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La extraña muerte de Juan Pablo I,LIBROS GRATIS (Jesús López)


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Jesús López Sáez
COMUNIDAD DE AYALA.ES
Página Web de Jesús López.
 





LA EXTRAÑA MUERTE DE JUAN PABLO I


Fue el 29 de septiembre de 1978. Albino Luciani, papa Juan Pablo I, apareció muerto en
 su cama, cuando llevaba sólo 33 días de pontificado. Según el comunicado oficial,
murió de un infarto agudo de miocardio. Sin embargo, la forma en que se encuentra el
cadáver no responde al cuadro típico del infarto: no ha habido lucha con la muerte,
tiene unas hojas de papel en las manos, como si aún leyera.
Aunque oficialmente se negó, un benedictino que trabajaba en la Secretaría de Estado dio a
conocer a Giovanni Gennari, el mismo día de la muerte, que hubo autopsia. Por ella se supo
que murió por la ingestión de una dosis fortísima de un vasodilatador, que en la tarde anterior
habría recetado por teléfono su médico personal de Venecia.
En realidad, nunca me creí (y así lo manifesté) que el Dr. Da Ros, médico personal del
 papa Luciani, hubiera recetado una medicina contraindicada. Pero sólo él podía desmentir
algo que tan directamente le afectaba. Pues bien, en 1993, tras quince años de silencio,
el Dr. Da Ros declaró que Juan Pablo I estaba bien de salud y que aquella tarde no le
recetó nada.
Juan Pablo I había tomado decisiones importantes y arriesgadas. Por ejemplo, terminar
con los negocios vaticanos, cortar la relación del Banco Vaticano con el Banco Ambrosiano,
destituir al presidente del Banco Vaticano (Marcinkus), hacer frente a la masonería y a la mafia.
Todo esto se ha intentado ocultar. Sin embargo, tiene relevancia judicial. Desde la primera
 investigación (Yallop, 1984) las mayores sospechas recaen en la desaparecida logia
Propaganda Dos (P2), aunque hubiera colaboración interna dentro del Vaticano. El Banco
 Vaticano tuvo que pagar por la responsabilidad contraída en la quiebra del Ambrosiano más
 240 millones de dólares. En el juicio por la quiebra, que concluye en 1992, las mayores
condenas caen sobre los jefes de la logia P2. Sorprende la serie de asesinatos y atentados
 violentos relacionados de una u otra forma con la P2, con la mafia, con el Ambrosiano,
con el Banco Vaticano (Ambrosoli, Alessandrini, Calvi, Sindona, Pecorelli...),
sin olvidar el atentado contra Juan Pablo II, la desaparición de Emanuela Orlandi
(hija de un empleado vaticano) y el triple crimen de la Guardia Suiza.
La figura de Juan Pablo I ha sido distorsionada como la de un hombre enfermo no
capacitado para ser papa. Sin embargo, don Germano Pattaro, sacerdote veneciano
que Albino Luciani se llevó a Roma como consejero, dejó en su momento un testimonio
 fundamental sobre el papa desaparecido: “estaba en el camino de la profecía”, lo que
significa hablar y actuar en nombre de Dios.
Además, don Germano atestigua algo realmente sorprendente, que también tiene relevancia
judicial: Juan Pablo I sabía a los pocos días de pontificado quién iba a ser (y, además pronto)
 su sucesor. Ciertamente, es la crónica de una muerte anunciada. Su caso está abierto en la
 Fiscalía de Roma.
Casi tres horas después del hallazgo del cadáver, el Vaticano dio el siguiente comunicado oficial:
"Esta mañana, 29 de septiembre de 1978, hacia las cinco y media, el secretario particular del
Papa, no habiendo encontrado al Santo Padre en la capilla, como de costumbre, le ha buscado
 en su habitación y le ha encontrado muerto en la cama, con la luz encendida, como si aún
leyera. El médico, Dr. Renato Buzzonetti, que acudió inmediatamente, ha constatado su
 muerte, acaecida probablemente hacia las 23 horas del día anterior a causa de un infarto
 agudo de miocardio".
Realmente, pocas cosas quedan en pie de las afirmadas en dicho comunicado. Sólo una:
se le encontró muerto en la cama, con la luz encendida, como si aún leyera.
 No fue el secretario, sino una religiosa quien encontró muerto a Juan Pablo I.
 La forma en que se encuentra el cadáver no encaja con el cuadro típico del infarto:
 todo está en orden, no ha habido lucha con la muerte. La hora de la muerte ha sido anticipada.
 Según diversas fuentes, el papa murió en la madrugada del día 29.
De forma tajante, el cardenal Oddi, que asistió al cardenal Villot durante el periodo de sede
 vacante, afirmó que no habría investigación alguna: "He sabido con certeza que el Sagrado
Colegio cardenalicio no tomará mínimamente en examen la eventualidad de una investigación
 y no aceptar el menor control por parte de nadie y, es más, ni siquiera se tratará de la cuestión
 en el colegio de cardenales”.
Hallazgo del cadáver:
Camilo Bassotto, testigo principal de la fuente veneciana, me dio esta versión del hallazgo
 del cadáver, la versión que le dio la religiosa que lo descubrió:
"Hablé en dos ocasiones con sor Vincenza. La primera, con la provincial delante.
 La segunda, a solas. En esta ocasión, sor Vincenza se echó a llorar desconsoladamente.
 Yo no sabía qué hacer. Sor Vincenza me dijo que la Secretaría de Estado le había intimidado
 a no decir nada, pero que el mundo debía conocer la verdad. Ella se consideraba liberada
 de tal imposición en el momento de su muerte (ya acaecida, en 1983).
 Entonces podría darse a conocer. Según sor Vincenza, el Papa estaba sentado en la cama,
 con las gafas puestas y unas hojas de papel en las manos. Tenía la cabeza ladeada hacia
la derecha y una pierna estirada sobre la cama. Iniciaba una leve sonrisa. La frente la tenía tibia.
 Cuando Diego Lorenzi, sor Vincenza y otra religiosa fueron a lavar el cadáver, al volverle,
tenía la espalda también tibia. El Papa pudo morir entre la una y las dos de la mañana".
Diego Lorenzi, secretario de Juan Pablo I, vio así el cadáver: "Tenía dos o tres almohadones a
 la espalda. La luz de la cama estaba encendida. No parecía que estuviera muerto.
Y las hojas de papel estaban completamente derechas. No habían resbalado de sus manos
ni habían caído en el suelo. Yo mismo cogí las hojas de su mano".
El Dr. Francis Roe, que fue jefe de cirugía vascular en el Hospital London de Connecticut,
dice que hay algo verdaderamente sospechoso en la forma en que se encuentra el cadáver
 de Juan Pablo I:
"Los cuerpos muertos no están sentados sonriendo y leyendo. Conozco gente que muere
durante el sueño, pero no conozco de nadie ni he visto morir a nadie en medio de una actividad
 como la lectura. Realmente, encuentro difícil creer que estuviera leyendo en el momento justo
anterior a su muerte. Pienso que habría tenido tiempo suficiente para notar que algo estaba
pasando. Habría sentido seguramente un dolor, y habría hecho algún esfuerzo para respirar,
o para salir de la cama y pedir auxilio... He visto muchas muertes de esta clase, pero nunca
he conocido a nadie que muriese sin inmutarse ante lo que le estaba pasando”.
Por su parte, el Dr. R. Cabrera, forense del Instituto Nacional de Toxicología, afirma lo
 siguiente: "La forma en que se encuentra el cadáver no responde de suyo al cuadro propio
del infarto de miocardio: no ha habido lucha con la muerte. No existe otra sintomatología que
 lo delate... El cuadro encontrado podría responder mejor a una muerte provocada por
sustancia depresora y acaecida en profundo sueño".
Juan Pablo I estaba bien:
En agosto de 1993, me llamó Andrea Tornielli , de la revista 30 Giorni, de Comunión y
Liberación. Estaban preparando un número dedicado a Juan Pablo I . Entre otras cosas,
me preguntó sobre la salud de Luciani .
Juan Pablo I, respondí, estaba bien de salud. Su muerte fue totalmente inesperada.
 Cuando su secretario Diego Lorenzi le comunicó la noticia, su médico personal no se lo
 podía creer. El Dr. Da Ros “le había visitado el domingo anterior y le había encontrado
 con muy buena salud”.
El propio Lorenzi dio este testimonio sobre la salud de Luciani: “Puedo decir que en los
26 meses que yo he estado con él, Luciani no ha pasado nunca 24 horas en cama,
no ha pasado nunca una mañana o una tarde en cama, no ha tenido nunca un dolor de
 cabeza o una fiebre que le obligase a guardar cama, nunca. Gozaba de una buena
salud; ningún problema de dieta, comía de todo cuanto le ponían delante, no conocía
problemas de diabetes o de colesterol; tenía sólo la tensión un poco baja”.
Tornielli me preguntó también sobre los hechos que se desarrollaron aquella tarde en el
 Vaticano. Le comenté el testimonio de Gennari , que fue profesor del Seminario Diocesano
 de Roma. Según Gennari, a Juan Pablo I “ se le hizo la autopsia” y “por ella se supo que
 había muerto por la ingestión de una dosis fortísima de un vasodilatador recetado por
 teléfono por su ex médico personal de Venecia”.
En mi opinión, le dije, es muy posible que a Juan Pablo I s e le hiciera la autopsia.
 Ello concuerda con lo que dice Lorenzi a Cornwell : “El primer día retiraron partes del cuerpo,
 posiblemente las vísceras, etc”. Obviamente, esto se podría confirmar por la apertura de
archivos secretos o por la exhumación del cadáver. Es también posible que muriera por
 la ingestión de un vasodilatador. Es una medicina contraindicada para quien tiene la tensión baja.
 Ello encajaría con la forma en que se halla el cadáver: no ha habido lucha con la muerte, como corresponde a una muerte provocada por sustancia depresora y acaecida en profundo sueño.
Sin embargo, le dije también, no me puedo creer que el Dr. Da Ros , médico personal del
papa Luciani , recetara por teléfono una medicina contraindicada: él podría desmentir algo
 que tan directamente le afecta.
Unos días después, me volvió a llamar Tornielli . Estaba especialmente interesado en la
 cuestión de si el Dr. Da Ros había visitado a Juan Pablo I unos días antes de morir.
Le dije que diversas fuentes coincidían en ello, aunque -claro- nadie mejor que el propio
 doctor para precisar estos extremos. Pero llevaba quince años de silencio...
Al final, salió el número de 30 Giorni. Apenas se publicó nada de la entrevista que se me hizo.
Sin embargo, el número presenta una aportación fundamental. El Dr. Da Ros rompe su silencio
 para decir, entre otras cosas, que el papa estaba bien y que aquella tarde no le recetó
 absolutamente nada: “Todo era normal. Sor Vincenza no me habló de problemas particulares.
 Me dijo que el papa había pasado la jornada como acostumbraba. Luego nos pusimos de
 acuerdo para la próxima visita, que era para el miércoles siguiente”, “a quella tarde yo no
 le prescribí absolutamente nada, cinco días antes lo había visto y para mí estaba bien.
 Mi llamada fue rutinaria, nadie me llamó a mí”.
Comentando estas cosas, me dijo Camilo Bassotto: “Juan Pablo I pensaba seguir con
el Dr. Da Ros como médico personal y pensaba incluirle en nómina dentro del Vaticano”,
 “el Dr. Da Ros fue ignorado como médico personal de Juan Pablo I por los médicos del
 Vaticano”, “ni siquiera quisieron conocer su historial clínico”.
Por tanto, con este extraño modo de proceder, se emitió el diagnóstico oficial sobre
 la muerte del papa Luciani .
Una dosis letal:
En junio de 1998, en Roma, pude hablar con Giovanni Gennari , que ahora es periodista
 en el servicio de prensa de la RAI, la televisión italiana. Gennari conocía personalmente a
 Luciani y era amigo de don Germano Pattaro , teólogo veneciano que Juan Pablo I
 se llevó a Roma como consejero.
Gennari me confirmó lo publicado por él, o sea, que se le hizo la autopsia al papa Luciani
 y que “por ella se supo que había muerto por la ingestión de una dosis fortísima de un
 vasodilatador recetado por teléfono por su ex médico personal de Venecia”, que
“el papa a las diez y media de la noche hizo abrir la farmacia vaticana”, que
 “el papa debió equivocarse y tomó una dosis altísima que le provocó un infarto fulminante”.
Le pregunté que si su fuente era fiable. Me dijo: “Para mí es totalmente fiable.
 Me llamó a las siete de la mañana un benedictino que trabajaba en la secretaría de Estado
 con Benelli ”. Benelli fue Sustituto de la Secretaría de Estado antes de ser enviado a
Florencia como arzobispo y ser nombrado cardenal, en junio de 1977.
Nunca he creído, le dije a Gennari , que el médico personal de Juan Pablo I, el Dr.
Da Ros , le recetara una medicina contraindicada. Le dije también que el Dr. Da Ros
se había manifestado al respecto en septiembre del 93: el papa estaba bien y aquella tarde
 él no recetó nada.
Comenté estas cosas con Marco Melega, conocido profesional de la televisión italiana,
que preparaba por entonces un programa de la RAI 2 (Mixer, 14-3-1994) sobre Juan Pablo I.
 Utilizó como base mi libro "Se pedirá cuenta" (1990). Lo tenía totalmente subrayado.
 Me dijo que Gennari, a quien había entrevistado recientemente, valoraba especialmente
mi libro. En él, como es sabido, no comparto la idea de que “el papa debió equivocarse”,
hablo de muerte provocada en el momento oportuno.
En Roma pude hablar también, en la Farmacia Vaticana, con un hermano de San Juan de Dios,
José Luis Martinez Gil. Me dijo lo siguiente : “De la Farmacia no salió nada en todo el mes
para Juan Pablo I”, “el libro de la Farmacia no se puede ver, sin un permiso especial de la
 Secretaría de Estado”. Mi interlocutor lo había visto.
Como en otros viajes, me acompañó un matrimonio de la comunidad, Carlos y Carolina.
 Para que lo conocieran, nos acercamos al Colegio Español, donde residí del 65 al 69 y
donde fui ordenado sacerdote. Saludamos al actual rector, Lope Rubio , que nos atendió
 amablemente. Estando allí nosotros (ciertamente, llama la atención) apareció un momento
para despedirse del rector el entonces obispo de Tarazona, Carmelo Borobia. El obispo
 (¡además!) aparece en el Anuario Pontificio (1977, 1978), que consultamos a continuación
 en la Biblioteca del Colegio. Borobia trabajaba entonces en la Secretaría de Estado.
 En la misma página aparece un benedictino (olivetano), el único benedictino que figura
dentro del personal de la Secretaría de Estado: se llama Giuliano Palmerini . No sé si después
de tantos años, alguno de los dos tendrá algo que decir. Aún están a tiempo.
Con todo ello, se refuerza la hipótesis de que efectivamente se le hiciera la autopsia a
Juan Pablo I y de que, según la misma, muriera por la ingestión de una dosis fortísima de
 un vasodilatador. Ahora bien, si - como creemos - su médico personal no recetó nada
aquella tarde y la farmacia vaticana no despachó nada, no se puede explicar todo por un
 error, como afirma Gennari . Hay que pensar en una acción criminal. Lo dijo el Dr. Cabrera ,
 del Instituto Nacional de Toxicología: “Los vasodilatadores producen hipotensión.
¿Cómo se le pudo dar un vasodilatador a un hipotenso, como Luciani . Si se le dio
 un vasodilatador, no me cabe duda, eso es una acción criminal”. Además, ello encaja
 con la forma en que se encuentra el cadáver: no ha habido lucha con la muerte, todo
está en orden.
La revista alemana Der Spiegel, con fecha 10 de noviembre de 1997, en un artículo que
 lleva por título “Cantidad letal” hace referencia a un misterioso testigo que finalmente
 ha decidido declarar sobre el asesinato del papa Luciani: “La fiscalía de Roma ha
ordenado ahora una nueva investigación sobre aquel misterioso caso de muerte.
 No es la primera vez que los fiscales investigan sobre el caso del papa Luciani.
Ahora un testigo misterioso sostiene que hace años llegó a saber por un conocido
detalles que se refieren al homicidio del popular pastor de la Iglesia. Que el hombre
sólo ahora se haya hecho vivo en los palacios de justicia probablemente tiene que ver
 con una serie de artículos aparecidos en el periódico La Padania... El fiscal Pietro
 Saviotti, que ha reabierto el caso de la muerte del papa en 1978, no quiere decir nada
sobre las declaraciones del misterioso testigo: Sería demasiado pronto”.
Había tomado decisiones importantes
Un testimonio fundamental es dado once años después de los hechos por la llamada
persona de Roma, que, con fecha de 14 de mayo del 89, fiesta de Pentecostés,
 y firmada a mano, envía a Camilo Bassotto una carta con unos apuntes.
 Entre otras cosas, dice: “Los apuntes que le adjunto son para usted. Había pensado
 tenerlos para mí. Me vino también la idea de publicarlos, pero el puesto que ocupo
no me lo permite, al menos por ahora. El papa Luciani me gratificaba con su benevolencia
 y, me atrevo a esperar, también con su estima. Por qué quiso hacerme partícipe de
 algunos pensamientos expresados por él al cardenal Villot , no lo sé. Ellos constituyen
 un auténtico compromiso, vivo y presente en su corazón hasta el último día. Yo sostengo
que se debe hacer justicia y dar testimonio de Juan Pablo I” .
He aquí algunos pensamientos que el papa Luciani llevaba en el corazón y que, además,
quería que fueran conocidos. Juan Pablo I pensaba, entre otras cosas:
destituir al presidente del IOR (Instituto para Obras de Religión, Banco Vaticano) y reformar
 íntegramente el mismo, para que no se repitan experiencias dolorosas del pasado,
 que el papa Luciani sufrió ya de obispo y que de ningún modo quiere que se repitan
siendo papa.
Tomar abierta posición, incluso delante de todos, frente a la masonería y la mafia.
Como consta en el documento de la persona de Roma, Juan Pablo I era consciente
del riesgo que corría. Dijo al cardenal Villot : “Eminencia, usted es el Secretario de
 Estado y es también Camarlengo de la Santa Romana Iglesia, usted sabe mejor que nadie
 que el papa tiene que actuar con prudencia y con paciencia, pero también con coraje y
confianza. El riesgo lo ponemos todo en las manos de Dios, del Espíritu Santo y de Cristo
 Señor. Estos pensamientos que le confío, de momento brevemente, los llevo muy en el
 corazón. Usted me ayudará a realizarlos de forma adecuada”.
Juan Pablo I, con firmeza ya demostrada en asuntos semejantes, quería poner orden en las
 finanzas vaticanas. Para ello pensaba destituir al obispo Paul C. Marcinkus , presidente
del IOR, Instituto para las Obras de Religión, llamado también Banco del Vaticano.
 Una tarde, el secretario de Estado cardenal Villot le habló del IOR en estos términos:
 “El IOR es una piedra caliente que abrasa en las manos de todos. Alguno corre el riesgo
 de quemarse”. Juan Pablo I le dijo claramente: “En cuestiones de dinero la Iglesia debe
ser transparente, debe obrar a la luz del sol. Va en ello su credibilidad. Se lo digo también
 a usted. La Iglesia no debe tener poder, ni debe poseer riquezas”.
Le dijo también Luciani a Villot: “El presidente del IOR debe ser sustituido: cuando usted
lo juzgue oportuno. Deberá hacerse de modo justo y con respeto de la dignidad de la
 persona. Un obispo no puede presidir y gobernar un banco. Aquella que se llama sede
 de Pedro y que se dice también santa, no puede degradarse hasta el punto de mezclar
 sus actividades financieras con las de los banqueros, para los cuales la única ley es el
beneficio y donde se ejerce la usura, permitida y aceptada, pero al fin y al cabo usura.
 Hemos perdido el sentido de la pobreza evangélica; hemos hecho nuestras las reglas
del mundo. Yo he padecido ya de obispo amarguras y ofensas por hechos vinculados
 al dinero. No quiero que esto se repita de papa. El IOR debe ser íntegramente reformado”.
De tiempo atrás, la relación de Marcinkus con Luciani era tensa. Marcinkus no había
recibido bien la elección del nuevo papa. Luciani lo sabía. Le dijo a Villot :
“Alguno aquí, en la ciudad del Vaticano, ha definido al papa actual como una figura
 insignificante. No es un descubrimiento. Siempre lo supe y nuestro Señor antes que yo.
 No fui yo quien quiso ser papa. Yo, como Albino Luciani, puedo ser una zapatilla rota,
pero como Juan Pablo es Dios quien actúa en mí. Siento que necesitaré mucho coraje,
mucha firmeza, gran humildad, mucha fe y mucha, mucha caridad. Un obispo, alto y robusto,
 siempre de esta casa, ha declarado que la elección del papa ha sido un descuido del
Espíritu Santo. Puede ser. No sé entonces cómo ha ocurrido que más de cien cardenales
 han elegido a este papa por unanimidad y con entusiasmo”.
Juan Pablo I pensaba tomar abierta posición, incluso delante de todos, frente a la masonería
 y frente a la mafia. En el informe de la persona de Roma esta posición del papa aparece a
 continuación, después de hablar de la destitución de Marcinkus y de la reforma integral
del IOR. Le dijo a Villot : “No se olvide que la masonería, cubierta o descubierta,
como la llaman los expertos, no ha muerto jamás, está más viva que nunca.
Como no ha muerto esa horrible cosa que se llama mafia. Son dos potencias del mal.
Debemos plantarnos con valentía ante sus perversas acciones. Debemos vigilar todos,
laicos, curas, y especialmente los párrocos y los obispos. Debemos proteger a las
 gentes de nuestras comunidades. Es un tema que un día afrontaremos con más claridad
delante de todos”.
Todavía no se había publicado la lista de la logia P2, que en Italia constituía un Estado
 dentro del Estado. Fue en mayo del 81 y su publicación provocó la caída del gobierno italiano.
 Pero, sobre su mesa de trabajo, tenía el papa Luciani una lista de presuntos masones vaticanos,
 elaborada por el periodista Mino Pecorelli , miembro arrepentido de la logia P2.
 Como es sabido, en el juicio por la quiebra del Banco Ambrosiano, las mayores condenas
caen sobre los jefes de la P2: 18 años y medio de cárcel para Licio Gelli y 19 para
Umberto Ortolani.
Estaba en el camino de la profecía :
Muy importante es el testimonio de don Germano Pattaro , sacerdote y teólogo veneciano,
 llamado por Juan Pablo I a Roma como consejero. Pertenece también a la fuente veneciana.
De su testimonio emerge la figura de un papa profeta, que quiere hablar y actuar en nombre
 de Dios: un papa que no quiere ser jefe de Estado, que no quiere escoltas ni soldados,
que se abandona totalmente al Señor, pase lo que pase; un papa que quiere la renovación
de la Iglesia, sin olvidar las razones profundas que hicieron necesario el Concilio;
un papa que no quiere gobernar solo, sino con los obispos; un papa que pide perdón
 por los pecados históricos de la Iglesia, como la Inquisición, el poder temporal de los papas,
el odio a los judíos y la tolerancia ante las masacres de los indios, el racismo y las
deportaciones de los pueblos africanos; un papa que reivindica la figura profética de
quienes valientemente denunciaron el genocidio de aquellos pueblos; un papa que quiere hacer
 justicia a todos aquellos que en tierras de misión, en el Este y en América Latina, han sido
encarcelados, torturados, exiliados o asesinados por causa de Cristo; un papa que denuncia
fuertemente el sistema económico internacional; un papa que se pone al lado de quienes,
de cualquier raza y religión, defienden los sacrosantos derechos del hombre;
 un papa que quiere promover en el Vaticano un gran instituto de caridad, donde poder
 hospedar a quienes duermen por las calles; un papa que quiere diez discursos menos
 y un testimonio más; un papa que sabe, a los pocos días de pontificado, quién será
(y, además, pronto) su sucesor; un papa que no se deja intimidar, a pesar de las dificultades
 encontradas.
Don Germano tuvo tres diálogos con Juan Pablo I: “El papa Luciani me hablaba con pleno
dominio de sus pensamientos. Se veía que los tenía en el corazón. Formaban parte del
patrimonio de sabiduría que había heredado del Concilio. Estaba en el camino de la profecía..
. Sabía que estaba en el surco bueno del Concilio y quería dar pruebas de ello.
Vi al papa Luciani sereno, en paz, firme y decidido en sus propósitos. Tenía plena conciencia
de ser él el papa”.
Muerte anunciada:
Con fecha 12 de septiembre de 1978, el periodista Mino Pecorelli publicó en su revista
OP (Osservatore Político) un artículo titulado La gran logia vaticana. En él se decía que
 el 17 y el 25 de agosto la agencia de prensa Euroitalia había dado los nombres en código,
el número de matrícula y la fecha de iniciación a la masonería de cuatro cardenales
 considerados papables: Baggio , Pappalardo , Poletti , Villot.
“ Nos hemos hecho, decía Pecorelli, con una lista de 121 masones:
cardenales, obispos y altos prelados indicados por un número de matrícula y nombre
 codificado. Ciertamente, la lista puede ser apócrifa, incluso la firma de un cardenal hoy
puede ser falsificada”. En cualquier caso, “el papa Luciani tiene ante sí una difícil tarea y una
 gran misión. Entre tantas, la de poner orden en las alturas del Vaticano” .
En el mismo número de OP, Pecorelli proponía a sus lectores la extraña historia de un
papa laico, Petrus Secundus, que muere asesinado tras un breve y tempestuoso pontificado.
 El papa “es periodista en un diario”. El obispo Luciani había confesado en una entrevista:
 “Si no hubiera sido obispo, hubiera querido ser periodista”. Además, se hicieron famosos
sus artículos en la revista Mensajero de San Antonio (Padua) y en el diario Il Gazzettino de
 Venecia.
El nuevo papa “toma el nombre de Pedro Segundo sólo porque rechaza cambiar de nombre,
 así como rechaza también aspectos importantes de la Iglesia que, forzado por las circunstancias,
 ha aceptado dirigir. Breve y tempestuoso es el pontificado de este papa que terminará
asesinado por obra de fuerzas políticas adversas, alarmadas por sus denuncias”.
Su elección, dice Pecorelli, se produce “por aclamación y por mayoría casi unánime”,
como sucedió con Juan Pablo I. Pues bien, en la inauguración del pontificado, dijo el
nuevo papa Pedro Segundo:
“La elección de un laico al papado es un hecho insólito en los tiempos recientes, dijo el papa.
 A mí el acontecimiento me ha caído encima de improviso, dejándome turbado y lleno
 de aprehensión. Lo estoy todavía y a veces me pasa que me considero la víctima de un acto
 del cual sin embargo se me ve protagonista”.
The son of a bitch is fishing for solidarity, dijo en la Casa Blanca el presidente que seguía
el discurso con sus consejeros.
“Pero vamos al grano, dijo el papa, pienso que ningún rey, ningún presidente, ningún
emperador y ningún papa tienen derecho a comer si antes no han comprobado que
 todos sus súbditos, ciudadanos y seguidores pueden hacerlo...El presidente, el papa
no podrán enviar embajadores ante los poderosos de la tierra si antes no han enviado
 sus mensajeros ante aquellos que sufren injusticia, que padecen tiranía, que gimen en
las cadenas de las muñecas y de las mentes”.
“Está loco como Cristo y es tan peligroso”, dijo el presidente del Consiglio italiano,
“en las próximas elecciones perderemos cuatro millones de votos”.
“Y ahora basta de palabras, concluyó el papa. El tiempo apremia y debemos pasar a los
 hechos. De todo corazón, os agradezco que me hayáis escuchado”.
“La Iglesia se está hundiendo, dijo furioso un cardenal conservador, y pierde toda influencia.
La gente no cree ya en nada, y ahora ni el papa da ejemplo”.
El papa decidió comenzar un trabajo en el que había pensado a menudo desde los
 primeros días: “Se trataba de un trabajo ímprobo y lleno de peligros: hacer el censo de las
 riquezas de la Iglesia. No se trataba sólo de saber lo rica que era, sino de dividir lo que era
fácilmente enajenable de lo que no lo era. La idea de Pedro era usar el beneficio para ciertos
 fines, a su parecer esenciales”.
Como queda dicho, el nuevo papa es asesinado “tras un breve y tempestuoso pontificado”.
Todo esto lo publica Pecorelli diecisiete días antes de la extraña muerte del papa Luciani.
Es, justamente, la crónica de una muerte anunciada.
Dos semanas después, el 26 de septiembre, Pecorelli publica el artículo titulado
 Santidad, ¿cómo está? Pregunta enigmáticamente por la salud del papa Luciani y habla de
 la reacción que suscitan los cambios que pensaba hacer: “Hoy en el Vaticano muchos
 tiemblan, y no solamente monseñores y sacerdotes, sino también obispos, arzobispos y
cardenales”.
Pecorelli , que tuvo estrechos contactos con los servicios secretos italianos, anunció de
diversas maneras el trágico destino de Aldo Moro, presidente de la DC y artífice del nuevo
gobierno italiano, en el que por primera vez el partido comunista italiano llegaba al poder .
 Fue también en 1978, “el año de Europa”, que para el secretario de Estado norteamericano
Henry Kissinger significaba situarse “en el contexto de la política americana”. El 16 de enero
de 1979 Pecorelli anunció nuevas revelaciones, pero dos meses después fue asesinado
de un tiro en la boca, por hablar.
Caso abierto:
Para el Vaticano la muerte de Juan Pablo I es un caso cerrado desde el primer día.
 Sin embargo, para muchos es un caso abierto, también para el magistrado italiano
 Pietro Saviotti, de la Fiscalía de Roma. El autor de estas líneas le ha enviado sus
dos libros (Se pedirá cuenta y El día de la cuenta), ofreciéndole los resultados de su
investigación y poniéndose a su disposición.
En el plano eclesiástico, se han dado los primeros pasos hacia el proceso de beatificación
del papa Luciani. Contradiciendo una tradición secular que se refiere a los papas, la causa
de beatificación no parte de Roma, sino de su tierra de origen, donde es recordado por
su “santidad ordinaria”. Es decir, el planteamiento es este: ¡qué bueno era! Sin embargo,
 hay que decirlo claramente, un proceso de beatificación que eluda el modo de la muerte
está viciado de raíz. Para nosotros, Juan Pablo I es mártir de la purificación y renovación
de la Iglesia.
El autor del presente artículo explica todo esto en su libro El día de la cuenta. Es sacerdote
 de la diócesis de Avila, aunque reside en Madrid. En 2002, el entonces obispo de Avila,
 Adolfo González, amenazó con retirarle las “licencias ministeriales” (sacerdotales) en cuanto
el libro saliera a la venta. Por este motivo, salió en forma de edición privada. Ahora acaba
de salir la edición pública (Meral Ediciones, 2005).

Jesús López Sáez



 




Comentarios

por que no responden las preguntas tanto misterio existe en cuanto a esa logia o como puedan decirlo no es justo que para mi hermano o para mi se les niegue el saber sobre algo que pueda suceder diariamente acaso pueden decir como es posible que alguien pueda explicarnos aunque sea por curiosidad de que se trata esto, cual es la ayuda o los beneficios de la misma,si es el desarrollo intelectual y espiritual como hacemos para entrar o unirse a ustedes dejen el misterio por favor miren que la sabiduria es compartida no sean egoistas gracias por su respuesta si es que desean realmente hacerlo mil gracias nuevamente

DESEO CONOCER TEMAS DE ESOTERISMO MISTICO, MASONERIA,ROSACRUCES Y GNOSTICISMO

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