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La noche que quemaron a una mendiga,

LA NOCHE QUE QUEMARON A LA MENDIGAEnvía estas primeras líneas a un amigo  Imprime este primer capítulo


Arturo San Agustín
ISBN: 8497345312
http://www.esferalibros.com/libros/librodetalle.html?libroISBN=8497345312
«Se nos fue la mano.»
www.esferalibros.com

Esta frase breve hace vibrar los cristales de las ventanas de Barcelona y de toda España. La frase ha llegado mucho antes que internet, los diarios, las radios y las televisiones la divulgaran. El horror, a veces, llega antes que la noticia, antes que el mensajero.

«Se nos fue la mano.»

Hasta la Costa da Morte llega el eco de la misma. En el Valle del Jerte, por ejemplo, espanta a los cerezos y en Riglos, un pueblo oscense, los buitres se santiguan.

«Se nos fue la mano.»

Hasta las cigüeñas que anidan en los tejados extremeños, hasta la espadaña de cierta ermita castellana en ruinas tiemblan al oírla.

«Se nos fue la mano.»

A tres jóvenes se les fue la mano y una mujer, que leía o decía en voz alta poemas de Amado Nervo y escribía cuentos cortos, ha muerto quemada en Barcelona. Han sido dos días de agonía en la unidad de quemados del hospital Vall d’Hebron. La quemaron en la oficina de una entidad bancaria, la Caixa. En uno de esos cubículos que llaman cajeros automáticos.

Tu cabellera es negra como el ala
del misterio; tan negra como un lóbrego
jamás, como un adiós, como un quién sabe.
Pero hay algo más negro aún: tus ojos.
Así sonaba Amado Nervo en la voz de la mujer quemada.

«Se nos fue la mano.»

Se les fue la mano y los tres jóvenes acusados ignoran lo que es la muerte lenta. O la tortura. Ignoran que la epidermis es la capa superficial cutánea que nos protege de las agresiones microbianas. Ignoran que la dermis, la capa profunda cutánea, nos defiende de las agresiones mecánicas y, entre otras cosas, facilita la elasticidad. Los tres jóvenes ignoran que la epidermis se regenera y la dermis, no. Ignoran lo que es una unidad de quemados. Todo terrorista, todo causante de haber quemado voluntariamente a alguien, debería ser obligado a pasar unos días en una de esas unidades. En las mismas, cuando llega un quemado, la urgencia es más urgente, huele más a urgencia. Cuando llega un quemado a esas dependencias hospitalarias todo adquiere el más desenfrenado de los ritmos y el dolor duele más porque ese dolor, la carne viva, no soporta el más mínimo roce con nada. Es tanta la tensión que se vive en las unidades de quemados que, después de la primera jornada transcurrida en una de ellas, algunos médicos y enfermeras comprueban que la tensión pasada les ha procurado unas insólitas e inesperadas hemorroides.

Cuando Félix Riera, mi editor, me habló de la posibilidad de escribir sobre lo ocurrido con María del Rosario Endrinal Petit le propuse que quizá a esa mujer, quemada viva en una oficina de la Caixa, a esa mujer que leía en voz alta poemas de Amado Nervo y escribía cuentos cortos, había que situarla en una noche más ancha de miedos. Una noche donde algunos jóvenes afirman que las palabras ya no sirven para nada. Félix aceptó la sugerencia y yo salí a la calle para observarla y escucharla mejor. Observarla y escucharla a lo ancho. La noche, esa larga noche del trago y la pastilla. La noche, esa larga noche que el indigente teme y por eso aún abusa más del cartón, ese vino bronco que le ayuda a olvidar que huele mal. Ese vino que también le quita las ganas de comer.

Mi compinche Mateo Seguí, abogado penalista, me echó una mano y, gracias a él, pude conocer a un personaje fascinante, caótico y luminoso, a quien en esta crónica nocturna del miedo se le llama La Calle. Fue lo acordado con él, con La Calle, un ciudadano barcelonés que conoce, por oficio, al delincuente y la cárcel y que sobrevive o va suicidándose desde hace doce años en las calles de Barcelona. Lleva demasiado vino y decepción en las venas, pero su talento sigue casi intacto. Si alguien cree que se trata de un personaje inventado no seré yo quien pierda el tiempo intentando demostrar que existe.

-En realidad soy un invento. Me invento cada día, cuando al despertar del poco sueño que ya me queda, compruebo que aún no me ha matado alguien.

Los hechos no son como ocurren o suceden sino como nos los cuentan los medios de comunicación y algún que otro zascandil. Los hechos son como nos los cuentan los medios de comunicación o, mejor, como nos los van contando. Por eso he recurrido a ellos. Soy periodista -así lo creo- y por eso les he robado sus carteras a algunas compañeras y compañeros que entrevistaron a personas que tuvieron que ver con María del Rosario Endrinal o con temas relacionados con los jóvenes y la violencia. También le robé una charla pública a Salvador Busquets, director de la Fundación Arrels. No les he pedido permiso, pero a todos esos compañeros y compañeras los cito con sus nombres y apellidos. Una cosa es ser un ladrón y otra ser un ladrón mal educado. También cito a los medios. Por supuesto. Me satisface poder hacer lo que es simplemente justo o profesional, que es lo que no siempre han hecho o siguen haciendo algunos colegas con mi cartera.

Parte de las entrevistas -las que he robado a algunas compañeras y compañeros- aparecen cronológicamente porque fue así, con sus contradicciones, día tras día y a través de los medios de comunicación, como nos fuimos enterando de quién fue aquella mujer que se enamoró de un francés. Una mujer a quien le gustaba la ropa de marca y que decía en voz alta poemas. Sobre todo los del poeta mexicano Amado Nervo, aquel que supo describir el rayo azul que suicidó a su hermano.

En determinada novela, Simenon escribe que la madre de la mujer asesinada se presenta con su joven nieta en la comisaría de policía y le dice al comisario Maigret lo siguiente:

-Lo que escriben en los diarios de mi hija es falso. Mi hija no era así. Mi hija era una buena chica.

Maigret se saca la pipa de la boca, mira a la niña huérfana, posa su mano sobre el hombro de la abuela, y le dice:

-Los periodistas son una raza extraña.

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El periodista Arturo San Agustín, ayer, en Ciutat Vella.
http://www.esferallibres.com/pdfs/vanguardia_charo.pdf

XAVIER CERVERA
Acabar en la calle
Arturo San Agustín escribe sobre la mendiga quemada en un cajero.-
ENRIQUE FIGUEREDO.
Barcelona.
Todos podemos acabar en la calle. Se puede terminar allí por un despido, un divorcio o
una enfermedad mental no descubierta nunca por la familia”. El periodista Arturo San
Agustí, autor del libro "La noche que quemaron a la mendiga," hablaba así de la certeza
que dice tener asumida de que cualquiera puede acabar viviendo como lo hizo María
del Rosario Endrinal, la indigente a quien en diciembre del 2005 tres jóvenes rociaron el
cuerpo con disolvente dentro de un cajero automático y le prendieron fuego.
Las personas que viven en la calle no lo hacen porque nacieran allí, sostiene el autor, sino
porque algo les llevó a esa situación, circunstancias que casi nunca son las historias
novelescas que el escritor o el periodista pretende encontrar detrás de los que
duermen al raso junto a un cartón de vino. “Rosario era una secretaria de alta dirección, pero no una gran dama de Barcelona”, explica San Agustín. Pese a ello,los motivos que llevaron a esta mujer de 50 años a vagabundear sí tienen una motivación tan romántica como a la postre trágica: acabó en la calle por un desengaño amoroso.
Joaquim Roglan, periodista y profesor de la Universitat Ramon Llull, dijo ayer, en labores de presentador del libro, que la obra de San Agustín es una investigación acerca de la condición humana y la describió comoun libro “sobre amor y desamor hasta la muerte”.
“Se aprende periodismo, pero también se aprende sobre la vida”, dijo Roglán acerca de La noche que quemaron a la mendiga.
Ante un auditorio mayoritariamente compuesto por universitarios, San Agustín explicó que había contado con una fuente privilegiada de la calle, un abogado que acabó viviendo de la mendicidad,
que más que aportarle mucha información le ayudó a saber qué debía preguntar para conformar su historia ahora publicada por la editorial La Esfera de los Libros. Durante la redacción del libro
descubrió que los indigentes “agradecen que se hable con ellos mucho más que los euros que puedas darles”. Explicó que el truco escogido para  iniciar una conversación con un mendigo solía ser: “¿Sabe dónde hay una farmacia?”.
El autor reconoció que se fijó mucho más en la víctima que en la vida de los tres
 jóvenes que la mataron.
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SINOPSIS:
«Ahora ya sé que, en la calle, en la larga noche del miedo, lo que más necesitan aquellos que sobreviven o agonizan en la misma es que hablemos.»
Arturo San Agustín

Tres jóvenes, uno de ellos menor de edad, han sido detenidos acusados de la muerte de una indigente a la que prendieron fuego tras rociarla con un disolvente en un cajero automático donde dormía, en el distrito barcelonés de Sarrià-Sant Gervasi de Barcelona.

Según ha informado hoy la policía autonómica, los hechos sucedieron en la madrugada del pasado viernes cuando dos de los jóvenes accedieron al cajero automático situado en el número 28 de la calle Guillem Tell de la capital catalana y golpearon e insultaron a la indigente María Rosario E. P., de 50 años, que pernoctaba en el cajero.

La filmación de la caja de seguridad grabó la entrada y salida del cajero de los presuntos asesinos, lo que ha permitido la detención hoy de los acusados, que son Ricard P. B., de 18 años, nacido y vecino de Barcelona, Oriol P. S., de 18 años, nacido también en Barcelona, pero domiciliado en Zaragoza, y Juan José M. R., de 16 años y con residencia en la capital catalana.

La brutalidad del crimen, cuyos detalles no han sido recogidos por la filmación de seguridad ya que la cámara apuntaba sólo a la entrada, relata un incomprensible suceso de violencia gratuita que tres jóvenes cometieron «quizá con el único ánimo de divertirse», según fuentes próximas a la investigación.
EFE Barcelona

Acogida del libro
  • Víctima del amor y del fuego ("El Mundo")
  • La verdad de la calle 1 | y 2 (El Periódico de Catalunya")



    Comentarios

    No he leido el libro, si bien os dire que me impacto muchisimo ese hecho. Despues de la primera impresion de horror, empece a plantearme cosas tales... como acabo esa mujer en la calle?, donde estaba su familia.. la asistencia social, los medicos.. los amigos, los contactos. Era una persona cuya vida no era precisamente corta en recursos, para ser secretaria de alto nivel se manejan muchos. Su ritmo de vida no esta cercano ni de lejos a la miseria y a la falta de espiritu. Me pregunte.. como puede ser que una persona asi, acabe en la calle. Si, cualquiera puede acabar asi.. pero yo me pregunto.. como es posible? De que narices sirve vivir en sociedad con tantisimos recursos humanos y sociales. Es la leche, no entiendo nada. No esta todo cubierto? Que hacen esos estamentos de bienestar social que tanto postin se dan. Como es que existen mendigos en nuestras calles? No se como se habra enfocado ese libro, tengo muchas ganas de leerlo, quiero saber,si hay alguien que se haya dado cuenta de que es muy grave ..muchisimo, que cualquiera pueda acabar en la calle, en una ciudad de un pais, que se jacta de ser altamente solidario con el mundo, mientras se matan quemados en un cajero automatico a personas del pais, que.. a pesar de la solidaridad con los de afuera, viven en la calle, sin recursos.. Me muero de verguenza, de pena y de rabia por darme cuenta de algunas cosas. Esta, es una buena ocasion para reivindicar un derecho, que entre todos pagamos, el derecho a vivir con dignidad en un pais libre.. (libre?)

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