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La Burocracia

Escrito por novoyatirarlatoalla 03-11-2006 en General. Comentarios (0)


LA BUROCRACIA:

Estudio realizado por Andersen Consulting, -y subcontratado a PICHU-RINA & ASOCIADOS- sobre los grados de burocracia en la empresa española.-

Tomando como ejemplo los procesos necesarios para justificar una ausencia en el puesto de trabajo, se han divido en varios niveles de burocracia la empresa española.

1.- FRIENDS LEVEL

EMPLEADO: Manolo eres tu? Si... Oye que no puedo ir al curro porque algo de la cena de anoche, me ha sentado mal, y tengo unas cagaleras de la muerte. Vamos que no me puedo alejar mas de dos metros de la taza del inodoro, y tengo ya el culo que me arde, macho¡.

JEFE: Bueno tio, cuidate, y ya sabes arroz y yugú y eso... que te den por el culo.

2.-WHATWELL LEVEL

EMPLEADO: DonManuel? Si... espero... Perdone que le moleste, pero no puedo asistir al centro de trabajo, tengo gastroenteritis.

JEFE: Cuanto lo siento. Descanse y recuperese. Esosi, mañana en cuanto llegue me firma el parte de ausencias.

3.1- FUCKYOU LEVEL

EMPLEADO: Don Manuel? Si... espero... Perdone quel e moleste, pero no puedo asistir al centro de trabajo, tengo gastroenteritis.

JEFE: Cuanto lo siento. Descanse y recuperese. Eso si, necesitaremos la baja firmada por un medico colegiado, mas el parte de justificacion de ausencias debidamente cumplimentado, para nuestro departamento de recursos humanos.

EMPLEADO: Pero D. Manuel, una baja no te la firman con menos de tres dias, y yo para mañana estaré bien.

JEFE: Eso a mi me trae sin cuidado, el procedimiento dice que es necesaria la baja, y punto. Ah le recuerdo que esos tres dias se descontaran de incentivos, productividad y vacaciones.

3.2- FUCKYOUMAMON LEVEL ( Caso especial Colegios Españoles )

MAESTRO: Lui? Oye chacho, que llevo tre jora abrazao al vater-close porque me voy de varilla mismamente. Asin que hoy no puedo da clases.

DIRECTOR: Me cago en Dioooosss¡ Y ahora que cojones hago yo con tu curso? Pa mañana estará güeno?

MAESTRO: Pos mas bien que no, porque conforme estoy hablando contigo me estan dando una arcás de la mismisa ostia.

DIRECTOR: Pue entonce tate al loro y cucha. Te va a pedí la baja pero pa un mes, le dice ar doctó, que ademá de la cagalera, potas a tutifruti y ties flatulencias repusnantes, y que to e por el tremendo estré que tenemo lo maestro nasionales, que tu asin no pue con las clases y que te la firme pa un mes, que pa meno dia el Miniterio no envia sutituto. Fale?

4.- TOOMUCH LEVEL

EMPLEADO: Don Manuel? Si... espero... Perdone que le moleste, pero no puedo asistir al centro de trabajo, tengo gastroenteritis.

JEFE: Cuanto lo siento. Descanse y recuperese. Y le recuerdo el procedimeinto en estos caso.

a.- Baja firmada por medico colegiado
b.- Pruebas y analisis medicos que confirmen la enfermedad
c.- Parte de justificacion de ausencias, con copia a:
* Jefe negociado
* Jefe departamento
* Jefe servicio
* Jefe Recursos Humanos
d.- Modelo 1145/89 de la seguridad social
e.- Modelo 99834/92 de la inspeccion de trabajo
f.- Acta notarial que de fe de la justificacion de la ausencia con dos testigosque no sean familiares en primer grado.

5.- LALECHEQUEHANMAMAO LEVEL

EMPLEADO: Chari? Oye que no puedo ir al trabajo,tengo una diarrea galopante.

SECRETARIA: Pues la has cagao, literalmente en este caso. Oye lo mejor es que te envie un ordenanza con los documentos que has de rellenar,como es un poco complicado te envio el tomo 5º del Manual deProcedimientos Administrativos que te ayudará a cumplimetar los documentos.
de todas formas te recuerdo que basicamente son:

a.- Baja firmada por medico colegiado, con VistoBueno del jefe del servicio de atención primaria o del servico de urgencias en su defecto.
b.- Pruebas y analisis medicos que confirmen la enfermedad...

EMPLEADO: Chari, me llevo la mierda en un apalangana?
SECRETARIA: Joder no te pases¡ y escucha que no he terminado.
c.- Parte de justificacion de ausencias, con copia a:
* Jefe negociado
* Jefe departamento
* Jefe servicio
* Jefe Recursos Humanos
Todos ellos han de llevar la firma del delegado sindical de CC.OO. y UGT, mascualquier otro sindicato que hubiera obtenido una representación superior al 5%en las últimas elecciones sindicales. Esto último puede ser dificil porque estan todos liberados.
d.- Modelo 1145/89 de la seguridad social con copia a todos los interesados.
e.- Modelo 99834/92 de la inspeccion de trabajo con copia a todos los interesadosy al ministro del ramo.
f.- Acta notarial que de fe de la justificacion de la ausencia con dos testigosque no sean familiares en primer grado.
g.- Certificado de estudios, fotocopia compulsada del Libro de Familia.
h.- Cartilla de la segurida social
i.- Los Tc de los últimos 10 años
j.- Y si quieres ahorrarte problemas, yo añadiría por mi cuenta:
*Certificado de Buena conducta
*Fe de Bautismo y carta recomendación de tu parroco
*Y último y muy importante, fotocopia del carnet de socio del Atletico de Madrid si lo tuvieras, que el secretario es muy forofo y esto siempre ayuda.

EMPLEADO: Chari, dejalo. Mejor me paso por ahí,ficho y después me vengo a casa a cagar

 

La vida no debería ser

Escrito por novoyatirarlatoalla 03-11-2006 en General. Comentarios (0)

(Anónimo)La vida NO debería ser un viaje hacia la tumba con laintención de llegar con buena salud y con un cuerpo atractivo y bien cuidado,sino más bien deslizarse en ella con chocolate en una mano, vino en la otra, elcuerpo hecho polvo, totalmente  desgastado y gritando ....
Joder, qué paseo!! 

La Barbie y su metamorfosis

Escrito por novoyatirarlatoalla 03-11-2006 en General. Comentarios (2)
*Para ampliar y profundizar
Noami Klein y el fin de las marcas, libro de Judith Gociol para la colección Intelectuales de la editorial Campo de ideas. Editado en España y, por ahora, no disponible en la Argentina, este texto presenta a la autora (su vida, formación y contextos) y analiza los conceptos claves desarrollados en el libro No logo. Seleccionamos el capítulo de presentación de Klein (con datos que pocos conocen) y el que analiza el tema del fin del trabajo y la producción capitalista tradicional, muy relacionada con el proceso de fábricas recuperadas que se presentaron en nuestro primer encuentro.
Introducción
 Naomi Klein: metamorfosis de una Barbie

Barbie. Es probable que, si sus padres la hubieran acompañado, Naomi Klein
hubiera vivido bajo el "zen barbie: Barbie es el uno. Barbie es el todo",
tal como define en su libro No logo.
La periodista y activista nació en Montreal, Canadá, en 1970, cuando en su
país se sucedían las acciones de la organización separatista Frente de
Liberación de Quebec. Ese año, además, dejaban de tocar The Beatles, Richard
Nixon ordenaba la invasión a Camboya, Salvador Allende se convertía en el
primer presidente marxista elegido democráticamente en Sudamérica, y los
obreros de la General Motors organizaban una huelga en reclamo de mejores
salarios.
Sus padres eran, por entonces, integrantes del movimiento progresista que,
en la década del 60, decidió abandonar Estados Unidos, en oposición  a la
Guerra de Vietnam.
Radicados en Canadá, combatían a la sociedad de consumo con frecuentes
excursiones familiares al campo, donde verdes praderas, montañas majestuosas
y almuerzos con alimentos no envasados en los parques nacionales, los
ponían en sintonía con la naturaleza. "A mí nada de eso me
importaba -recuerda Naomi en su libro-.A los cinco o seis años, esperaba con
ansias ver las figuras de plástico de los carteles de las sucursales de las
cadenas de comida rápida que se sucedían a amboslados de la carretera, y
alargaba el cuello cuando pasábamos ante los Mc Donalds, los Texaco y los
Burger King. Mi cartel favorito era el de Shell".
- ¿Qué juguete siempre quisiste tener y nunca te compraron? -le preguntó una
periodista mexicana a propósito de la aparición de No logo.
- ¡Una Barbie! -contestó de inmediato Naomi.
Solo cuando el matrimonio Klein se sentía ideológicamente abatido por sus
dos hijos accedía a una comida rápida en cajitas brillantes y laminadas sin
resignarse -tal como señala la periodista- a que "habían engendrado dos
niños normales."
Klein tampoco fue una adolescente de excepción. Era fanática de las marcas,
le encantaba pasear por los centros comerciales, y hasta llegó a trabajar
los sábados como vendedora de Esprit, la cadena de ropa que adoraba. Todavía
hoy compra prendas de esa marca, pero les arranca las etiquetas.
Barbie rubia y con ropa de fiesta. Barbie con el pelo atado y el traje de
playa. Barbie con vestido de novia. Barbie con casa y mobiliario. Barbie es
el Uno. Barbie es el Todo: Naomi resultó parte de una generación  de
conejillos de india del consumo que creció, según ella misma define, bajo el
"microscopio del marketing".
La conversión. ¿Por qué esa adolescente fascinada por los logos devino en
una figura de referencia para los movimientos anti marca? El problema con
los corporaciones -apunta- es parecido al de los amantes: cuando uno le
promete al otro demasiado, nunca puede cumplir. Si las empresas solamente
vendieran sus productos, quizás hubieran dejado satisfechos a sus
seguidores. Pero si lo que juran es amor para toda la vida y no cumplen, el
romance termina mal: aseguran felicidad y entregan una bebida light. Esa
desilusión, en alguna medida, la vivió  ella misma. Por eso llevó adelante
su cruzada contra las marcas con fe de conversa.
Vivimos en Canadá y no en Estados Unidos -le explicaron sus padres más de
una vez- porque aquí no tienes que ser rico para enfermarte y puedes hacer
documentales y el Estado paga". Por entonces, ambos trabajaban en el sector
público: Michael Klein era médico; Bonnie preparaba documentales feministas
y pacifistas.
Su madre era una activista aguerrida del movimiento antipornografía, que
consideraba a la pornografía como un acto de violencia contra la mujer y de
explícita subordinación al género masculino. Es una de las múltiples
preocupaciones (el nacionalismo, la violencia doméstica, la
antidiscriminación) que abarcó el feminismo en Canadá y, aunque su lucha fue
históricamente acusada de conservadora  y censora,  tuvo --y todavía tiene--
un gran peso en Canadá. De hecho, en 1992 la Corte Suprema de Justicia
dispuso la prohibición de circulación de materiales que convirtieran  a la
mujer en un objeto de explotación sexual.
En 1980, Bonnie filmó Esta no es una historia de amor, película anti
pornográfica por la que recibió todo tipo de críticas: desde el titular de
un diario que la acusaba de fascista hasta la imagen de una revista en la
que la cara de su madre aparecía en un cuerpo de gorila. "Mientras estaba en
el colegio sentía demasiado opresiva la gran exposición pública de mi madre
feminista. No era cool, en 1980, filmar una película antipornográfica, no
por lo menos en mi secundaria".  La vergüenza que le provocaron las críticas
a su madre la mantuvo alejada de la política. Hasta que ingresó a la
Universidad.
Universo. La academia. El feminismo. El activismo. El multiculturalismo. La
izquierda: todos estos intereses integran el universo ideológico de las
universidades de Canadá. "El bilinguismo y la diversidad cultural han sido
tanto los rasgos distintivos de la cultura canadiense como las condiciones
mismas que impiden el establecimiento de una identidad nacional restrictiva.
Simultáneamente, esta tensión fue el impulso para una producción de
políticas culturales del estado o de instituciones intermedias, a través de
las cuales se puede historizar la relación entre grupos, sectores y sujetos
y el modo en que viven sus condiciones concretas de existencia" .
Desde los 60 en adelante,  este proceso reconoce por lo menos tres momentos:
Bilinguismo: En1969 the Oficial Languages Act se integró a la Constitución
de Canadá para establecer la existencia de dos idiomas oficiales, el francés
y el inglés, las lenguas correspondientes a las dos culturas mayoritarias el
país. Desde entonces hasta los envases de champú son bilingues.
Multiculturalismo: En 1972 el primer ministro Pierre Trudeau introdujo las
políticas multiculturales como mandato constitucional. El objetivo no era
sólo preservar sino estimular esa diversidad a través del aporte económico a
las actividades culturales
Igualdad: En los últimos veinte años las políticas multiculturales
canadienses han sido revisadas con la intención de promover programas
antidiscriminatorios que no solo reconozcan las diversidades sino también su
concreción en oportunidades de empleo, educación, acceso a bienes y
participación ciudadana.
Todos estos debates cruzaron los campus universitarios. De modo que Klein es
hija de la generación que forjó esos acuerdos constituyentes del progresismo
canadiense. Sus ideas tienen el sustento de una cultura que no analiza
únicamente las regulaciones culturales y sociales sino que piensa las
condiciones reales de existencia. Hija al fin, Klein tuvo la distancia
generacional necesaria para ver también las aspiraciones frustradas de estos
postulados una vez que fueron llevados a la práctica.
"Creo que teníamos una comprensión muy poco profunda de cómo funciona el
mundo. Nosotros protestábamos porque Nike usaba ropa femenina para vender
sus zapatillas, y no nos dimos cuenta que usaban chicas de 14 años para
fabricarlas. Así que creo que si hubiéramos sido verdaderas feministas
hubiéramos estado más preocupadas por eso y no por tratar que cambiaran su
vestimenta. Nosotras estábamos mal equipadas para confrontar lo que ahora
llamaríamos neoliberalismo. Creo que la mayoría de las activistas estaban
entrenadas para pensar en términos nacionales y no para comprender como
funcionaba la globalización".
Bisagra. El 6 de diciembre de 1989 resultó el momento bisagra, la fecha de
la Masacre de Montreal, la peor tragedia ocurrida en un solo día en la
historia de Canadá. El penúltimo día de clases, antes de las vacaciones de
Navidad, catorce estudiantes fueron asesinadas a los tiros por Marc Lépine,
de 25 años, que entró a la Escuela de Ingeniería de la Universidad de
Montreal y abrió fuego al grito de  "¡Odio a las feministas!"
Desde los años 60, cada vez más mujeres ocupaban cargos no tradicionales y
puestos en los programas educacionales de la Escuela, a la que Lépine había
querido ingresar. Aparentemente atribuyó su rechazo a la acción de los
movimientos de mujeres "Las feministas que han arruinado mi vida... Las
feministas siempre han tenido el talento de irritarme. Ellas quieren retener
las ventajas de ser mujer... mientras tratan de arrebatar aquellas de los
hombres... Son muy oportunistas ya que descuidan el provecho del
conocimiento acumulado por el hombre a través de los años", escribió en la
nota que dejó antes de suicidarse.
Luego de la masacre, las autoridades municipales y provinciales declararon
tres días de duelo; la bandera del parlamento canadiense hondeó a media asta
y fueron encendidas velas de vigilia en todo el país. La violencia de género
dejaba de ser tema excluyente del movimiento feminista para instalarse en
espacios que antes le habían dado poca atención. "Ese suceso me politizó
enormemente -puntualiza Klein-. Por supuesto que después de esa matanza una
debía llamarse a sí misma feminista".
En este sentido, sostiene, No logo es un libro feminista. "Es una vuelta a
las raíces del feminismo, al feminismo temprano, que estaba muy involucrado
en acciones contra la explotación. Creo que el movimiento perdió su rumbo a
fines de los 80, cuando se alejó justamente de esas raíces críticas frente
al capitalismo y al consumismo" .
Fue precisamente la Federación de Mujeres de Québec, la organización que
llevó adelante la marcha Mundial de las Mujeres en marzo de 2000. Bajo la
consigna Pan y Rosas constituyó una significativa convergencia internacional
de movimientos.
Militancia. En una oportunidad, Klein resultó amenazada de violación a causa
de su militancia. También fue intimidada -con una bomba en su casa y en la
oficina- después de escribir un artículo, "De víctima a victimario", en el
diario estudiantil donde sostenía que Israel no solo debía terminar con la
ocupación sobre los palestinos sino también sobre su propia gente,
especialmente con las mujeres.
Después de la publicación de la nota la unión de estudiantes judíos
sionistas llamó a una reunión para discutir las medidas a tomar.
- Si yo alguna vez me encuentro con Naomi Klein la mato" -dijo una mujer.
-Yo soy Naomi Klein y soy tan judía como cada uno de ustedes -contestó la
autora. Tenía 19 años y, desde entonces, no recuerda un silencio tan cargado
como el que se hizo ese día en la sala.
Klein interrumpió la carrera universitaria para trabajar como periodista en
el Toronto Globe and Mail y para editar una revista política alternativa. Se
fue de la universidad a princicios de los 90, convencida de que la
estrategia de la izquierda era pobre y aburrida.
Cuando volvió, en 1995, se sorprendió porque encontró un panorama renovado,
donde los estudiantes organizaban  campañas contra la invasión del espacio
público por las marcas. La militancia anti-empresaria estaba en plena
expansión.
Tal como desarrolla en uno de los capítulos de No logo, las empresas
ingresaron a los campus universitarios con estrategias de lo más variadas:
desde la obtención de la concesión de las cafeterías hasta el financiamiento
de equipos de investigación o la pegatina de avisos publicitarios en cuanto
lugar les era posible: hasta en los baños.
En este sentido -sugiere Klein- la respuesta más creativa fue la de los
estudiantes de la Universidad de Toronto, en donde también ella cursó.
Los integrantes de la autodenominada Sociedad de Agradecimiento a Escher se
emplearon temporariamente en la agencia publicitaria que ponía los avisos en
las minivallas de las facultades y se preocuparon de perder -a conciencia-
los destornilladores que les daban para abrir los marcos de plástico.
Muñidos de esos elementos, en un operativo comando reemplazaron todas las
publicidades por grabados del artista holandés Maurits Cornelis Escher. Así,
todo el alumnado pudo disfrutar de esas imágenes geométricas inicialmente
elegidas por los estudiantes porque se fotocopiaban bien
Fue ese heterogéneo movimiento gestado en las aulas el que la condujo hasta
No logo: Klein sólo siguió el hilo de sus amigos universitarios. "Cinco años
antes -recuerda-los temas que nos preocupaban eran la discriminación racial,
la identidad étnica, el género y la sexualidad. Ahora esos temas se habían
ampliado, habían incorporado el poder de las grandes empresas, los derechos
de los trabajadores y un análisis relativamente desarrollado de los procesos
de la economía mundial".
El viejo microscopio. ¿Y cómo hizo Klein para reenfocar el viejo microscopio
del marketing de su generación?
Actual columnista de The Guardian, The Globe and Mail de Toronto, y otros
medios,  ella escribe sus artículos sin escritorio ni horarios que aten sus
puntos de vista. Hizo, entonces, lo que el periodismo le enseñó: ver y
escuchar.
 "Escribí No logo -cuenta al comienzo del libro- cuando vivía en el
fantasmal distrito textil de Toronto, en un almacén de diez pisos. Muchos
edificios semejantes al mío estaban clausurados desde tiempo atrás, con los
cristales rotos y las chimeneas sin humor; la única función capitalista que
les quedaba era enarbolar sobre sus techos sucios grandes carteles luminosos
que recordaban la existencia de la cerveza Moslos, de los coches Hyunday y
de la radio FM EZ Rock a los conductores que tomaban la ruta del lago".
Su edificio era una antigua fábrica de abrigos London Fog.
- ¿Y qué marca de chaquetas hacen ustedes? -le preguntó a las trabajadoras
de Indonesia, en uno de los viajes que realizó para la investigación de su
libro.
- London Fog -le respondieron luego de algunos susurros.
Vio y escuchó.
En forma puntillosa y metódica.
Durante más de cuatro años.
Y también actuó
Porque para Klein el periodismo es una forma de activismo. Solo que como no
se siente cómoda frente a las multitudes, prefiere escribir a hablar,
escuchar a decir, ver a ser vista, formar parte sin ser propagandista. Esa
distancia le permite expresar lo que piensa sin condicionamientos. Porque no
es una cronista que se limita a registrar hechos con pretendida objetividad
sino una investigadora que elige y selecciona subjetivamente a partir de una
decidida y explícita postura ideológica
"El movimiento necesita un centro duro, con radicales inflexibles que ni
siquiera no hablarían conmigo -explica- pero también necesita a las personas
que, como yo, hacen de puente e intentan transmitir hacia afuera las ideas
de una manera más accesible".
Barbie es, ahora, la autora de un  best seller tomado como decálogo por los
militantes  anticorporativos.
Detrás del brillo. "Hay que descubrir la mugre detrás del brillo", le
aconsejó su abuelo Philip Klein, un judío ruso que emigró a los Estados
Unidos y trabajó como animador para Walt Disney hasta que fue   de la
compañía."
"Descubrir la mugre" es lo que hizo su nieta. Reunió datos, realizó
entrevistas y viajó al sudeste asiático para demostrar que las grandes
empresas multinacionales ya no fabrican productos sino marcas y que, detrás
de esa aspiración de transmitir modelos y estilos de vida, se esconde la
explotación de miles de hombres, mujeres y niños que no conocen las marcas
de lo que producen y a veces ni siquiera saben el nombre ni para qué sirve
lo que fabrican. Lo poco que ganan no les permite ni siquiera soñar con
comprar ni uno solo de los artículos que pasan por sus manos."
En China, por ejemplo, el salario de supervivencia de los obreros  es de 87
centavos de dólar por hora; un estudio realizado en 1998 probó que empresas
como Nike, Adidas, Walt Mart y Esprit -entre varias otras- pagan sólo una
fracción de esa mísera remuneración
Trabajan bajo un régimen marcial, no menos de 12 horas por día y llegan a
dormir sobre las máquinas, en talleres de los cuales es imposible escapar en
caso de peligro.
Walt Disney también era abuelo, escribió Naomi en No logo: el abuelo de la
sinergia moderna. Es decir, la capacidad de las marcas de abarcar todos los
aspectos de la vida de una persona: desde su vestimenta hasta la diversión.
Ser ellas mismas el estilo de vida.
El brillo: "Barbie y Mickey Mouse son los pioneros en miniatura de las
marcas", apunta.
La mugre: "Hasta al Ratón Mickey lo cazaron explotando gente cuando
descubrió que un contratista haitiano de Disney fabricaba pijamas de
Pocahontas en condiciones tan míseras que los obreros se veían obligados a
alimentar a sus hijos con agua azucarada".
Descubrir la mugre detrás del brillo: sobre esa herencia la nieta del viejo
huelguista construyó su teoría.
. No logo, una teoría sobre el capitalismo actual
Una teoría. ¿Qué es una teoría?, pregunta el profesor universitario Michael
Albert en una de sus clases magistrales. Es como el botiquín de un médico,
responde él mismo: una caja con instrumental conceptual que debe servir para
entender el mundo. "Mediante teorías explicamos cómo y porqué las cosas
ocurren tal como ocurren, predecimos lo que ocurrirá y escogemos formas de
actuar para que salgan del modo que deseamos".
Eso es lo que hizo Naomi Klein a lo largo de las más de 500 páginas de No
logo. Ni más ni menos que eso: una teoría capaz de explicar, predecir e
intervenir.
Explicar. A fines de la década del  80 el capitalismo cambia sus intereses.
Las empresas descubren que lo principal ya no es fabricar productos sino
marcas, comercializar en lugar de manufacturar.  El precepto, repetido como
una biblia desde la Revolución Industrial, se quiebra por primera vez: lo
importante no es la producción de  objetos sino de imágenes, estilos de vida
y valores. "Esta fórmula -apunta-resultó ser enormemente rentable y su éxito
lanzó a las empresas a una carrera hacia la ingravidez: la que menos cosas
posee, la que tiene la menor lista de empleados y produce las imágenes más
potentes, es la que gana".
Marcas sí, productos no: la estrategia conceptual resultó brillante pero, a
pesar de ello, los objetos -base de toda la construcción- debían fabricarse
de algún modo. Si alguien tenía que ensuciarse las manos, que fuera lo más
lejos posible. Las empresas cerraron las plantas en sus lugares de origen,
despidieron a miles de empleados y, a través de contratistas, trasladaron la
producción a las llamadas zonas de libre comercio: Indonesia, China, México,
Vietnam, las Filipinas son algunos de los sitios donde pueden fabricar
barato y sin cumplir con las mínimas leyes laborales. "¿Es
factible -arriesga la periodista- que el sector corporativo, al
desentenderse del empleo, esté alentando sin saberlo el movimiento de
oposición contra él?"
Predecir.  "Es posible matar a una marca" reconoció Tom Freston, el fundador
de MTV, la primera emisora televisiva que fue convertida -justamente- en
marca.  Y es así, confirma Klein. La principal característica de las marcas
es su ubicuidad y también su principal defecto: ellas son su propio lastre.
El efecto boomerang.
Nike no se limitó a vender zapatillas, sino que prometió mejorar la vida de
la gente a través del ejercicio y del deporte, de manera que la revelación
del trabajo esclavo al que somete a sus operarios en el Tercer Mundo,
resultó insoportable.
"Después de que una cultura sufre la manía de las marcas durante cierto
tiempo quienes vivimos bajo su imperio -sea de Nike, Wal Mart, Hilfiger,
Microsoft, Starbuscks o de cualquier otra- no solo comenzaremos a volvernos
contra estos logos, sino también contra el control que la totalidad del
poder de las empresas ejercen en nuestros espacios y opciones. Quizás exista
un momento en que la idea de las marcas llegue a un punto de saturación;
luego, la reacción no se dirigirá contra algún producto que casualmente está
mal posicionado respecto a la moda, sino contra las multinacionales dueñas
de las marcas".
Intervenir. No logo se basa en cálculo matemático sencillo: cuantas más
personas conozcan los secretos de las marcas, mayor será su exasperación.
Una regla de tres simple cuyo resultado es directamente proporcional: "la
gran conmoción política del futuro -explicita Klein- consistirá en una vasta
ola de rechazo frontal a las empresas transnacionales y especialmente
aquellas cuyas marcas son más conocidas".
Botiquín. ¿Y qué carga el pensador en su  botiquín? Puntualiza el profesor
universitario:
Conceptos. Es decir, las partes del mundo a las que se quiere prestar
especial atención. Los conceptos, relacionados, son la columna vertebral de
una teoría social.
En su clase, Albert eligió cuatro conceptos -cuatro esferas, según las
llamó-: la económica, la familiar, la política y la esfera comunitaria y
explicó que, históricamente cada corriente de pensamiento eligió una (o
varias) de esas esferas como eje determinante de su teoría: el marxismo se
apoyó en el concepto económico. Es decir, en la base material, la de los
modos de producción y reproducción de los medios de subsistencia.
Klein, también.
Estrategia. Si la construcción de una teoría fuera un viaje en autobús o en
avión, sugiere el profesor, la estrategia resultaría una especie de mapa de
ruta: el conjunto de tácticas que van a permitir el desplazamiento.
La periodista decidió describir las transformaciones del empresario en las
últimas décadas para demostrar el rumbo tomado por el capitalismo.
Visión de futuro. O, si estamos en el aeropuerto o la estación, un destino.
"¿Qué queremos? -dice el profesor- es la pregunta clave". Difundir, irritar,
convocar a la acción, parece responder Klein.
Gafas. Un viaje, un botiquín de médico o unos anteojos. Eso es la teoría:
Albert alterna los simbolismos turísticos con los clínicos. "Te pones las
gafas y si son rojas, todo se ve rojo. Si son verdes, todo se ve verde. Las
teorías son así. Las teorías conforman tu visión de la realidad y hacen que
veas ciertos aspectos más fácilmente que otros, que seas más receptivo a
unos que a otros, incluso que conozcas la existencia de unos más que de
otros, porque ves la realidad a través de los conceptos y ves lo que se está
destacando y no lo que se está dejando de lado".
De modo que, según el profesor, toda teoría es:
Limitada. Se centra en un campo de atención en particular y -en el mejor de
los casos- hay preguntas a las que contesta realmente bien, pero siempre
deja otras de lado. Es un punto de vista elegido entre otros posibles, una
forma de mirar el mundo.
La autora de No logo tomó la esfera económica, más precisamente: la
relaciones de poder establecidas por las empresas respecto a los
trabajadores y a los consumidores. Definió así su punto de vista: no
comparte ni las vociferadas virtudes de la globalización ni las del
capitalismo.
Renovadora Una teoría tiene sentido si puede decir algo que no se sabía
antes; ese es su valor. Y el valor de la teoría de Klein es el de hacer una
puesta a punto de la estructura del capitalismo en la actualidad,
describirlo con minuciosidad, fijar sus límites y arriesgar un cambio. El
hoy y el mañana.
Hereditaria. Todas las teorías toman un marco de referencia explícito o
implícito; otras teorías para citarlas, compararlas o cuestionarlas.  En el
voluminoso trabajo de la periodista, Karl Marx no aparece ni siquiera
mencionado. Y, sin embargo, no es difícil detectar las categorías heredadas
del marxismo que subyacen tras sus argumentaciones: fetichismo, alienación,
imperialismo... Incluso su convicción de que el capitalismo lleva, en sus
entrañas, la semilla de su propia destrucción.
La teoría de Klein está estructurada a partir de las relaciones de poder
planteadas por el filósofo alemán: los que tienen los medios de producción y
los que solo cuentan con su fuerza de trabajo. Pero, por primera vez ahora,
desde la Revolución Industrial, las empresas ya no fabrican objetos sino
bienes simbólicos, que ni siquiera están atados a un territorio o a un
Estado-nación. Entonces, ¿dónde y de qué manera se producen estilos de vida?
¿Y cómo se enfrenta a un capital que no tiene ataduras geográficas? Lo
interesante del aporte de Klein es que permite un ajuste y actualización de
la teoría marxista, un siglo y medio después. Es, en este sentido, la
versión modernizada de El capital. "Quizá yo encuentre 'mi manifiesto'
interno un día, pero yo no pienso que éste sea él", aclara ella.
En este nuevo siglo, el lugar de un individuo en el sistema productivo no
garantiza automáticamente un tipo de conciencia y la clase obrera no es la
protagonista central y única de la emancipación humana. Hoy, las identidades
son variables, conflictivas y mucho menos homogéneas. La unidad no es un
imperativo ni la diversidad, un obstáculo. La ideología está al servicio de
un consenso amplio  y no al revés .
El historiador Eric Hobsbwan sostiene que el marxismo es recuperado en la
actualidad como análisis del modus operandi del capitalismo,-que fue su
objetivo original- y no como alternativa de organización social. De ese
mismo modo, es retomado por Klein, quien es sumamente crítica con la praxis
política de la izquierda y los aparatos partidarios.
Accesible. El profesor Albert es enfático en este punto. Si una teoría
social es una herramienta para hacer del mundo un lugar mejor -más
democrático, más participativo- entonces debe ser entendible, accesible,
útil. O es un fracaso
Y No logo  es una teoría sencilla, accesible y útil. Ni más ni menos.
El libro fue publicado en 1999 y unas semanas después 50 mil personas
lograban interrumpir la cumbre de la Organización Mundial de Comercio en
Seattle. La conmoción había comenzado.

Primera Parte
Las relaciones de producción.
Del capitalismo industrial al fin del trabajo

.  La revolución de los alfileres, el nacimiento del sistema  industrial
Un alfiler. La historia del mundo moderno está colgada de un alfiler, según
se desprende del ejemplo que el filósofo y economista escocés Adam Smith
refiere en su trabajo Riqueza de las naciones (1776), el texto fundacional
de la teoría capitalista.
Un taller, diez hombres y doce libras de alfileres por día. En sus
observaciones, el filósofo escocés llegó a contabilizar "dieciocho o más
operaciones distintas las cuales en unas cosas se forjan por distintas manos
y en otra una mano sola forma tres o cuatro diferentes". En ese pequeño
laboratorio cupo toda su teoría del liberalismo económico:
División del trabajo. La actividad económica involucra al capitalista
(propietario del dinero o de las maquinarias), al rentista (dueño de las
tierras) y a los trabajadores asalariados.
Producción colectiva. Cada obrero se ocupa de una etapa del proceso
productivo. Cada uno se encarga de una parte del alfiler
Oferta y la demanda. El libre juego, entre cantidad de productos que se
ofrece y la necesidad  y la posibilidad de obtenerlos, determina el precio
de las cosas y su circulación. La producción y el intercambio de bienes
aumenta, y por lo tanto también se eleva el nivel de vida de la población,
si se las deja actuar libremente.
Mano invisible. El mercado es un mecanismo que se autorregula, sin necesidad
de intervención del Estado. La economía se acomoda armoniosamente. El famoso
laissez faire.
El trabajo es tiempo.
El trabajo es producción.
El trabajo es riqueza.
Lo que el filósofo escocés impuso como nuevo mandamiento de la economía del
mundo es, en esencia, un estudio de la creación de la riqueza. ¿Y de dónde
proviene esa riqueza? Del trabajo. "Esa es la moneda -argumenta-con la que
se pueden comprar todas las riquezas del mundo y el tiempo es su materia
prima. Puede dividirse en cantidades idénticas, se pude descomponer en
unidades de trabajo sencillas."
Con la instauración del capitalismo, el trabajo es definido por primera vez.
Un alfiler decidió la economía mundial.
Hasta ahora.
Ya que, tal como sostiene Naomi Klein, este modelo capitalista ha llegado a
su fin.
Una fábrica. Lo que históricamente se conoce como Revolución Industrial  fue
el proceso que -a partir del siglo XVIII- desplazó a una economía de base
agrícola por la producción mecanizada de bienes a gran escala. Su inicio
puede rastrearse en el taller de fabricación de alfileres que hizo pensar a
Smith.
Hasta entonces la mayor parte de la actividad productiva era realizaba por
artesanos en pequeños talleres manufactureros. En la mayoría de los casos,
los trabajadores eran dueños de los instrumentos de producción y libres para
organizar su disciplina laboral. Cada artesano entregaba, generalmente, un
producto terminado a partir de la materia prima que recibía. Así, su fuerza
muscular y su habilidad, natural o adquirida con la práctica, eran decisivas
en la elaboración del objeto final.
La Revolución Industrial fue "la gran transformación", según la expresión
del economista Karl Polanyi. Vale decir: la estructura social, política y
económica del mundo que conocimos hasta hace un par de décadas cuando, tal
como sostiene Klein, las empresas dejaron de fabricar objetos para producir
imágenes corporativas y estilos de vida. Marcas sin máquinas: la contracara
de la era industrial.  Escribe Klein en No logo:
 "Hallándose tan devaluado el proceso actual de producción no sorprende que
las personas que realizan el trabajo productivo sean tratadas como basura,
como sobrantes. La idea tiene cierta simetría: desde que la producción en
masa creó la necesidad de que existieran marca, su papel ha ganado cada vez
más importancia, hasta que, más que un siglo y medio después de la
Revolución Industrial, a estas empresas se les ocurrió que quizás las marcas
pudieran reemplazar completamente la producción".
Contrato. La industrialización transformó a la comunidad en una sociedad
donde los lazos sociales, las creencias los conocimientos y la solidaridad
quedaron reducidas a relaciones por contrato.
La nueva maquinaria, además, volvió innecesaria la fuerza muscular a favor
de la flexibilidad de los dedos, así que gran cantidad de hombres fueron
reemplazados por mujeres y niños. "El empleo intensivo de mano de obra
femenina e infantil actúa sobre las condiciones de vida obrera de doble
manera. Por un lado, refuerza las demás causales de desocupación  de la mano
de obra masculina adulta y hace que una multitud de trabajadores sin empleo
deban ser mantenidos por sus mujeres o hijos. En segundo, lugar provoca la
disminución del salario obrero. Con el trabajo de las mujeres y los niños no
solo varía el material humano sujeto a explotación, sino que el grado de la
misma se acentúa" . En 1880, solo la industria estadounidense empleaba
1.700.000 chicos de entre diez y quince años de edad.
1720. Los obreros sastres de la ciudad de Londres se reunieron en una
asociación para reclamar aumento de salario y la posibilidad de abandonar su
trabajo una hora antes.   Durante la Revolución Industrial, los reclamos
laborales se centraban en:
. una jornada de ocho horas
. mejoras en las condiciones de salubridad
. la prohibición del trabajo de los menores
. la legalización de los sindicatos y otras formas de asociación
1999. Klein describe en No logo las condiciones laborales que imponen las
empresas multinacionales en los países asiáticos:
. No existen las horas extras
. Está prohibido hablar durante el trabajo.
. La ventilación es mala y los elementos de seguridad escasos
. Los empleadores cierran con llave las letrinas, excepto durante los dos
descansos de quince minutos con que cuentan los obreros
. Los trabajadores deben donar dinero para la compra de material de limpieza
o la organización de las fiestas navideñas.
. Los empleados están obligados a lavar los suelos y los baños al terminar
la jornada.
Según parece, los buenos empleos son un mal negocio para los mercados de
todos lados. Las empresas multinacionales, que controlan más del 33 por
ciento de los activos productivos del mundo, sólo ofrecen directamente el 5
por ciento del empleo mundial. Y aunque los activos totales de la cien
mayores corporaciones aumentaron un 288% entre 1990 y 1997, la cantidad de
personas empleadas por ellas creció menos del 9% en ese mismo período de
enorme crecimiento.
"Aunque es innegable que esta ecuación ha brindado beneficios sin
precedentes a corto plazo -advierte la autora en No logo- puede terminar
siendo un error de cálculo de los dirigentes de la industria. Por no querer
considerarse creadores de empleo, las empresas se exponen a una respuesta
que sólo puede dar una población que sabe que la buena marcha de la economía
le ofrece pocos beneficios demostrables".
Todo un mundo, colgado de un alfiler.
. David contra Goliat. Los postulados marxistas
Propiedad privada. El capitalismo, der kapitalismus, no tuvo nombre hasta
mediados del siglo XIX cuando el filósofo alemán Karl Marx bautizó así a ese
sistema de relaciones de poder que dividió a la sociedad, a partir de la
propiedad privada, entre los que tienen y los que no tienen
Los que tienen: la riqueza material, el capital, las ganancias, los medios
de producción, las tierras, la renta, la posibilidad de fijar las reglas del
juego.
Los que no tienen: solo cuentan con la fuerza de su trabajo, convertida en
un salario. Ya no entregan, como en los tiempos del artesanado, un producto
sino su capacidad para hacerlo, a cambio de una paga.
¿Por qué vende a un tercero su actividad vital? Para vivir, justamente. Por
eso para el obrero el trabajo dejó de ser -como era para los campesinos o
los pequeños artesanos- parte de su vida. "El trabajo constituye un
sacrificio de su vida. Para él la vida comienza cuando deja esta actividad:
en la mesa, la taberna, la cama" , apuntó el teórico.
La esencia del  sistema capitalista esta elaborada a partir de esa
disociación, contranatura, entre el que trabaja y los instrumentos que
necesita para ese trabajo.
Año 1862. Marx escribió en el primer volumen de El Capital: "El productor,
en la producción moderna no es libre ni siquiera para producir la cantidad
que quiere -apuntó el pensador- El nivel actual de desarrollo de las fuerzas
productivas lo obliga a producir en determinada escala". Y agregó: "el
consumidor no  es más libre que el productor".
Fetiche. En la antigüedad, ciertas culturas y prácticas religiosas
invistieron a los objetos de atributos sobrenaturales, convirtiéndolos en
fetiches destinados a la adoración. El capitalismo, sostiene Marx, retomó
esa concepción mágica al designar  a la mercancía, al dinero o al capital un
valor inherente a sí mismos. Son portadores de valor: dan utilidades,
beneficio, renta, salario. Aunque -aclara el pensador- la analogía es
inexacta porque las propiedades que se aplican a los objetos materiales en
el capitalismo son reales y no el producto de la imaginación.
El fetichismo de la mercancía es producto de una tergiversación. El hecho de
que los productos se intercambien en el mercado, se compren y se vendan,
llama a engaño porque crea la  idea ilusoria de que las cosas mismas, las
mercancías, por su propia naturaleza, poseen ciertas propiedades
misteriosas. Este fenómeno, entiende el filósofo, oculta la asimetría
verdadera: la subordinación del trabajo al capital y la explotación de la
clase obrera.
Se trata de fetiches, además, porque de otro modo no puede explicarse que el
capital genere interés incluso sin la asistencia del trabajo productivo.
En 1988 la empresa tabacalera Philip Morris compró la firma Kraft por 12 600
millones de dólares, seis veces más del valor  teórico de la empresa.
Aparentemente, la diferencia de precio representaba el coste de la palabra
Kraft. Es decir que con esa compra se había atribuido un enorme valor en
dólares a algo que hasta entonces había sido abstracto e indefinido: el
nombre de una marca.  El nuevo fetiche del capital.
Esa transacción desencadenó una ola de fusiones de empresas, cuyas
consecuencias más visibles fueron el achique de instalaciones,  la reducción
de personal y la precarización de las relaciones laborales.
"Es un fenómeno engañoso -apunta Naomi Klein en No logo- cuando los gigantes
unen sus fuerzas solo parece que se agrandan más"
Las corporaciones se autodiagnosticaron: sufrían de inflación. Tenían
demasiadas propiedades, demasiados empleados y demasiada estructura. Hasta
el proceso productivo les resulta demasiado.
Aunque el cierre de fábricas  no era un fenómeno nuevo en los 80, lo que en
esos años cambiaron fueron las razones esgrimidas para ello. Si, hasta
entonces, las corporaciones -otrora orgullosas de ser generadoras de empleo-
argumentaban que los despidos masivos se debían a la baja rentabilidad de
las empresas, en la actualidad obedecen a una reorientación estratégica de
la política interna. Una marca no necesita obreros. En todo caso hacían
falta cuando Canon fabricaba máquinas de fotos y no ahora "que la imagen es
todo", como le hacían decir al tenista André Agassi en una publicidad de la
firma.
Un informe de la Organización de las Naciones Unidas de 1997 señala que, en
la actualidad, los costes laborales consumen un porcentaje cada vez menor de
los presupuestos corporativos, incluso en países donde los salarios son de
por sí bajos. Más bajos que en la década de 1970 y  comienzos de la de 1980,
el momento -indica Klein- en el que las marcas empiezan a  ser claves en la
economía, y el proceso de producción se devalúa. Los logos se tragaron el
valor añadido.
Dado que la fabricación de bienes pasaba a ser un aspecto  secundario en las
operaciones, cualquiera podía fabricar un producto. Y en cualquier lado.
La empresas derivaron la tarea en subcontratistas del Tercer Mundo, cuya
tarea era responder a los pedidos rápido y barato. Mientras tanto -cuenta
Klein- las sedes centrales de las corporaciones tienen libertad para
dedicarse al verdadero negocio: crear una mitología corporativa lo
suficientemente poderosa, como para infundir significado a estos objetos
hechos mal, lejos y a destajo, solo con su nombre.
"En cada una de las etapas de la contratación, la subcontratación y el
trabajo personal, los fabricantes compiten entre sí para bajar los precios,
y en cada nivel, el contratista y el subcontratista extraen su pequeño
beneficio. Al final de esta pugna está el obrero, a veces a tres o cuatro
etapas de distancia de la empresa que hace los pedidos y que recibe una paga
que ha sido recortada en cada uno de esos pasos". Cuando las multinacionales
exprimen a los subcontratistas, éstos exprimen a los trabajadores, explica
un informe de 1997 sobre las fábricas chinas de calzado de Nike y Reebok.
Es el fin de la era industrial pero no de las condiciones de trabajo
decimonónicas.

Explotación. El filósofo alemán nació en Tréveris el 5 de mayo de 1818  y
vivió en París, Bruselas, Renania y Londres, entre otras ciudades. De manera
que el mundo de la Revolución Industrial se gestó ante sus ojos. Y vio:
Explotación. Que el modo de producción capitalista no está gobernado por la
satisfacción de las necesidades humanas sino por el deseo de extraer una
plusvalía de los asalariados
Plusvalía. Es el  beneficio que el capitalista obtiene de la apropiación del
trabajo excedente y no pago de los obreros. En una jornada de trabajo, los
asalariados  producen más de lo que necesitan para vivir. Esa diferencia,
entre el tiempo total de trabajo y el socialmente necesario,  es -según
Marx- la plusvalía, y  queda en manos del dueño del capital.
Acumulación. La plusvalía se vuelve a transformar en capital adicional y,
como resultado, crea un capital nuevo o un capital mayor. El proceso de
producción transforma constantemente la riqueza material en capital y
viceversa. La continuidad y reiteración de este proceso perpetúa, además, su
fundamento: el trabajador en su condición de asalariado
La teoría económica de Marx gira alrededor de una cuestión básica: la
relación entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción.
Lo mismo que, un siglo y medio después, estudió Klein: los que tienen y los
que no tienen.

Trabajo. A partir de la teoría de Adam Smith, el trabajo fue reducido a una
relación contractual que vincula al individuo con la sociedad.  Según
Dominique Méda   el siglo XIX transformó esa representación hasta hacer del
trabajo el modelo por antonomasia de la actividad creadora, la esencia del
hombre. Marx -entiende la historiadora- adscribió a ese ideal y lo cotejó
con la realidad de la época; el resultado fue la configuración del esquema
utópico del trabajo.
El trabajo es la forma de descubrirse a uno mismo.
El trabajo es el modo de descubrir la sociabilidad.
El trabajo es el medio de transformar el mundo.
El trabajo es también mercancía.
El trabajo es plusvalía.
El trabajo es alienación
El trabajo real es, para el filósofo alemán, trabajo alienado justamente
porque va contra su esencia. Lo que la teoría marxista denuncia es que las
sociedades industrializadas capitalistas no fomentan el desarrollo del
hombre sino su enriquecimiento. Por eso el trabajo está alienado de raíz.
Año 1997.Yakarta, es la capital, la ciudad más poblada y el principal puerto
de Indonesia.
- Esta empresa fabrica mangas largas para las estaciones frías -informó una
obrera a  Klein, que recorría la zona industrial de Kawasan Berikat Nusantar
 - ¿Jerséis?-aventuró la periodista
-Creo que no. Si vas a salir y es invierno, tienes que ponerte un. -una
chaqueta! -adivinó
- Pero gruesa no, ligera
- Chaquetas...
- Sí, son como chaquetas pero largas
"Es fácil entender aquella confusión -aclara la autora, en No logo- en los
trópicos los abrigos no son necesarios, por lo que no figuran en el
vocabulario ni en los roperos. Y sin embargo, cada vez hay más canadienses
que no pasan sus fríos inviernos con abrigos hechos por las tenaces
costureras de la avenida Spadina, sino por jóvenes asiáticas que trabajan en
climas cálidos"
Eso es alienación, según Marx.
Año 1844. En sus Manuscritos definió: "El obrero pone su vida en el objeto,
desde ese momento, su vida ya no le pertenece a él sino al objeto. Cuanto
mayor es esta actividad, más sustancia propia pierde el obrero. Este no es
lo que produce por medio de su trabajo. Por ende cuanto más importante es el
producto, menos vale el obrero. El extrañamiento del obrero en beneficio de
su producto solo significa que su trabajo pasa a ser un objeto, adopta una
existencia exterior, sino que también su trabajo existe fuera de él, en
forma independiente de él, extraño a él y que se transforma frente al obrero
en un poder autónomo. Esto significa que la vida infundida por el obrero al
objeto se erige frente a su autor como una fuerza enemiga y extraña."
Año 1997. En Manila -la capital, ciudad más importante y principal puerto de
Filipinas- una  chica de diecisiete años ensambla unidades de CD ROM de IBM.
La periodista se sorprende porque alguien tan joven pueda realizar ese
trabajo de alta tecnología. "Nosotros hacemos los ordenadores, pero no
sabemos manejarlos", aclara la muchacha.
Tal como demuestra Klein,  el origen de las zapatillas Nike son los infames
talleres de Vietnam, el de las ropitas de la muñeca Barbie, el trabajo de
los niños de Sumatra; el de los cafés capuchinos de Starbuck,  los cafetales
ardientes de Guatemala y el del petróleo de Shell, las miserables aldeas del
delta del Níger.

Zonas liberadas. Los lugares de origen de los artículos de marca, son
lugares donde las marcas no existen. Espacios que se reconocen con una
sigla -ZPE- y tienen dos denominaciones  oficiales. Una es un eufemismo-
Zonas de Procesamiento de Exportaciones-; la otra, en cambio, no engaña a
nadie: como su nombre lo indica, en las Zonas de Libre Comercio, las
corporaciones están autorizadas a actuar sin ningún tipo de escrúpulos. Son
zonas liberadas
Las zonas de libre comercio son una especie de dimensión paralela, que se
multiplica lejos del universo aparentemente higiénico de las corporaciones.
La Organización Internacional del Trabajo calcula que hay al menos 850 zonas
de procesamiento de exportaciones en todo el mundo, pero que la cifra
probable alcanza más bien las mil, que se extienden en 70 países, emplean
alrededor de 27 millones de obreros. Se estima que el volumen de negocios
oscila entre 200 y 250 mil millones de dólares. Según constató la periodista
en cada uno de sus viajes, independientemente del país donde se hallen las
ZPE, la desesperante condición de los trabajadores tiene una sorprendente
similitud.
Año 1844.  Manuscritos: "La economía política nos dice que todo se compra
por medio del trabajo y que el capital no es más que trabajo acumulado. Pero
al mismo tiempo expresa que el obrero, lejos de poder comprar todo, se vende
a sí mismo y vende su humanidad.
Alienación es la división del trabajo.
Alienación es la enajenación del trabajo.
Alienación es un sueldo insuficiente.
Alienación es el trabajo como generador de riquezas.
Revolución.  Marx vio. Y en 1862 comenzó a  escribir El capital, el libro
que forjó la doctrina económica comunista. Publicado en 1867, solo el primer
tomo de esta obra apareció en vida del autor. Las tres partes siguientes
fueron editadas tras su muerte, a partir de apuntes y anotaciones dejadas
por el filósofo y retomadas primero por su amigo y coautor del Manifiesto
Comunista Friedrich Engels y luego por Karl Kautsky.
En El capital, Marx analiza los resortes y mecanismos económicos y sociales
generados por el capitalismo y reproducidos históricamente. Sobre esta
teoría económica, se apoya su formulación política de la lucha de clases,
esbozada ya en el Manifiesto de 1848:
. La existencia de clases está ligada a determinadas fases históricas del
desarrollo de la producción.
. Al organizarse como clase respecto al capital, la coalición de los obreros
toma carácter político y su lucha se transforma en lucha política.
. La lucha de clases tiene su propia dinámica. En primera instancia es
nacional, del proletariado contra la burguesía de cada país, pero dado que
"los obreros no tienen patria" su objetivo final es general: la revolución
abierta y violenta que derriba  a la burguesía implantando su propia
dominación de la que se deriva la abolición de la propiedad privada
. La dictadura del proletariado solo constituye una transición hacia una
sociedad sin clases.

Revuelta. Klein leyó, vio y reescribió: "Si alguna vez va a haber un futuro
para la izquierda, tendrá que ser ya no contra el imperialismo
monolíticamente, sino delatando las estrategias de las empresas
multinacionales" . Para ella, el anticapitalismo no es solo sinónimo de
comunismo o socialismo. Más que a la gran revolución, apuesta a las
revueltas en un universo que es mucho más paradójico -heterogéneo,
inestable, disperso pero a la vez interconectado- que en los tiempos donde
el poder se disputaba, cara a cara, en las fábricas. Ya no se trata de un
proletariado industrial uniformado bajo la conciencia de clase sino de una
amalgama de actores e intereses en busca de la construcción de una
confluencia.
El actual movimiento de lucha anticapitalista toma como punto de partida al
zapatismo, que nació en Chiapas, México, en 1994 "El sujeto revolucionario,
el portador de las resistencia cotidiana y callada es muy distinto al de las
expectativas trazadas por las teorías políticas dominantes. Su lugar no es
la fábrica sino las profundidades sociales. Su nombre no es proletariado
sino ser humano; su carácter no es el de explotado sino el de excluido. Su
lenguaje es metafórico, su condición indígena, su convicción democrática, su
ser colectivo", apunta la investigadora mexicana Ana Esther Ceceña .
"Vivir nuestra alternativa es ser" Y esa es la filosofía a la que adhiere la
periodista: el contrapoder no se construye en una confrontación abierta y
directa sino "en términos de equipo, de minar, ensombrecer, y dispersar el
poder central que representa el modelo neoliberal".
David contra Goliat.
David El pequeño luchador pelea contra los fetiches de las marcas, por
liberar espacios para vivirlos de manera diferente.
Y muchos Davides, está convencida Klein, pueden rodear al gigante
 Goliat. "La universalización del capitalismo significa que más economías
capitalistas están ingresando a la competencia global -observa la filosofa
política estadounidense Ellen Meiksins Wood - que las mayores economías
capitalistas están dependiendo de las exportaciones hasta grados casi
suicidas; y que las crisis de sobreproducción son cada vez más severas. La
máxima rentabilidad para el capital hoy depende cada vez menos del
crecimiento absoluto o de la expansión hacia afuera y más de la
redistribución y de una brecha cada vez más extensa entre ricos y pobres,
tanto al interior de las naciones-estado como entre ellas. La situación
difícilmente podría ser más contradictoria de lo que ya es. El punto,
entonces, es que las fortalezas del capitalismo son también sus debilidades,
y que la globalización podría estar ampliando, y no restringiendo, el
espacio para las políticas de oposición".
El gigante de la fábula bíblica recibió la piedra certera de un pequeño
luchador.
Y cayó.
. El sueño del Ford T, la época dorada de la fabricación en serie
Ford T. La confianza en el modelo industrial y la convicción ositivista de
que la ciencia y la técnica asegurarían el progreso universal que primó
durante gran parte del siglo XX, tuvo un ícono que iba sobre ruedas: el Ford
T. Ese modelo de coche negro abarrotó de vehículos al siglo XX y propició la
fabricación en cadena. Sólido y moderno, se transformó en uno de esos
objetos que definen una era.  La de la producción.
El Ford T es producción en serie.
El Ford T es la popularización de un medio de transporte.
El Ford T es movilidad y libertad a bajo precio.
El Ford T es empezar a ganarle al tiempo y al espacio.
Henry Ford -el padre del Ford T- nació en 1847. Hábil para la reparación de
máquinas a vapor y de relojes, fue uno de los hijos dilectos de la
Revolución Industrial y de esa filosofía estadounidense del self made man:
el hombre que se  hizo a sí mismo.
Hasta la aparición de los Ford T, los automóviles se consideraban un lujo de
ricos, que los utilizaban por placer. Los primeros compradores del auto de
Ford fueron agricultores y habitantes de ciudades pequeñas que los usaron
para trabajar porque les permitía atravesar los toscos caminos rurales.
"Voy a hacer un coche para las masas", prometió Ford y, en 1908, presentó el
modelo T. Cinco años después, organizó la primera cadena de montaje.
Al congregar ordenada y racionalmente todas las piezas sobre la cadena de
montaje, se podían ensamblar, en una hora y media, más de un centenar de
unidades diarias listas para salir a la calle.
El modelo implementado por Ford respondía a los principios de Frederick
Winslow Taylor, cuyo estudio estaba consagrado a aumentar la productividad
Productividad es que cada trabajador se especialice en una actividad.
Productividad es diferenciar las funciones de producción de las directivas y
de gerenciamiento
Productividad es controlar los ritmos y evitar los  tiempos muertos
Productividad son buenos sueldos pero también repetición y rutina
Ford estaba convencido de que la fabricación en serie permitía reducir los
costos de producción del coche, hecho que, a vez, le permitiría abaratar el
producto y, en consecuencia, aumentar la demanda porque más gente tendría
acceso a sus autos. La lógica empresaria aplicada por Ford es la que -tal
como señala Naomi Klein en No logo- actualmente está hecha añicos.
 "Voy a construir un coche que ningún hombre con un salario decente dejaría
de comprar", proclamó el empresario. Y lo hizo:
Lanzó al mercado un vehículo por 500 dólares, 1500 menos de lo que salían
hasta entonces, pagó salarios decentes a su personal. "No es el Jefe el que
paga los sueldos: el que lo paga es el producto" Un Ford T para cada obrero.
Repetía el empresario: "Mis obreros tienen que ganar como para poder comprar
los autos que fabrican". Ford estaba abiertamente en contra de los
sindicatos, de modo que su estrategia era económica, no humanitaria.
 El éxito de la estrategia fue fulminante. Hacia 1914 se habían vendido ya
250 mil  autos y cuando la producción del Ford T se detuvo, en 1927, habían
salido quince millones de unidades. Además, una red  a escala nacional de
concesionarios, vendedores y expertos agentes de publicidad que fomentó la
hasta entonces inédita compra de un auto a plazos.
Luego de algunas décadas, el modelo fordista mostró sus
limitaciones -técnicas, metodológicas, económicas- y comenzó a agotarse. La
filosofía que lo sustentaba, sobre todo en relación a los salarios obreros,
fue desplazada cuando el producto dejó de ser la preocupación eje central de
las corporaciones.
Señala Klein: "Las marcas globales cierran las fábricas que poseen y
contratan la producción afuera, a menudo en el extranjero. Y a medida que
los  antiguos puestos de trabajo se trasladan al exterior, algo más se va
con ellos: la anticuada idea de que el fabricante es el responsable de sus
empleados. (...)Una cantidad cada vez mayor de las empresas más importantes
y rentables del mundo están desentendiéndose de los temas laborales".
No más Ford T para los obreros
Los nuevos empresarios andan, ahora, en Toyotas.
Toyota. En sus épocas de máximo rendimiento, a fines de la década del 50 y
principios de los 60, las quinientas empresas más grandes de Estados Unidos
generaban la mitad de la producción industrial del país y cerca de un cuarto
del mundo no comunista. La automotriz General Motors, la mayor empresa del
mundo, tenía en 1955 ingresos equivalentes al 3 por ciento del Producto
Bruto Interno del país. Dos décadas después, sin embargo, el poder de las
grandes empresas estadounidenses empezó a ser cuestionado por los nuevos
competidores globales cuyo paradigma -también de la industria automotriz- es
la firma japonesa Toyota.
Las antiguas empresas se habían vuelto gigantes pesados de mover y con poca
flexibilidad para los cambios, mejor aprovechados por firma. De estructura
más chica, con alta tecnología y con gran capacidad de establecer una
producción flexible.
Maquinaria más sofisticada le permite a la empresa trabajar prácticamente
sin necesidad de tener producción acumulada y, a la vez, priorizar la
creciente y permanente segmentación del mercado. Se rompía así el hábito del
stock, característica de la vieja fabricación en masa.
Toyota es más por menos.
Toyota es mayor diversidad.
Toyota es menos espacio.
Toyota es menos tiempo.
Toyota es menos personal.
Esa es la estrategia Toyota: just on time .
Un estudio del Massachussets Institute of Technology, MIT, detectó que en la
planta de Toyota se tardaba 16 horas en montar un automóvil en 0,5 metros
cuadrados de espacio de trabajo por vehículo, con 0,45 defectos por unidad.
En la General Motors, en cambio, demoraban cerca de 31 horas en 0,75 metros
cuadrados con 1,3 defectos.
Lo que la mentada reingeniería -que revisó los sistemas de producción y de
circulación de la información y de distribución de roles y jerarquías del
modelo fordista- no logró evitar fueron los despidos masivos de personal y
los accidentes laborales
El incremento de los niveles de producción, las exigencias de calidad y la
imposibilidad de cometer fallas aumentan la presión que sienten  los
trabajadores toyotistas.
El estrés de los obreros sometidos a estas prácticas de  producción
racionalizada ha alcanzado niveles de epidemia en Japón. El problema se ha
hecho tan grave que el gobierno acuñó oficialmente el término karoshi, para
explicar las patologías  de la nueva enfermedad relacionada con la cadena de
producción .
Un estudio realizado entre los empleados de Toyota comprobó que sólo un 20%
de los trabajadores jóvenes, entre los 20 y 30 años, afirman querer seguir
en la misma hasta la jubilación. El otro 80% está a la espera de una buena
oportunidad para irse y cambiar de trabajo.
Algo similar constató Klein en sus entrevistas con empleados de disitintas
empresas. Ellos -cuenta en No logo- la furia que les produce a las empresas
logren con ellos beneficios inimaginables y ver luego que esas ganancias se
dedican a la expansión empresarial compulsiva. Al mismo tiempo, el salario
de los empleados se estanca e incluso disminuye.
Muy al contrario de la época en que los empleados de las corporaciones se
enorgullecían del crecimiento de las empresas, considerándolo como resultado
del esfuerzo de todos en la actualidad han llegado a considerarse enemigos
de los sueños expansionistas de sus patrones.
El fin de la utopía del Ford T.

. El fin de la relación laboral
The end. Jungen Habermas, Ralf Dahrendorf, Claus Offé André Gorz, Jeremy
Rifkin... No son pocos los especialistas que (antes o después, con mayor o
menor grado de rigurosidad) decretaron el fin del trabajo. Son pocos,
además, los que -a esta altura- ponen en duda esta aseveración. Por lo menos
si con ella se alude al modelo laboral que primó durante el siglo XX: el
empleo en relación de dependencia, más o menos bien remunerado, con
licencias, vacaciones, protección médica, representación sindical y otros
derechos sociales. La herencia fordista ha llegado a su fin: the end.
Hace unos veinte años, en Gran Bretaña el 80 por ciento de los empleados del
país tenía trabajo asegurado hasta su  jubilación; ahora el número se redujo
al 30 por ciento y sigue disminuyendo a velocidad . El trabajo era 40-40
El trabajo era cuarenta horas semanales durante cuarenta años de vida.
El trabajo era para siempre.
Ahora, en cambio, el trabajo es tan flexible como la producción de Toyota.
Trabajo es presión sistemática.
Trabajo es velocidad: para producir y para ser despedido.
Hasta la década del 70, todavía existía cierta relación positiva entre el
aumento de la productividad y las dimensiones del empleo. A partir de
entonces, la relación se vuelve más negativa cada año. Según investigaciones
realizadas por Olivier Marchands en Francia, el volumen de trabajo
disponible en 1991 era tan solo el 57% del que se ofrecía en 1891: 34.100
millones de horas en lugar de 60 mil millones. Durante esos cien años, el
Producto Bruto Interno se multiplicó por diez y la productividad horaria
aumentó por dieciocho. En ese largo período el total de personas empleadas
solo creció  de 19 millones a 22 millones. Tendencias similares, señala el
estudio, se registraron en todos los países que iniciaron el proceso de
industrialización en el siglo XIX.
Trabajo es un contrato temporario.
Trabajo es part-time.
Apunta Naomi Klein en No logo: "La mano de obra temporal contradice el
principio del mérito, al igual que la práctica  cada vez más frecuente de
intercambiar ejecutivos como si fueras deportistas profesionales. Los
ejecutivos temporales constituyen el mayor de los desmentidos a la leyenda
capitalista del joven ordenanza que asciende hasta llegar a ser presidente
de la empresa. Puesto que los ejecutivos de la actualidad se limitan a
intercambiarse entre sí los puestos de mando".
La metamorfosis se hace evidente en el discurso: ya no se habla de empleo
sino de empleabilidad. En los Estados Unidos uno de cada tres trabajadores
ha durado en su puesto menos de un año y dos de tres no llegan al lustro.
Entre 1982 y 1990 el empleo temporario creció diez veces más rápido que la
totalidad del trabajo.
Con astucia, la periodista bautizó McJobs a estas relaciones laborales tan
chatarra como las hamburguesas de McDonald: "Las compañías que se han
acercado agresivamente a las personas como consumidores son las mismos que,
como patrones, las han abandonado,"
La inequidad es sintetizada por la autora en una ironía: Bill
Gates -fundador del Imperio Microsoft- amasa una fortuna de 55 mil millones
de dólares mientras la tercera parte de sus empleados está clasificada como
temporal.
Trabajo es trabajo "hasta nuevo aviso".
Trabajo es incertidumbre
Afirma Bauman: "La economía política de la incertidumbre se reduce
esencialmente a la prohibición de reglas y regulaciones -políticamente
establecidas y garantizadas- y el desarme de las instituciones y
asociaciones defensivas que impedían que el capital y las finanzas fueran
verdaderamente sin fronteras (...) En el camino hacia el dominio
incuestionado de la economía política de la incertidumbre, las instituciones
republicanas son las primeras víctimas".
El fin de la tranquilidad del 40-40.
Los 80. Que Naomi Klein haya detectado la transformación capitalista que se
abocó a estudiar -el pasaje de la producción de objetos a la de imágenes- en
la década del 80, no es una cuestión azarosa. Fue entonces cuando el mundo
vio con claridad hasta qué punto estaban minados los cimientos de la edad de
oro, según entiende Eric Hobsbawn.
Anotó el historiador británico: "Hasta que una parte del globo (la Unión
Soviética y la Europa Oriental) se colapsó por completo, no se percibió la
naturaleza mundial de la crisis, ni se admitió su existencia en las regiones
desarrolladas no comunistas. Durante años los problemas económicos siguieron
siendo 'recesiones'. No se había superado todavía el tabú de mediados de
siglo sobre el uso de los términos 'depresión 'o 'crisis' que recordaban la
era de las catástrofes. El simple uso de la palabra podía conjurar la cosa,
aun cuando las 'recesiones' de los 80 fuesen 'las más grandes de los últimos
cincuenta años', frase con la que se evitaba mencionar los años 30. La
civilización que había transformado las frases mágicas de los anunciantes en
principios básicos de la economía se encontraba atrapada en su propio
mecanismo de engaño. Hubo que esperar a principios de los años 90 para que
se admitiese que los problemas económicos del momento eran peores que los de
los años 30".
De hecho, el desempleo en el mundo ya ha superado los niveles de la gran
depresión estadounidense.
Los 80 son años de crisis
Los 80 son años de reofensiva del libre mercado
Los 80 son años de profundización de la inequidad
Muchos de los países más ricos y desarrollados tuvieron que acostumbrarse a
la convivencia diaria con mendigos y personas sin hogar. En una noche
cualquiera de 1993, en la ciudad de Nueva York, 23 mil hombres y mujeres
durmieron en la calle o en los albergues públicos y esta no era sino una
pequeña parte del 3 por ciento de la población de la ciudad que, en un
momento u otro de los cinco años anteriores, se encontró sin techo.
En los 80 aumentaron los extremos.
Los que tienen.
Los que no.
Competitividad. "Nuestro plan estratégico en América del Norte consiste en
dedicarnos con intensidad a la gestión de la marca, al marketing y a los
productos de diseño como medio de satisfacer la necesidad de ropas
informales que tienen los consumidores. Al transferir una porción
significativa de nuestras actividades de producción de los mercados
estadounidense y canadiense a contratistas del resto del mundo, daremos a la
empresa mayor flexibilidad para asignar recursos y capital a sus marcas.
Estas medidas son esenciales si queremos seguir siendo competitivos", afirmó
John Ermatinger presidente de la división Levi Strauss, al justificar la
decisión de la firma de cerrar 22 fábricas y despedir a 13 mil trabajadores
estadounidenses entre noviembre de 1997 y febrero de 1999.
La declaración del empresario, que Klein incluye en No logo, constata que,
desde hace algunos años, las empresas  se sacaron la careta. Dejaron  de
ocultar los despidos y las reestructuraciones tras la retórica de la
necesidad.
Y crecen
Con despidos, con fusiones, con reestructuraciones
Crecen.
Sin embargo, el trabajo se acaba incluso en las industrias en proceso de
expansión. En los Estados Unidos el número de telefonistas del servicio de
larga distancia cayó un 40 por ciento entre 1970 y 1990, al tiempo que se
triplicaban las llamadas .
Expansión, incluso, a costa del trabajo
En el gigantesco consorcio AT&T, el valor de sus acciones en la Bolsa
aumentó de golpe el día en que sus directivos anunciaron el recorte de 40
mil puestos de trabajo.
El creciente desempleo ya no es cíclico sino estructural.


Reingeniería. Las máquinas desplazaron a la destreza física desde la
Revolución Industrial y, como en el siglo XIX, también ahora las nuevas
tecnologías informáticas atentan contra el trabajo humano. La reingeniería
produce habitualmente como resultado una disminución del 40 por ciento de
los empleos de una empresa y del 75% de su masa laboral .
"La tragedia histórica de las décadas de crisis  -concluye Hobsbawn-
consistió en que la producción prescindía de los seres humanos a una
velocidad superior a aquella en la que la economía de mercado creaba nuevos
puestos de trabajo para ellos. Además este proceso fue acelerado por la
competencia mundial, por las dificultades financieras de los gobiernos que,
directa o indirectamente, eran los mayores contratistas de trabajo así como,
después de 1980, por la teología imperante del libre mercado, que presionaba
para que se transfiriese el empleo a empresas privadas.(...) El declive del
sindicalismo, debilitado tanto por la depresión económica como por la
hostilidad de los gobiernos neoliberales aceleró este proceso, puesto que
una de las  funciones que más cuidaba era precisamente la protección del
empleo".
La figura tradicional del obrero industrial está en vías de extinción
mientras crecen las tareas informales, subcontratadas o tercerizadas. El
sujeto ya no es el proletariado sino la categoría más vaga de la 'clase
que-vive-del trabajo', según la definición del estudioso brasileño Ricardo
Antunes."
La clase que-vive-del-trabajo frente a la clase que-no-vive-del-trabajo.
Los que tienen.
Los que no.
En las dos últimas décadas ha crecido la importancia relativa del sector de
los servicios como fuente de empleo. "En la actualidad -ejemplifica la
periodista- los servicios y el comercio minorista ofrecen el 75% del total
de puestos de trabajo de Estados Unidos. Ahora hay cuatro veces y media más
estadounidenses vendiendo ropas en tiendas especializadas y en grandes
almacenes que obreros tejiéndolas o cosiéndolas"
Son las nuevas víctimas de la revolución tecnológica.
The end.
La era de la información ha llegado.


La vida es bella

Escrito por novoyatirarlatoalla 03-11-2006 en General. Comentarios (1)
"La vida es bella" (*)
Cuento
por Valentín Escudero (*)

-¡Tu madre es una puta!
-¡Dejadme en paz!
-¡Sí que lo es, trabaja en un club!
-Es mentira, trabaja en una cafetería... dejadme en paz!
Yo "sabía" que mi madre no era nada malo, mi madre nos quería mucho. Es verdad que lo habíamos pasado muy mal cuando mi padre se fue, tuvimos que dormir varios días en el coche por las discusiones que hubo entre ellos. Él comenzó a llegar borracho casi cada día y se ponía agresivo. Hasta que finalmente se fue y mi madre lo sentenció diciendo "mucho mejor, ahora podremos vivir en paz".
Ella trabajó mucho a partir de ese momento, y nuestra abuela se ocupaba de nosotros y de la casa. Hasta que también se marchó, creo que por una discusión entre mis abuelos y mis tíos. Algunas madrugadas oí llorar a mi madre, mi reacción era acudir a su cama y abrazarnos, ella siempre me recibía con una sonrisa y nunca me dejó verla llorar aunque difícilmente podía ocultar la humedad de sus ojos. En alguna ocasión también mis dos hermanas pequeñas acudieron a la cama de mamá, sospecho que también la oyeron llorar o simplemente necesitábamos todas el cobijo cálido de mamá.
Mi madre trabajó en el campo, trabajó cosiendo, trabajó cortando árboles con sus primos... y trabajaba en una cafetería en la época en la que los niños del colegio me lo dijeron una tarde al salir de la escuela:
-¡Tu madre es una puta!
-¡Dejadme en paz!
Me sentí traicionada y confundida. Yo sabía que mi madre hacía todo lo que podía por nosotros e intuía que lo estaba pasando mal porque ya no nos ayudaba la abuela ni veíamos a la familia. No sabía muy bien -tenía tan solo siete años- qué era exactamente una "puta" pero "sabía" que era algo malo y también me sonaba mal la palabra " club".
No me atreví a preguntar a mi madre qué significaba ser puta, ni por supuesto a contarle lo que habían dicho los niños del cole. Pero el domingo, cuando mis hermanas jugaban en la calle, le pregunté:
- Mamá, ¿que es un club?
A pesar de que se tomó unos segundos para contestar y quiso aparentar normalidad yo noté que mis palabras habían caído sobre ella como una pesada losa. Supongo que le costó recuperar la respiración y el ritmo de su corazón para contestar con una voz que simulase normalidad.
-Pues no estoy segura... creo que un tipo de negocio... ¿Por qué me lo preguntas?
-No es como tu cafetería ¿a que no?
-Por supuesto que no.
Puedo imaginar que ella, al comprobar que esta respuesta iluminaba mi cara sintió una gran pesadumbre... incluso ahora al rememorarlo me siento inexplicablemente culpable.
Y quizás sin pensarlo, como un rayo que escapa sin remedio de su corazón, dijo:
-¿Quieres venir un día a ver la cafetería en la que trabajo?
No recuerdo su rostro porque la alegría me invadió y salí corriendo a jugar. Le grité un "¡¡Siiii!!" que supongo invadió cada célula de su cuerpo. Un "sí " que quizás cambió nuestra vida. Un "sí" rotundo y sonoro que salió de algún sitio más profundo que mis cuerdas vocales. Un "si" que salió del alma, dondequiera que ese artefacto se ubique.
Hoy he visto la película "La vida es bella", una gran película, dirigida e interpretada por Roberto Benigni. Sólo si la has visto o te la han contado entenderás por qué mi pequeña historia ha surgido ahora tras ver la película 1.
Llegó el día de la visita a la cafetería en la que trabajaba mi madre. Todo fue agradable, me encantó el sitio, luminoso y limpio, con algunos adornos navideños, lo cual me extraño por encontrarnos en mayo pero sin dejar de agradarme. Había también unos jarrones con rosas muy olorosas que insistieron en que yo oliese. Tanto la dueña, una mujer afable y alegre que yo nunca había visto en el barrio, como otras dos señoras y un hombre joven que estaban tomándose un café, resultaron muy simpáticos y no dejaron de preguntarme cosas y decirme lo guapa que estaba y lo mucho que les gustaba mi vestido -la verdad es que mi madre me vistió como sólo vestía los domingos-. Tomé un Cola-cao y mi madre un descafeinado. Después nos despedimos porque en un par de horas comenzaba su turno de trabajo.
Tardé mucho tiempo en saber cómo se "creó" esa cafetería. He de confesar que saber la verdad me causó dolor, tristeza, y esperanza... todo en un complejo y emotivo golpe que encajé con el mejor ánimo. Cuando mi madre me llevó con 17 años a casa de mis tíos en Vigo para poder continuar mis estudios tuvimos una conversación sobre recuerdos de la infancia y esta historia surgió como agua que se desborda de una olla hirviendo.
Mi madre trabajaba efectivamente en un club de alterne. Lo hizo durante casi un año. Me quiso dar detalles para que yo entendiera que no tuvo otra alternativa para poder mantenernos ante el repudio de toda su familia que no aceptaban que ella hubiese rechazado vivir con nuestro padre y aguantar sus borracheras y el inicio de maltrato físico. Le dijeron que tenía que "aguantar un poco" y su negativa terminó dejándola sola y aislada. Increíblemente, la parroquia le dio también la espalda. La falta de otros trabajos y una deuda de nuestro padre, que estuvo a punto de hacerla perder la casa en la que vivíamos, la empujaron a pedir trabajo a una vieja conocida, "la Rosi", que regentaba un club de alterne después de haber estado largos años fuera, parece ser que años repartidos entre Francia y Alicante.
La Rosi escuchó como mi madre le contaba descorazonada que me había invitado a conocer "la cafetería". Y ante el desánimo y pesadumbre de mi madre reaccionó sin un ápice de duda:
-¿Y que problema hay? Pues la traes cuando quieras por la tarde!
-¿Estas loca? ¡¿qué venga aquí y vea esto?!
-¡Un par de horas y "esto" será una hermosa y luminosa cafetería!
Y así fue, todo el personal y algunos "clientes habituales" del Club L' Amore se movilizaron para eliminar las luces rojas, los pesados cortinajes que ocultaban la luz exterior, los calendarios y motivos sexuales. Entró la luz, llegaron las flores, trajeron una vajilla adecuada e incluso pusieron una tele para sintonizar un documental sobre caza y pesca. Taparon con un enorme letrero de Coca-Cola el neón que anunciaba en color rosa el Club L'Amore.
Yo fui feliz, mis miedos se desvanecieron, me di cuenta de lo hermoso que era el pelo largo y oscuro de mi madre y decidí ese mismo día dejarme una larga melena como la que ella llevaba.
Mi madre en cambio cayó en una tristeza de la que yo nunca supe nada. Su aflicción fue tan intensa que "la Rosi" le anunció una tarde:
-Se acaban tus problemas. Estás despedida.
Mi madre estalló en llanto pidiéndole por favor que no hiciera eso. Pero la Rosi contestó sonriente abrazándola:
-Bueno, te acabo de encontrar trabajo en una conservera de un buen cliente. Un trabajo honesto, y he negociado tu sueldo, todo va a ir bien.
Hoy, al salir de la película "La vida es bella", esta historia ha retornado a mi mente e inundado mi corazón de emociones contradictorias. Me hago muchas preguntas sobre lo que mi madre pudo hacer bien y lo que pudo haber hecho mal. Pero sólo siento unas ganas enormes de ir a verla, abrazarla, y llevarla en coche a visitar a "la Rosi" donde quiera que esté. En realidad me gustaría tomar un café con mi madre y "la Rosi" en aquella hermosa cafetería, dejando que la luz de la tarde entrase en nuestra taza de café transportando en su recorrido un poco del aroma de las rosas que primorosamente habían colocado en un jarrito en cada mesa.
Quizás aquella niña de siete años que era yo, mientras miraba la hermosa cabellera negra de mamá y las veía tomar su café dijo:
-¿La vida es bella, verdad?
 
(*) Cuento inédito.
Este bello relato está basado en una situación real, en un gran cambio que se produce en una familia a partir de la sensibilidad de los miembros de la misma, de su red social y de sus recursos creativos, a pesar de su difícil situación social y personal. El autor trabaja como terapeuta familiar, con familias de los servicios sociales y del servicio de protección infantil. Además, preside la Fundación Meniños ( www.meninos.org ) que trabaja en programas de intervención familiar para la infancia en riesgo. De este contexto precisamente proviene esta bella historia
(**) Valentín Escudero es terapeuta familiar sistémico, investigador de la Universidad de la Coruña (España), co- creador del SOATIF, sistema de observación de la Alianza Terapéutica en intervención familiar (ver al respecto Mosaico nº 25 o Perspectivas Sistémicas nº 77).

Métodos de supervivencia para psicólogos
Como robar una empanada
En estos difíciles tiempos de malaria y desocupación, es aún posible aplicar los conocimientos adquiridos para solucionar nuestros urgentes problemas alimentarios. Al respecto, sugerimos los siguientes métodos para robar una empanada:
1) Método guestáltico: a) Concurrir a la rotisería de la esquina munido de una lámina donde se alternan fácilmente la figura y el fondo. Mientras el empleado se halla entretenido percibiendo ora una vasija, ora una mujer, usted se guarda una empanada. Si lo descubren, sugiérale que mire bien la figura mientras usted huye por el fondo. b) Otra técnica consiste en persuadirlo de que el todo es más que la suma de las partes: compre seis empanadas y llévese ocho.
 
2) Método sistémico de la \"provocación\" (Escuela de Roma): Mientras habla con el rotisero, critique abiertamente a los saqueadores de supermercados y a los ladrones de empanadas. Podrá así deslizar una empanada en su bolsillo sin que recaigan las sospechas sobre su persona.
3) Método pavloviano: Tómese un perro nuevo y condiciónelo para que, frente al sonido \"¡Fuera de aquí, ladrón!\", tome una empanada, salga huyendo del negocio y lo espere en la esquina.
4) Método fenomenológico-existencial: Timbrear las casas mostrando folletos similares a los de la iglesia evangélica pero con fotos de campos de concentración y el retrato de Víktor Frankl, fundador de la logoterapia, y solicitar empanadas para resolver el vacío gastro-existencial de los prisioneros. Si va acompañado de una señora con rodete, pollera por debajo de las rodillas, ojos de lagarto y sosteniendo \"La Náusea\" de Sartre, aumentará el efecto persuasivo.
5) Método de la desensibilización progresiva. El primer día, dígale a su rotisero que últimamente lo nota muy nervioso. Pídale que se relaje mientras agarra una servilleta de papel para llevársela a su hogar. Al día siguiente haga lo mismo con dos servilletas de papel, y luego con varios escarbadientes. Finalmente, el rotisero no ofrecerá resistencia cuando usted se lleve varias empanadas de un saque.
6) Método piagetiano: Tómese un bebé cualquiera y llévelo a la rotisería debajo del brazo, acercándolo inadvertidamente al mostrador. Avido de ejercitación sensorio-motriz, la criatura no podrá evitar tomar una empanada. Luego, márchese inmediatamente. Si el empleado se queja, defienda al niño diciéndole que el pobre está ejercitando la coordinación entre visión y prensión, y buscando nuevos medios para hacer desaparecer objetos.
7) Método skineriano del condicionamiento operante: Cada vez que vaya a la rotisería llévese descaradamente una empanada mientras le comunica al empleado una buena noticia (por ejemplo que ganó San Lorenzo, o que los gastronómicos quedarán exentos de ingresos brutos, etc). El hombre le permitirá llevarse siempre empanadas, habida cuenta que esa conducta permisiva estará siempre recompensada con una buena nueva.
8) Método lacaniano: Lleve una soga con el nudo borromeo. Mientras el empleado intenta infructuosamente desatarlo, usted forcluye una empanada y huye furtivamente.
9) Método kleiniano: incremente progresivamente la ansiedad paranoide del rotisero a límites intolerables mediante el argumento del inspector de la DGI ( Dirección General Impositiva. Podrá llevarse las empanadas que quiera cuando el hombre, con el yo ya escindido, intente ocultarse en el microondas agarrándose las dos cabezas.
10) Método psicoanalítico: Háblele al rotisero de la cuestión de la castración paterna señalándole los genitales y (con delicadeza), de la "intensa" relación que tuvo y tiene con su madre. Aproveche el estado de miedo (por sus genitales), culpa y confusión ( por lo de la mamá)del rotisero para llevarse las empanadas y mientras se retira lentamente, digale que la primer consulta es gratuita y dejele su tarjeta.
Amigo/a lector/a: si usted conoce otros métodos psicológicos para sobrevivir, envíenos su colaboración. Tenemos hambre.

¿Sabes por qué te quiero?

Escrito por novoyatirarlatoalla 03-11-2006 en General. Comentarios (0)

 Sabes por qué tequiero?

 Has hecho estallar en mil pedazos
al hombre viejo y cansado
sus engaños y sus vergüenzas.
En cada latido
invade mis venas
el embrujo de tu ternura,
renovado cada instante
en mil brotes
ebrios de vida,
germen
nacido sobre mis escombros.
Te consagro mis versos
en una ofrenda,
casi una plegaria,
como la sangre dolorida
tras el aguijoneo de una rosa
gota a gota,
sol vernal, amapola,
luna creciente de tu cuerpo.
Sabes por qué tequiero?
Minúsculo,pequeño, soy un niño
desnudo en tus brazos,
protegido en el calor
maternal de tu pecho,
tu pecho, sol ynieve,
vino y leche,
miel y almendra,
poesía escrita en mi piel.
Temida y deseada
sombra y sueño.
Sabes por qué te quiero?
Entraste en mí como un tumulto de olas
tu mar!
Atrapado ingrávido,
azul inmenso
verde
cristal, fuego líquido,
pleamar.
El último rincón de mi memoria
ha abierto sus ventanas al sol y al aire,
como sábanas tendidas,
bailando al capricho del viento.
Primavera! olor de albahaca, canela
comino fresco,flor de romero,
brote que revientas en mil colores
perfume de piel húmeda
y la tibia oscuridad de tu pubis...
pliegue a pliegue,
sabor de hembra, enredadera,
Bebo de tu vientre gotas de escarcha.
Marinero de tu deseo
surco tu vientre en vuelo libre.
Y tú me preguntas por qué te quiero?
POEMA DE RICARDO MONFORTE  VIDAL , en pagina Lycos.