Tengo que llegar a la casa y no encontrarte, decir mi vida dónde estás mientras voy recorriendo los cuartos creyendo que a lo mejor estás jugando conmigo, como otras veces. Luego darme cuenta de lo que pasa, intuirlo, y comprobarlo al abrir los cajones, al ir al estudio y ver los estantes de los libros vacíos. Y todavía, imbécil, hacerme buscar por toda la casa una nota, pensando que tal vez tuviste un imprevisto inaudito; todavía disculparte ante mí misma para no odiarte cuando era obvio que te largaste.

Una verdadera mierda, amor mío, lo que hiciste. Dejarme sola sin una explicación que suavizara la puñalada que me diste, sabiendo que me aterra pasar la noche sola. Qué te costaba: me voy, no puedo seguir contigo. Eres una bruja, una loca, una histérica; incluso si hubieras escrito eso habría podido perdonarte con el tiempo, hasta te habría dado la razón.

Tan fácil que hubiera sido tenerme un poco de consideración, aunque fuera para que esa noche no la pasara en vela recordándote, bebiendo vaso tras vaso de whisky y tratando de no llorar, porque me daba sentimiento que te hubieras ido así, a hurtadillas, como el hijo de puta que eres y serás siempre, dejándome abandonada con ese trocito de amor que todavía sentía por ti.

Carta finalista (sexta clasificada) del IV Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor de la Escuela de Escritores.

 

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Les Luthiers-Las Ratas

Escrito por novoyatirarlatoalla 26-10-2006 en General. Comentarios (3)
 LES LUTHIERS-Las ratas.-

Marcos Mundstock: Al revisar la biografía de Johann Sebastian Mastropiero surge que todo un período de su existencia se vio ensombrecido por el alcohol, el que va de las 7 de la mañana a las 12 de la noche. Sin embargo, la historia de la música le debe gratitud a su afición por la bebida, ya que justamente estando borracho se abstenía de componer. Salvo la obra que escucharemos a continuación.

Ese día Mastropiero se hallabaen pleno "delirium tremens". En sus visiones se le aparecían terremotos en la India, guerras en Europa, niños hambrientos en África, y un hombre de voz chillona que vaticinaba diluvios, temporales y leve descenso de temperatura. Apagó el televisor. Volvió a sus alucinaciones habituales: las ratas. Se le presentaban, una vez más, la rata Renata y la rata Rita, con una historia de ratas expulsadas del reino. La fábula lo cautivó y se lanzó a componer su Oratorio para niños, opus 61, "Las Ratas", más conocido como el "Orratorio". Compuso con tal entusiasmo y celeridad, que al verlo trabajar nadie habría creído que estaba totalmente borracho. Escuchando la obra se cree perfectamente. Pese a todo, decidimos incluir la obra, tal vez identificados con su embriaguez poética, o solidarios con su lírica borrachera,o tal vez, eh... la verdad, hermano, no sabemos por qué.

Carlos NúñezCortés:
Una tarde, en la plaza del reino
el notario público se presentó.

Coro:
se presentó ante los súbditos,
de repente, "súbditamente".

Marcos Mundstock: Pobladores del reino, como es público y notorio...
Daniel Rabinovich: No, notario,notario público, se equivocó.
Marcos Mundstock: No, público y notorio, notorio es algo que...
Daniel Rabinovich: Notario público.
Marcos Mundstock: No, no,público y notorio, no-torio.
Daniel Rabinovich: Dice que no quiere "toriar" en público.

 MarcosMundstock:
Como es público y notorio
las ratas nos han invadido.
Yo, como funcionario verifico...

Coro: Está verificado.
Marcos Mundstock: ... y, como notario, certifico...
Coro: Está certificado.
Marcos Mundstock: ... que el reino está lleno de ratas.
Coro: Está ratificado.

Ratas que rondan erráticas
cada vez hay más
ratas antipáticas
antipáticas

Raza malvada y astuta
ratas de Satanás
ratas hijas...
ratas hijas y sus mamás.

Trampas y venenos han fracasado
y los dineros que se emplean
benefician a las ratas.
Hasta los costos se prorratean

Los gatos en desacato
se niegan a enfrentarlas
sordos a todo alegato
alegato, alegato

Daniel Rabinovich: Dale,gato, ¡dale!

Marcos Mundstock:
Por lo tanto, se emite el siguiente bando real:
Nuestro rey condecorará...

Coro: ¿A quién condecorará?

Marcos Mundstock:
... a todo el que presente un efectivo plan
para atrapar a los roedores.

Difúndase, publíquese, y obedézcase.
Y... eh, invóquese...jeje, colóquese... y yo qué se.

Coro:
Plan,
¿un qué?
un plan, hay que tramar un plan,
¿para qué?
para atraparlas
¿a quién?
a las ratas, a las ratas.
Plan para atrapar la rata,
plan para atrapar la rata,
plan para atrapar la rata.

Plan para rata plan
para atrapar la rata plan
para rata plan
atrapar la rata
plan para rata plan,
para atrapar la rata plan
para rata plan
rata plan.

Carlos Núñez Cortés: ¡Ay, Rata doña Renata, cómo nos persiguen, cómo nos desprecian, querida!
Jorge Maronna: Ay, sí, rata doña Rita, como si fuéramos una plaga.
Carlos Núñez Cortés: Ni que contagiáramos la peste bubónica...

Daniel Rabinovich: ¡Un momento!
A la memoria me viene un cuento que viene a cuento;
el de las ratas incautasque un flautista hipnotizaba
cuando inspirado tocaba... la flauta.
Las ratas que lo escuchaban en tropel,
detrás de él se marchaban.
A esos hombres del cuento podríamos imitarlos,
para ahuyentar a las ratas;
lástima que de momento el único flautista es Carlos,
y de ahuyentarlas se trata, no de infligirles tormento.

Carlos Núñez Cortés: Para que sepan, desde mis inicios he merecido conceptuosos juicios.
Jorge Maronna: Juicios penales...
Daniel Rabinovich: Corruptor de corcheas... ejercicio ilegal de la música... portación de flauta...
Carlos Núñez Cortés: ¡Conozco bien a las ratas, basta de charlas! He de tocarles un himno.
Daniel Rabinovich: ¿Para qué?
Carlos Núñez Cortés: Para"himnotizarlas".
De mi propia autoría, "Embrujo, opus 18, para flauta tubófono, en"ffffff" mayor".

Coro:
Allá va.
Toca, toca, buen flautista
por el campo y la ciudad,
y las ratas, hechizadas
ya lo siguen sin dudar.
En enorme caravana
todas las ratas ya van.

Marcos Mundstock: El flautista ensimismado...
Coro: ¡Allá va!
Marcos Mundstock: ...tocando caminaba, y las ratas caminaban detrás, todo estaba bien encaminado.
Coro: ¡Ya se van!
Marcos Mundstock: Cuando, depronto, las ratas...

Coro:
Comenzaron a agitarse,
a excitarse y cortejarse,
a encimarse para amarse,
a aparearse sin parar.
Cada rata sin recato
se apareaba a cada rato
con romántico arrebato
y acrobático fervor.
Era una bacanal de ratas,
una "ratanal".
¡Ratanal!
¡Ratanal!

Daniel Rabinovich: ¿Qué tocaste? ¡Mirá lo que hiciste!
Carlos Núñez Cortés: ¿Cómo qué toqué?
Daniel Rabinovich: ¿Qué tocaste para provocar tanto desenfreno?, tal frenesí sin freno... Ahora habrá más ratasque nunca, aumentará el índice de "ratalidad", va a haber unaexplosión "demorrática", ¿qué tocaste?
Carlos Núñez Cortés:
Es un emotivo motivo que compuse,
para seducir doncellas en el prado,
con exclusivo objetivo lascivo,
y siempre me dio resultado...
negativo.
Pero dado que las ratas pesan menos
que las doncellas que seduzco,
yo deduzco
que, dada mi música, dadas las ratas, y dado su peso,
la lujuriosa apoteosis se produjo por un exceso
en la dosis.

Jorge Maronna: ¡Albricias, ratadoña Rita! ¡Ahora seremos tantas que ya no podrán despreciarnos!
Carlos Núñez Cortés: Sí, ratadoña Renata, ya no seremos menos que nadie. Seremos respetadas, laboriosas,trabajadoras.
Jorge Maronna: ¡Libertad,igualdad... "raternidad"!

Coro:
Y habrá ratas que labrarán la tierra,
la ararán, y la prepararán
con el arado, para ir a ararla,
la ararán, la ararán,
para ir a ararla, para ir a ararla,
la ararán, la ararán,
para ir a ararla, para ir a ararla,
la ararán, la ararán,
la ararán para labrarla, para prepararla.

Y habrá ratas, ratitas hilanderas,
que la lana trabajarán,
para hilarla la lavarán,
para hilarla la lavarán,
lavarán la lana para hilar, la lavarán.

Cultivarán las flores,
de todos los colores,
la lívida lavanda, la caléndula y el lívido alhelí,
la lila color de lila,
y la rara lila blanca,
la lila, la lila lila,
y la rara, la rara lila,
la lila lila, la lila lila,
la rara lila, la rara lila,
la lila lívida, la lila lívida
y la rara lila.

Y habrá ratas viajando por el mundo,
que en el trópico transpirarán,
y en el polo tiritarán,
en el polo tiritarán,
tiritaban y tiritan y tiritarán,
tiritaban y tiritan y tiritarán.

Carlos Núñez Cortés: Pero rata... rata doña Renata,¿vio la cantidad de cucarachas que hay?
Jorge Maronna: Ay, sí, rata doñaRita. ¡Son una plaga! Cucarachas insolentes, vulgares, no tienen respeto.
Carlos Núñez Cortés: Y... sonnegras.

Marcos Mundstock: Y aquí termina el cuento.¡Suenen trompetas por las futuras ratas! Ratas nietas, biznietas. Suenen trompetas por ratas tataranietas, o sea, "tatararratas".

Coro:
Tatararrata, tatararrata,
tatararrata rata.
Tatararrata, tatararrata,
tatararrata rata.

Marcos Mundstock: Y habrá ratas jaraneras enparrandas y zafarranchos...

Coro:
Parranda, parranda,
zafarrancho, parranda, parranda.
Parranda, parranda,
zafarrancho, parranda, parranda.

Marcos Mundstock: ... y ratas humoristas, con suschanzas, chistes, chascarrillos...

Coro:
Chanzas, chistes, chascarrillos,
chanzas, chistes, chascarrillos,
parranda, parranda,
zafarrancho, parranda, parranda,
tatararrata, tatararrata,
tatararrata rata.

Marcos Mundstock: Pero también estarán las ratas políticas que dan la lata,ratas de retóricas peroratas, pero ratas al fin. Y ratas que raptan ratas yasaltan...
Daniel Rabinovich: Ratas"pi-rratas".
Marcos Mundstock: ... ratas quematan arteras, y ratas que roban...
Daniel Rabinovich: Ratasrateras.
Marcos Mundstock: ... habrá  ratas buenas y malas. La rata cruel de mal trato y la rata esposa y madre, ratafiel. Y ratitas baratas para pasar el rato. Ratas escritoras...
Daniel Rabinovich:"Lite-ratas".
MarcosMundstock: ... ratones de biblioteca...
Daniel Rabinovich:"Biblio-ratos".
Marcos Mundstock: ... ratasmúsicas...
Daniel Rabinovich: De la"came-rata".
Marcos Mundstock: ... y ratasbeatas que peregrinarán a Arabia a visitar los "Emi-ratos". Ratasdevotas de ritos de rata, ratas requeterrecatadas...
Daniel Rabinovich:"Timo-ratas".
Marcos Mundstock: ... ratas beatas que defenderán la fe.

Coro:
Ratas beatas,
guardianas de la fe,
la sagrada fe.

Daniel Rabinovich: La "Fe de ratas"

Coro: ¡La "Fe de ratas"!

 

¿Qué les queda a los jóvenes?

Escrito por novoyatirarlatoalla 24-10-2006 en General. Comentarios (0)
¿QUÉ LES QUEDA A LOS JÓVENES?,
Mario Benedetti


 
¿Que les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco?
¿Sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros
¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar/ abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar
¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan/ abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines del pasado
y los sabios granujas del presente.
 

El niño cinco mil millones

Escrito por novoyatirarlatoalla 24-10-2006 en General. Comentarios (0)
                      EL NIÑO CINCO MIL MILLONES
                Mario Benedetti 1996
 

En un día del año 1987
nació el niño Cinco Mil
Millones. Vino sin etiqueta,
así que podía negro, blan-
co, amarillo, etc. Muchos paí-
ses, en ese día, eligieron al
azar un niño Cinco Mil
Millones para homenajearlo y
hasta para filmarlo y grabar
su primer llanto.
   Sin embargo, el verdadero
niño Cinco Mil Millones no
fue homenajeado ni filmado
ni acaso tuvo energías para
su primer llanto. Mucho 
antes de nacer ya tenía ham-
bre. Un hambre atroz. Un
hambre vieja. Cuando por fin
movió sus dedos, éstos toca-
ron la tierra seca. Cuarteada
y seca. Tierra con grietas y
esqueletos de perros o de 
camellos o de vacas. También
con el esqueleto del niño
 número 4 999 999 999.
   El verdadero niño Cinco 
Mil Millones tenía hambre y
sed, pero su madre tenía más
hambre y más sed y sus 
pechos oscuros eran como
tierra exhausta. Junto a ella,
el abuelo del niño tenía ham-
bre y sed más antiguas aún y 
ya no encontraba en sí
mismo ganas de pensar o de
creer.
   Una semana después, el
niño Cinco Mil Millones era
un minúsculo esqueleto y en
consecuencia disminuyó en
algo el horrible riesgo de que
el planeta llegara a estar
superpoblado.